Una investigación asume el reto de descubrir las comunidades "vivas" de descendientes canarios en EEUU

Entre 1778 y 1783 llegaron 2500 canarios a las costas de Luisiana. En ese momento era territorio español y muchas familias decidieron cambiar su vida para defender el territorio de nuestro país. Las comunidades que entonces se formaron siguen vivas y poco más conocemos de ellas. 

El proyecto CISLANDERUS quiere acercarnos a esta realidad histórica, a sus comunidades, formas de vida, gente que comparte más cosas de las que creemos. Tras cuatro años de investigación el fotoperiodista canario Aníbal Martel y la investigadora Thenesoya V. Martín De la Nuez presentaron una exposición sin precedentes en la Casa de Colón, Gran Canaria, donde llegaron a conquistar a más de 5000 personas.

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Thenesoya V. Martín De la Nuez entrevistando a uno de los descendientes del área de Baton Rouge, Luisiana, EUA | © Aníbal Martel/CISLANDERUS

Aunque Canarias sea tierra de emigrantes, sobre todo con Venezuela y países Lationamericanos, los canarios también estamos presentes en diferentes comunidades de Luisiana. "Muchos canarios saben de esta comunidad, aunque sea de oídas" señala Thenesoya. 
"El proyecto empezó como una idea que teníamos desde hace muchos años, desde que tuve mi primer contacto con esa comunidad en 1997. Sabíamos de los asentamientos originales de los primeros canarios en EEUU, en Luisiana y Tejas, por la bibliografía existente sobre el tema, principalmente libros de historia de académicos estadounidenses y alguno de lingüística, si bien todos nos parecían tener alguna carencia”, afirma la investigadora. 
En el 2013 empezó el proyecto cultural CISLANDERUS. “Fue precisamente la búsqueda de eso que faltaba, que los pocos libros que había no incluían, lo que nos hizo aventurarnos a hacer una investigación de campo más profunda y en contacto con el elemento humano de la comunidad de descendientes canarios de EEUU”, apunta la investigadora.


"Al contrario de lo que dicen los libros publicados, la comunidad canaria sigue viva, si bien de una forma muy frágil"

Durante cuatro años Anibal y Thenesoya han acudido en numerosas ocasiones a los citados destinos en búsqueda de respuestas y de mostrar los entresijos de los que allí viven. 
“Teníamos mucha información escrita a través de los libros y acceso a algún trabajo audiovisual que se había hecho en los años 80 y 90, pero poco más”, señala una de las creadoras del proyecto. 
Al llegar allí fueron realmente conscientes de que el trabajo les iba a llevar tiempo. “La comunidad es mucho más grande de lo que se cree, y al contrario de lo que dicen los libros publicados, sigue viva, si bien de una forma muy frágil. De ahí la importancia que le damos a nuestro proyecto, pues cubre tanto un trabajo de campo sin precedentes, con cientos de entrevistas a descendientes de todos los asentamientos, como una parte artística y documental que muestra la realidad de la comunidad a través de las fotografías del fotógrafo canario Aníbal Martel”.
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Felice Lopez Melerine, descendiente canaria al sur de Luisiana, EUA.| © Aníbal Martel/CISLANDERUS

Primera parada: San Bernard
El punto de referencia es el Museo de los Isleños de la Parroquia San Bernardo, al sur de Nueva Orleans, donde está uno de los cuatro asentamientos. “San Bernardo es el que se ha mantenido más cohesionado. Sumado a esto, y por diferentes circunstancias, han desarrollado un sentido del marketing alrededor de su identidad, de ahí que sean mucho más visibles a la hora de acercarse a la comunidad. Ese grupo es extraordinario, pero no son representativos de la comunidad de descendientes que se extiende por toda Luisiana”, muestra Thenesoya. 

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Ubicación Luisiana | IMAGEN DE LA RED

Los cuatro años de investigación, además de los numerosos viajes que han realizado, les ha servido para llegar a lo más profundo de estas comunidades, “haber llegado a descendientes que nunca habían tenido ningún contacto con investigadores, algo así como informantes puros, esos que nos dan la verdadera cara de la comunidad. Es emocionante dar con alguien que hemos estado buscando meses, incluso años, y que nos reciba en su casa hablando con acento canario. Esos casos son contados, y los hemos recogido con mucha emoción y respeto. Ese el es valor de nuestro trabajo”, comparte satisfecha la investigadora.
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Henry Jr., descendiente de San Bernardo, Luisiana.| © Aníbal Martel/CISLANDERUS

Contacto entre Canarias y las comunidades de Luisiana
“Algunos de ellos están o han estado en contacto con Canarias. El primer viaje de “regreso” se produjo a finales de los años 70, cuando un grupo de descendientes de San Bernardo, movidos por diferentes intereses, decidieron organizar un viaje a las islas. A partir de ahí, han sido muchos los que a título personal han viajado a las islas, de las que saben muy poco”, apunta  Thenesoya. Varias generaciones después algunos canarios volvieron pero, “la inmensa mayoría de los descendientes no conoce nuestras islas, y poco saben de ella”. 

