Cabaiguán, la octava isla canaria de principios del siglo XX

paseo ydelgación canaria
Paseo y última sede de la Delegación canaria| CEDIDA A ATLÁNTICOHOY

Cabaiguán es un pueblo en crecimiento franco y próspero, gracias sobre todo a la laboriosidad de los canarios. Se ha formado restándole fuerzas a Camajuaní desde donde muchos cultivadores y colonos se han corrido hacia aquellas tierras que les atraían con la promesa de sus grandes reservas vitales, sus excelentes condiciones y quizás la baratura de su adquisición. No tardó en construirse en torno del centro agrícola un centro urbano que se desarrolló en pocos años y hoy tiene suma importancia. La tendrá aún más grande dentro de algún tiempo, pues Cabaiguán crece a saltos bruscos, sin intermitencias con verdadero acento juvenil. Lo que fue villorio ahora es población activa, progresiva, llena de arrestos creadores. El campo próvido e inagotable en su riqueza, alumbrada por nuestros obreros lo alimenta y lo impulsa. En Cabaiguán vive Canarias… Si ellos se repatriasen, si un desgarramiento y restitución colectiva al país de origen, les alejara de aquí, súbito detendríase el ritmo concertado y poderoso, que marca ese fecundísimo laborar.

Francisco González Díaz, 1916. (Periodista canario)

Es imposible tratar la historia del municipio cubano de Cabaiguán, en especial a inicios del siglo XX, sin hablar de los isleños, como se les llama en la mayor de las Antillas a los naturales de las Islas Canarias; es así de simple, quiera alguien o no, y hay quien los considera hasta sinónimos. Y es que su impronta, incluso al cabo de más de cien años, es tangible en todos los aspectos de la sociedad.
Esos laboriosos hombres y mujeres que en las primeras décadas del siglo pasado atravesaron el Atlántico, en busca de una vida mejor y que por miles descansan en esa tierra, donde dejaron sus costumbres, sus tradiciones y sus descendientes, son los responsables de que Cabaiguán sea considerado, nacional y extra fronteras como La Capital Canaria de Cuba; son los causantes, además, de que en pleno siglo XXI, ese sentimiento identitario signifique complacencia y orgullo para sus habitantes.
Cuando se aborda la historia del territorio aparecen de manera natural y determinante, pues estuvieron, y aun lo están, presentes en todos los aspectos de la vida, fundamentalmente en los primeros años de la vigésima centuria, cuando muchos de los que recorrían sus calles por vez primera y miraban rostros, escuchaban diálogos o comían en algún lugar, pensaban que algo sobrenatural les había ocurrido, al parecer encontrarse en su natal archipiélago atlántico.
En ese lugar los hubo comerciantes, banqueros, médicos, choferes y de cuantos oficios se conocen, pero donde más se destacaron fue en la agricultura, especialmente en el cultivo del tabaco.
No es posible asegurar que hace casi una centuria, todos los campesinos de Cabaiguán fueran canarios, pero sí casi todos, pues si usted preguntaba en Pozas, El Troncón, Santa Lucía, Neiva, Guayos, El Purial, Los Rubíes, o cualquier otro campo cercano, se encontraba con cientos de agricultores isleños. Y es que la mayoría de aquellas tierras vírgenes de la comarca, fueron desmontadas, labradas y sembradas por esos humildes seres, tan honrados y laboriosos, que aun se les recuerda por esas cualidades.
El tabaco y la agricultura en general en Cabaiguán, tendrán por siempre la huella de los isleños, y como símbolos del campesinado han pasado a la historia por su carácter, su consagración, su productividad, su decencia, su austeridad y su integridad moral, siendo su comportamiento pasado, respetado y reconocido por todos; también es cierto que muchos ignorantes se mofaban de ellos por su presunta brutalidad, cosa falsa por completo, pues naturales de esas islas han sido destacados profesores, médicos, escritores o periodistas. Lo que sí constituyó una realidad fue su condición de analfabetos, pues ni en su entonces atrasada tierra, ni en su nueva patria, tuvieron oportunidad de estudiar, al menos, lo elemental.
Por tanto, es correcto expresar que el desarrollo económico y demográfico de Cabaiguán, se debió fundamentalmente a la presencia en masa de inmigrantes canarios, en las primeras décadas del siglo XX, los cuales se consagraron al trabajo y esa es una herencia que los cabaiguanenses conservamos con orgullo y no podemos olvidar.
Puede tenerse una idea, de lo que significó para Cabaiguán esa llegada masiva de isleños, atraídos por sus feraces tierras que tanta fama estaban adquiriendo en esos años y que eran catalogadas como parte del nuevo paraíso tabacalero del centro de Cuba, analizando los siguientes datos:
Datos 

I- Crecimiento de la población total de Cuba (1900-1931).

