“Cada isla es única en su esencia”

Verónica Aranda es poeta, nacida en Madrid en 1982, y atesora una obra literaria consolidada en el panorama iberoamericano. Además, en su reciente andadura como escritora se ha convertido en la flamante ganadora del Premio Internacional Luis Feria de la Universidad de La Laguna en el pasado año 2018.

-Tras la efervescencia del tuit y las prácticas de lenguaje simplificado en las redes sociales es una buena noticia que el haiku siga resultando un capítulo predilecto en el ámbito de la creación poética actual. Tras Senda de sauces (2011) y Lluvias continuas (2014) nos llega a la isla de Tenerife el libro 'Sin rumbo fijo' con un centenar de nuevos haikus que han resultado ganadores de un premio internacional ¿Qué lugar ocupa la tradición japonesa en el quehacer poético de una escritora que ha trascendido los límites de Madrid?

- Ocupa un lugar fundamental en mis lecturas y en mi formación poética. Desde que descubrí a Basho por casualidad en una feria del libro de Madrid en 2001, me metí de lleno a investigar y profundizar en el haiku y en la teoría y filosofía del mismo. Leí sobre budismo zen y los ensayos de Vicente Haya, Rodríguez Izquierdo, Blyth y a todos los autores clásicos japoneses. Más tarde, me acerqué al haiku en lengua española, que en los últimos años ha tenido una producción abundante y de calidad.

El haiku en gran medida, cambió mi estilo poético, me ayudó a tener una mirada más milimétrica sobre las cosas, a trabajar y cincelar más el poema dejando solo lo imprescindible, en suma, a contemplar la naturaleza con los cinco sentidos y a leer y escribir haikus como una forma de meditación y búsqueda de la belleza. Hay algo profundamente estético en la práctica de este género y mucho viaje y movimiento. Para escribir haikus es necesario, muchas veces, adentrarse en el campo o en un bosque para ir a buscarlos, porque para escribirlos, hay que haberlos vivido o contemplado. 

"Las islas encierran detrás toda una mitología y una manera diferente de estar en el mundo. Al ser todas sus fronteras de agua, tienen, sin duda, un modo distinto de universalidad"

-La Isla ha sido un referente de inspiración en muchos episodios de la literatura universal, desde Canarias hemos sido testigos de muchos poetas que aun perteneciendo al interior del continente se identifican con la condición exótica y transfronteriza de la insularidad. En el libro 'Dibujar una isla' (2017) encontramos islas griegas y una voz pletórica de imágenes que enriquecen esta tradición. Tras tus visitas a Cuba o Puerto Rico ¿considera que las islas son un mismo lugar con un modo distinto de universalidad?

- Las islas encierran detrás toda una mitología y una manera diferente de estar en el mundo. Al ser todas sus fronteras de agua, tienen, sin duda, un modo distinto de universalidad, aunque cada isla es única en su esencia y en sus paisajes interiores y costeros. Me siento muy cercana al Caribe, en especial a Puerto Rico, donde publiqué un poemario en Trabalis-Aguadulce y, por encima de todo, a Cuba, donde acabo de residir unos meses y me ha marcado en todos los sentidos. Ese aislamiento insular e incomunicación, que pueden ser por momentos angustiosos como la amenaza de ciclón, para mí literariamente es muy fructífero, propicia la reflexión y la introspección, un recogimiento casi sagrado. Pienso también en las reflexiones de María Zambrano sobre las islas, a las que consideraba “siempre una promesa para la imaginación.

"Es maravillosa esa hermandad que se suele crear entre poetas de todo el mundo, la alegría de volver de un festival de poesía con una maleta llena de libros valiosos..."

- Los festivales internacionales de poesía se han convertido en un espacio de confluencia literaria para que autores de diferentes lenguas y procedencias tengan la oportunidad de reconocerse cara a cara. ¿Qué nos cuenta de zu experiencia viajera a las citas poéticas y la residencia creativa en destinos tan singulares y paradigmáticos como Portugal, India o Marruecos?
- Me han enriquecido muchísimo, tanto personal como poéticamente. No escribiría igual sin esos viajes y estancias en varios países tan diversos, donde pude realizar toda una inmersión cultural y lingüística. El reto era interiorizar todas aquellas realidades y verterlas en el poema yendo más allá del tópico o la estampa turístico-pintoresca. Buscar otras imágenes, texturas, tonos cromáticos y adentrarme en otros credos y formas de pensamiento para escribir desde otros ángulos de observación de la realidad y completamente integrada en el país que me acogía. 

En los últimos años he tenido el privilegio de participar en varios festivales internacionales de poesía, especialmente en Latinoamérica, que han propiciado, sin duda, un enorme intercambio poético y editorial y el conocimiento mutuo. Es maravillosa esa hermandad que se suele crear entre poetas de todo el mundo, la alegría de volver de un festival de poesía con una maleta llena de libros valiosos, ver de primera mano la poesía que se está escribiendo en los países visitados, cómo la transmiten y reciben, poder leer en colegios e institutos. Todo ello da una perspectiva muy amplia del fenómeno literario y cambia nuestra forma de escribir y de leer. Y a la vez te convences de que no hay fronteras, que dos poetas de distintos continentes sin conocerse ni leerse pueden llegar a la misma imagen o reflexión. Y que el haiku se puede paladear con idéntica sensibilidad y entusiasmo a muchos miles de kilómetros de Japón. 

-Algunos autores como Marc Augé abogan por aprender de nuevo a viajar y no hacer turismo. En tu blog Poesía Nómada se cumple pronto una década de prólogos, antologías, traducciones, viajes y hasta poesía kurda o nepalí ¿Los nuevos dispositivos electrónicos pueden ayudar a un retorno a la lectura crítica y reflexiva? ¿Qué papel ha jugado para la escritura esta otra dimensión del viaje por el espacio virtual?

- Como decía Paul Bowles, el viajero es el que se queda durante un tiempo en un lugar y se impregna de su realidad, y el turista, en cambio, pasa de puntillas por los lugares. No le da tiempo a interiorizarlos. El mundo virtual y de los blogs, dándole un uso adecuado, tiene muchas ventajas, entre ellas la inmediatez y que sea accesible a lectores de todo el mundo, cosa que no sucede con las publicaciones en papel, donde las tiradas suelen ser pequeñas y no es habitual que se distribuya a otros países. También favorece el diálogo a través de los comentarios y el intercambio de referencias y lecturas críticas. Es importante tener el feedback de los lectores y ayudo muchísimo. De paso, sacias la necesidad de comunicación o de compartir descubrimientos poéticos realizados en los viajes, así como la difusión de poemas de autores que por razones muchas veces incomprensibles, apenas se conocen en España. Además, acorta las fronteras editoriales, pues sigue siendo limitado el intercambio editorial entre Latinoamérica y España, y a la hora, por ejemplo, de preparar antologías poéticas de distintos países, he llegado a la obra de muchos poetas gracias a los blogs y las publicaciones digitales.