¿Hablan con nuestro acento canario?
Una de las características reconocidas por todo el mundo es el léxico canario. Respecto a esta cuestión, Thenesoya afirma que “un número cada día más reducido de descendientes hablan español de Canarias. Hoy en día son muy pocos los que hablan español, y algunos de ellos están en contacto con canarios, lo que invalida su valor como prueba documental. Otros, sobre todo de la comunidad de descendientes de San Antonio, en Tejas, saben español por influencia mejicana, no como resultado de una supervivencia de la variante dialectal del español de Canarias”.

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Chad LeBlanc, descendiente canario del área de Baton Rouge, EUA. |  © Aníbal Martel/CISLANDERUS

¿Qué es lo que más llama la atención de las comunidades?
Thenesoya apunta que "su inmensa diversidad y riqueza no son en absoluto una comunidad uniforme, como siempre se dice. Se habla de pescadores y gente muy pobre de las marismas, dueños de una identidad preservada gracias al aislamiento… Y sí, una parte de la comunidad es esa, pero hay otras caras que nunca se han mostrado, creemos que por falta de tiempo y dedicación, y porque esas otras caras no resultan tan “vendibles” como la de los descendientes romantizados bajo la imagen de una especie de buen salvaje. Se trata de una comunidad rica, compleja, llena de contradicciones y muy diversa. Es esa diversidad la que intentamos valorar y reflejar con CISLANDERUS".

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Paisaje bayou, Luisiana, EUA | © Aníbal Martel/CISLANDERUS

Cislanderus de cerca

Objetivo

La investigadora Thenesoya V. Martín De la Nuez y Aníbal Martel, fotoperiodista canario, señalan que "nuestro objetivo con la exposición fotográfica itinerante y el libro que queremos publicar es dar a conocer los entresijos de esta comunidad, su devenir histórico, pero también, y sobre todo, lo que yo llamo sus intrahistorias; las anécdotas familiares que nos han sido contadas en primera persona… Son un pueblo fuerte, que ha sido capaz de sobrevivir casi trescientos años a pesar de toda suerte de adversidades. Queremos que este lado desconocido de los descendientes se conozca en Canarias, que se sepa quiénes son realmente. Es imperdonable que a día de hoy se tenga una idea equívoca e infundada de ellos. Este tema debería estar incluido en nuestros programas escolares, tanto en Canarias como en EEUU".

Forma de financiación

El proyecto lo han ido autofinanciando, porque “trabajar con las instituciones en Canarias es muy difícil. Llevamos cuatro años intentando obtener algún patrocinio por parte del Gobierno de Canarias sin resultado. Solo hemos recibido muchas felicitaciones, pero nada de ayuda”. En 2018 la exposición va a ser parte de la celebración del Tricentenario en Luisiana. “La única institución que nos ha apoyado hasta ahora ha sido la Casa de Colón, en Las Palmas de Gran Canaria y ojalá consiguiéramos ayuda de Gobierno de Canarias, si no lo logramos, igualmente publicaremos el libro, pero tendrá que ser en EEUU” 

Punto en el que se encuentran

"CISLANDERUS tiene dos partes, la exposición fotográfica y el libro. La exposición fotográfica itinerante, que se pudo llevar a cabo gracias a Casa de Colón, está ahora mismo a la espera de viajar por las demás islas. Solo necesitamos interesados en acogerla. En noviembre habrá otra exposición en la Embajada de España en Washington DC, EEUU, y el próximo año será en Nueva Orleans con motivo de la celebración del Tricentenario. Sobre el libro, necesitamos una institución o editorial interesada en publicarlo. Ya tenemos un museo en Nueva Orleans muy interesado en hacerlo, pero nos gustaría que se hiciera en Canarias para que llegara a todo el mundo. Si quieres saber más del proyecto pueden visitar nuestra página web, www.cislanderus.com y nuestra página de Facebook".