  • Año 1900…….. 1 632 320 habitantes
  • Año 1907…….. 2 048 980 habitantes
  • Año 1919…….. 2 889 004 habitantes
  • Entre 1900 y 1907….. La población cubana aumentó 1.25 veces
  • Entre 1907 y 1919….. La población cubana aumentó 0.7 veces
  • Entre 1919 y 1931….. La población cubana aumentó 0.7 veces

II- Crecimiento de la población total de Cabaiguán (1900 – 1931).

  • En 1900……… 2 000 habitantes
  • En 1907……… 6 026 habitantes
  • En 1919……… 19 416 habitantes
  • En 1931……… 26 399 habitantes
  • Entre 1900 y 1907…..La población cabaiguanense aumentó 3.01 veces
  • Entre 1907 y 1919…..La población cabaiguanense aumentó 3.22 veces
  • Entre 1919 y 1931…..La población cabaiguanense aumentó 1.33 veces       

   TABLA COMPARATIVA

   ETAPA AUMENTO POBLACIONAL
CUBA CABAIGUÁN 

  • 1900 – 1907 1.25 veces 3.01 veces
  • 1907 – 1919 0.7 veces 3.22 veces
  • 1919 – 1931 0.7 veces 1.33 veces
Como puede apreciarse el aumento poblacional en Cabaiguán difiere totalmente del nacional, convirtiéndose en un crecimiento atípico para la época, solo posible, por la afluencia en grandes cantidades de inmigrantes, la inmensa mayoría canarios.
Un siglo después de esa llegada en masa al lugar, aun conservan sus descendientes —a ambos lados del Atlántico—, esa nostálgica imagen trasmitida por padres y abuelos del poblado de entonces, ese golpe de vista inicial de cuando arribaba el tren al poblado y observaban el Hotel Cabaiguán junto a la línea del ferrocarril. Además, la sensación que sentían en el momento en que ponían por primera vez sus pies en El Paradero del ferrocarril, repleto de familiares y amigos de los recién llegados y la emoción del instante en que alguien los guiaba a la primera visita obligada al bar Las Brisas, propiedad del isleño palmero Gabriel Rodríguez Santos, donde todos tomaban su primer café cabaiguanense.
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Bar del palmero Gabriel García Santos | CEDIDA A ATLÁNTICOHOY
También puede afirmarse que hubo isleños en diferentes instituciones y organizaciones del lugar como la Logia Masónica Luz y Verdad, la Logia de Oddfellows, el Club de Leones, el Colegio Médico, el Centro de Detallistas y la Sociedad de Instrucción y Recreo Colonia Española.
 
