Los sueños rotos de Adrián

A Adrián se le apagó la luz mientras iba en ambulancia. Estudiaba Bachillerato de Arte y le apasionaba plasmar sus sueños en dibujos. Corrió cuanto pudo, aterrorizado, a protegerse de quien era su padre hasta hacía unos minutos y quien, cuchillo en mano, había matado a Mami y a su hermano Iván, de 12 años. Seguramente vio a ése, al que creía Papá, tirarse por la ventana, después de apuñalarle, sin saber qué estaba pasando.

En tierra de sueños rotos...

Llevaban poco tiempo en Úbeda en un piso de alquiler, a donde Papá y Mamá se habían mudado, para que ellos estudiarán en un Instituto mejor. Todo parecía ir bien. No constaba denuncia alguna por maltrato. Papá, Francisco, trabajaba en una cooperativa agraria. Mamá, Belén, los cuidaba mucho y estaban preparando la mudanza a una nueva vivienda.

Los sueños de Adrián murieron con él mismo, mientras la oscuridad eterna lo envolvía para siempre en una ambulancia sin nombre. Mamá Belén se convirtió en la quinta mujer asesinada por su pareja durante el Estado de Alarma y hermano Iván, en otro daño colateral más de la locura humana. El Covid 19 ha hecho que olvidemos muchas cosas y nos ha dejado ciego en otras.

Nunca sabremos que ocurrió. Nunca sabremos si Belén aguantaba y aguantaba sin denunciar. Nunca comprenderemos el terror de Adrián al refugiarse de quien creía su Papi. Nunca sabremos que depararía la vida al pequeño Iván, que confesaba “sentirse muy feliz con sus nuevos amiguitos del cole”. Por el Bulevar de los sueños rotos (como canta Sabina) debe pasearse ahora Adrián, guardándolos con mimo en su mochila al lado de sus dibujos.

A mí me gusta más analizar, leer y sobre todo escribir sobre actualidad política o social, pero esta vez, los sueños rotos de Adrián no me han dejado hacerlo. ¿Por qué? porque fui niño también, con mis sueños. Lo que pasa es que, buenos o malos, he tenido la suerte de poder vivirlos, Adrián no, se le rompieron para siempre en 5 minutos de cuchillo malparido.