Un estreno agotador

Ahora cuesta creerlo, pero el Tenerife no era en 1949 el mejor equipo de la Isla. Ese honor le correspondía al Real Hespérides, que se acabada de adjudicar el campeonato insular por tercera vez consecutiva. Y que con futbolistas como Cándido, Palma, Méndez o Anita se iba de gira a la Península y hasta tuteaba al Atlético de Madrid en el viejo Metropolitano, donde acabó cayendo por un ajustado tres-dos. Mientras, en la entidad blanquiazul, la obsesión de su recién reelegido presidente, Heliodoro Rodríguez López, era culminar las obras de remodelación del Stadium, factor que con el tiempo sería decisivo para que la entidad blanquiazul adquiriera la condición de representativo insular.

“No quisiera morirme sin ver terminado el estadio, que es herencia que hemos de dejar a nuestra ciudad y en manos de cuyas corporaciones ha de quedar en su día la obra para que la disfrute toda la sociedad tinerfeña”, dijo entonces en una frase que ahora se revela como premonitoria. El 3 de mayo de 1949 se dio un paso más hacia la culminación de esas obras con la inauguración de la Tribuna de Preferencia, en un acto en el que estuvo presente el presidente de la Federación Española de Fútbol, Armando Muñoz Calero, así como el gobernador civil, Carlos Arias Navarro, que con el tiempo se convertiría en presidente del Gobierno. Como invitado para la ocasión se contó con el Real Victoria, el campeón de Canarias.

Base de la UD Las Palmas, que nacería meses más tarde, el Victoria contaba en sus filas con Montes, Beneyto, Oramas o Tacoronte, que con el tiempo integrarían el equipo amarillo que ascendió a Primera División. Y también disponían de un joven extremo llamado Miguel González y que ese verano sería traspasado al Atlético de Madrid, donde triunfaría durante una década y sería conocido como Miguel 'el Palmero'. El Tenerife alineó ese histórico día a: Manolito; León, Llanos; Victoriano, Villar, García; Gaspar, Santacruz, Antonio, Nito y Peregrino. Y pese a su teórica inferioridad, le plantó cara al equipo grancanario, lo que acabó por entusiasmar a un público que “llenaba totalmente los nuevos graderíos y que premió a los jugadores locales con constantes ovaciones”.

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Formación del CD Tenerife del año 1949.

El partido fue intenso, sí, pero también interminable. Para conmemorar el acto, el Ayuntamiento de Santa Cruz quiso donar una preciosa copa al ganador del choque y éste necesitaba tener un vencedor. Y no lo había, pues el choque concluyó con empate a un gol, siendo Antonio el autor del tanto blanquiazul. Disputada una prórroga con dos tiempos de quince minutos, el gol de Santacruz fue también neutralizado por el Victoria, por lo que el 2-2 final obligaba a continuar jugando. Gaspar pudo dar la victoria a los locales al lanzar un penalti, pero lo envió de manera inocente a las manos del meta Montes. Y por ello se empezó a disputar entonces una prórroga bajo el sistema de muerte súbita.

Por suerte para los agotados espectadores, esta segunda prórroga sólo duró diez minutos, pues el interior grancanario Peña estableció el 2-3 definitivo, ya a los 130 minutos de encuentro, al enganchar un gran disparo desde fuera del área. El Tenerife se quedó sin copa, pero podía presumir de Stadium.