Por lo tanto, la huella de los isleños está presente en Cabaiguán por todas partes: en los descendientes, al afirmarse que más del ochenta por ciento de los habitantes del lugar provienen, de alguna manera, de esa raíz; en el habla, cuando se dice topé, acoquina'o, pegué, atencionar, fandango, emprincipiar, cacho, enchumbado, peje, escarrancharse, fondaje, guagua, a rente y verijas; o cuando se expresan frases como ¡se cagó Tinguaro!, ¡ese es retama! , ¡no te des más tonelete!, tan tarde llega el sombrero que no encuentra su cabeza, el palo que nace pa' violín, hasta en el monte sonará y de esos Marcos Pérez hay muchos en Buena Vista.
Igualmente, con la certeza de que en Cabaiguán no existía ningún hogar isleño donde no estuviera presente algún plato genuino de sus islas, adaptados en muchos casos a las condiciones del territorio; pueden mencionarse el pescado con papas y mojo, las papas arrugadas, los mojos (especialmente el verde, el palmero, el picón y el salmorejo), el gofio escaldado, el puchero, el sancocho, los chicharrones de cochino o puerco (empellas envueltas en gofio), el tocino, las morcillas, el guiso de hígado, los filetillos o churros de pescado, los polines, el tamal picante, la tafeña, el rolón, entre otros, acompañados de sabrosos dulces como el frangollo, la pella con miel de abejas, las bolas de gofio, el pan de malanga amarilla, las torrejas —también conocidas como orejas de isleños—, las rosquitas de cativía de yuca, la sopa de miel de caña, las truchas o empanadas, la leche asada y las frituras de calabaza, con la variante de las malangas, por solo mencionar algunos; estos paltos eran regados todos con vinos de la tierra, no solo de la uva que escaseaba en su nueva patria, si no de productos de la tierra cubana como la naranja o la frutabomba , ilustrativo ejemplo de transculturación.
A lo anterior, se unen otras tradiciones canarias presentes en el lugar como los tejidos y bordados, practicados por ancianas, mujeres, jóvenes y niñas; y la práctica de deportes autóctonos de ese archipiélago atlántico como la lucha canaria y el juego del palo.
También existen elementos que igualmente ostentan la impronta de nuestros abuelos isleños, como construcciones insignes del lugar, ejemplificadas por la antigua Colonia Española, la Iglesia Católica, la tienda Las Islas Canarias y el Barrio o Reparto Canarias, donde todas sus calles llevan nombres relacionados con ese archipiélago atlántico. A estas se unen lugares públicos contemporáneos como la tienda de arte llamada Siete Islas, el bar El Guanche y el centro nocturno El Drago; además, la presencia desde 1918, en el Parque Municipal, de siete palmas que simbolizan y recuerdan los siete montones canarios y la existencia aun de una agrupación musical y danzaria nonagenaria: la Danza Isleña de Pozas.
Pormenores de la herencia del cultivo del tabaco en Cabaiguán, no pueden faltar en estas páginas iniciales y aunque está probado que en el siglo XIX había agricultores canarios dedicados al tabaco en las zonas rurales de Neiva y Santa Lucía, realmente cuando se hace famoso ese cultivo en el territorio es en las primeras décadas de la pasada centuria, convirtiéndose en un componente identitario local y en símbolo de esta comarca del centro de Cuba.
Se conoce que el tabaco es un cultivo excepcional, que requiere mucha consagración y cuidado, algo en lo cual los inmigrantes canarios y sus descendientes eran y son verdaderos expertos. La época de corte es especial; en la época isleña de Cabaiguán se reunían en cada sitiería decenas de hombres, que contratados, aseguraban junto a los partidarios , que el tabaco no se pasara de tiempo. Cada uno de esos lugares, en tiempos de vega, se convertía en una comunidad donde la familia propietaria convivía con esos partidarios y jornaleros, la mayoría de la misma isla y hasta del mismo municipio, pues tejían redes de parentesco y amistad que propiciaban una identificación mutua.
Además, muchos agricultores isleños acostumbraban a comprarles a sus vecinos las vegas y hacían escogidas en una casa de curar tabaco, en su propia sitiería, empleando hombres de su entera confianza. Allí despalaban, apartaban, engavillaban, enmanojaban y enterciaban, actividades que les proporcionaban ciertas ganancias.
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Isleños en los campos Cabaiguenenses | CEDIDA A ATLÁNTICOHOY
Las labores tabacaleras de cultivo, en esos territorios rurales canarizados, absorbían a la casi totalidad de los vecinos, ya fueran de un sexo o del otro. El corte de la hoja principal, en enero; la capadura, en febrero; y la paca o chivichana, en la primera quincena de marzo, más que una tradición agrícola, era una regla ineludible.
Tampoco puede pasarse por alto a la Delegación Canaria del lugar, cuya continuidad se garantizó aquel 12 de septiembre de 1992, cuando fue fundada la actual.
Esa añeja Delegación Canaria de Cabaiguán-Guayos fue creada el 21 de abril de 1907, al calor de la fundación de la Asociación Nacional, el 11 de noviembre del año anterior; en ella se agruparon miles de inmigrantes canarios, convirtiéndose en la más numerosa de toda Cuba. Entre sus directivos más destacados estuvieron Pedro Darias, Benito Rodríguez, Misael Guerra, Manuel Rodríguez, José Ortega y Juan Guelmes, por solo citar algunos. En esos años, esta Delegación fue anfitriona de importantes visitas y de grandiosos actos de la colonia canaria en Cuba, considerando la presencia en masa de isleños en los puntos poblados y en los campos del lugar, que llevaron a muchos a considerar a Cabaiguán como una prolongación de las Islas Canarias; durante décadas defendió los intereses de los isleños en la zona, les ofreció opciones recreativas y culturales y garantizó la asistencia médica, vinculando a sus socios con la conocida clínica habanera Quinta Canaria, llamada realmente Centro de Salud Nuestra Señora de la Candelaria.
Para contar con un elemento más en un presunto análisis, debe conocerse que en 1940 en Cabaiguán existían tres delegaciones de asociaciones o centros españoles de carácter nacional, las que se enumeran a continuación, con sus respectivos miembros: la gallega, con ochenta socios; la asturiana, con ciento cuarenta y ocho integrantes; y la canaria, con dos mil quinientos asociados. Esta última dejó de existir en los años sesenta del pasado siglo.
Todo lo anterior, justifica sin duda, que el Cabaiguán de hace un siglo, pudiera ser considerado la Octava Isla canaria; y que hoy exhiba con orgullo la denominación de Capital Canaria de Cuba.
Autor del artículo
Mario Luis López Isla (Cabaiguán, Cuba, 29 de noviembre de 1955) es investigador, historiador y narrador. Graduado de Profesor Superior de Historia en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en 1979, reside en Cabaiguán.  Es presidente de la casa canaria de Cabaiguán.

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Mario Luis López | CEDIDA A ATLÁNTICOHOY