Solari ajusta la sábana

 “Jugar al fútbol es como tratar de taparse con una manta corta: si uno se cubre la cabeza se le descubren los pies; y si se tapa los pies, queda afuera la cabeza”. La frase es del entrenador brasileño Elba de Pádua Lima, 'Tim', una institución en Sudamérica que fue campeón argentino con San Lorenzo de Almagro. En Tenerife, la frase la introdujo Jorge Raúl Solari (Argentina, 1941), al recibir las primeras críticas por su fútbol ultradefensivo. Y la adaptó a las costumbres y las temperaturas de la Isla, simplificándola y dando lugar a la llamada 'teoría de la sábana': “… y el fútbol es como una sábana chica…. si te tapás los pies, te destapás la cabeza”.

Tras recibir seis goles en Valladolid en su debut en el banquillo, Solari lo tuvo claro: había que taparse atrás, en la defensa, y construir el equipo desde la zaga hacia adelante. De inmediato, prescindió de un centrocampista e impuso el 5-3-2. Y luego, tras la llegada de Gerardo Martino, redobló su apuesta por el fútbol directo, a pesar de tener a Fernando Redondo en el once. El 'cinco' argentino, líder del juego hasta entonces, se encargaba del trabajo sucio, algo para lo que, excelente futbolista como era, también estaba dotado. Así que se ocupaba de la recuperación, de fajarse en mediocampo y de dar salida al juego hacia su compatriota.  

Ya con el balón en los pies, el 'Tata' Martino la ponía arriba, en la cabeza de Rommel. En otro tiempo, sobre todo si lo hacía el rival, eso se conocía como “jugar al patadón”. El Tenerife, sin embargo, hacía un “fútbol directo” con “pelotazos dirigidos”. Y así, poco a poco, la 'sábana de Solari' se fue ajustando. Primero, aseguró los partidos de casa ante Burgos, Osasuna, o Castellón, preferentemente con triunfos por la mínima y sin rubor alguno en caso de ganar por 1-0. Y luego, hasta le alcanzó para empatar en la visita al Sevilla. Y de golpe, tras ganar en casa al Mallorca, ganó fuera al Zaragoza. Y en casa al Cádiz... y fuera a la Real Sociedad. 

Y así, un equipo que peleaba por eludir el descenso o la promoción, fue capaz de sumar cuatro victorias consecutivas. ¡Cuatro victorias seguidas en Primera División! Hasta Solari bromeaba con la prensa: “… y vieron, parece que ajustamos la sábana”. Porque aquel Tenerife era letal en ataque sin perder solidez en defensa. Y después de cuatro triunfos seguidos, el 21 de abril de 1991 llegó el examen definitivo: sin Redondo, lesionado de gravedad un par de días antes, y ante el equipo-revelación: un Logroñés que peleaba por una plaza en la Copa de la UEFA, en jornada declarada como de 'medio día del club', en la que los abonados pagaban. 

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Jorge Raúl Solari

No importó. El Heliodoro rozó el lleno. Y Solari apostó por: Manolo; Torrecilla, Toni, Hierro, Francis, Revert; Toño, Llorente, Martino (Eduardo, 88’); Quique (Felipe, 70’) y Rommel. A los cuatro minutos ya ganaba el Tenerife. Balón arriba, cabezazo imponente de Rommel y 1-0. Y con ventaja en el marcador, el técnico le dio un tirón –hacia atrás, obviamente– a la sábana: cinco fijos atrás, tres más ayudando en la defensa y salida rápida a la contra. Felipe haría el 2-0 definitivo en el último minuto y el Tenerife logró así su quinta victoria consecutiva, tras sumar nueve goles a favor y sólo dos en contra. Solari había ajustado la sábana.