Menores transexuales: "David es un regalo en nuestras vidas"

"La identidad está en el cerebro y no varía. Nacemos con ella, pero cuando uno no cumple la norma, directamente no se le cree. No les creemos a los dos años y medio, como a mi hijo, ni a los tres, los cuatro o a los catorce. La sociedad les sigue cuestionando"

Eva Pascual es la presidenta de la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis Canarias, además de la mamá de David, al que adoptaron con mucha ilusión, con nueve meses, como niña. "Era nuestra princesa oriental" recuerda con cariño, aunque matiza que ya desde los dos años y medio siempre le escucharon su rotunda disconformidad con ser considerada una "chica".  

Eva destaca "todo lo aprendido" con esta experiencia, que le ha permitido ayudar a más niños y niñas a ser felices", añade, sorprendida aún del propio coraje que ha ido mostrado con los años. "Mi gran sorpresa ha sido darme cuenta de lo que una madre es capaz de hacer socialmente", comenta.

"Lucho para que David, que ha sido el primer menor transexual que ha dado la cara en Canarias, en aquel momento con solo cinco añitos, pueda vivir en un mundo mejor, cuando no dependa de mí, a sus 18 años", subraya.  

Gracias a casos como el suyo, y a la lucha de muchas familias y asociaciones LGTBI para que todos estos menores vivan su mejor infancia, está a punto de aprobarse en Canarias un Protocolo Educativo para menores que viven lo que David "y que les facilitará mucho su tránsito".

"A los pequeños se les cuenta un cuento explicándoles, de forma muy dulce, qué es la identidad desde que están en la barriga de mamá, y ellos entienden que hay algunos niños con los que, simplemente, alguien se equivocó", explica.

"La identidad está en el cerebro y no varía. Nacemos con ella, pero cuando uno no cumple la norma, directamente no se le cree", explica la también presidenta de Chrysallis Canarias. "No les creemos a los dos años y medio, como a mi hijo, ni a los tres, los cuatro o los catorce. La sociedad los sigue cuestionando", añade. 

En cambio, destaca que "a mi segunda hija, que sí cumple la norma de género y que con dos años y medio nos dijo que era una princesa, nadie la cuestiona. Ser Cisexual en esta sociedad, que es lo que soy yo o mi segunda hija, en cuanto a nuestra identidad sexual, es un privilegio que su hermano por nacer transexual no tiene”, enfatiza Eva.

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Tras un encuentro con familias como la suya, originarias de todo el país, fundaron Chrysallis Canarias para "ayudar y acompañar a otras personas que no se atreven a hablar por temor o vergüenza". Su trabajo consiste en ponerse en su piel gracias a su propia experiencia y ayudarles a entender la situación, además de acompañar a sus hijos adecuadamente. 

"Atiendo a adultos, padres, madres o tutores de menores y hago acompañamiento familiar, escolar y social  para que entiendan qué están viviendo, además de explicarles la diferencia entre identidad y orientación, pues nadie se lo ha contado antes". "Queremos, sobre todo, que no tengan miedo y quitarles piedras del camino", reitera Eva.

Prejuicios

"He aprendido mucho con todo esto y sé que mi hijo es un regalo en nuestras vidas", insiste Eva Pascual. "Mi hijo es perfecto como es y está sano. Ya aprendí que no nació en un cuerpo equivocado ni de niña, nació en su cuerpo, diverso, pero de niño".

Pero a pesar de que toda familia está convencida de que aceptarle y apoyarle es el único camino, reconoce que la decisión no fue fácil y les ha tomado su tiempo. "Los adultos estamos llenos de prejuicios, mientras que los niños lo aceptan todo con total normalidad. En esto, mi hija Cloe, casi dos años menor que David,  ha sido mi maestra", afirma.
 
"Lo que estamos viviendo era algo que se venía cociendo a fuego lento en un cuerpecito que todos queremos. Y es muy cruel decirme que yo alentaba o fomentaba algo así, porque no es cierto. Yo solo quería que no viviera una infancia infeliz", recuerda la madre de David.

Eva recalca que "los menores transexuales son niños normales, como todos, aunque no sea el concepto de normal que tiene todo el mundo". Por todo ello, insiste en que lo mejor es esperar a que los propios menores hablen y sean ellos los que manifiesten si se sienten niños o niñas. "Hasta mi hija, cuando vemos a una embarazada y se le pregunta por el sexo del bebé, ella responde que ya lo dirá el mismo bebé cuando sepa lo que es. Lo tiene muy claro", asegura.

"Mi hijo es perfecto como es y está sano. Ya aprendí que no nació en un cuerpo equivocado ni de niña, nació en su cuerpo, diverso, pero de niño"

La historia de David
Desde los dos años, David venía manifestando que era un chico aunque todos los demás le tratasen, por aquel entonces, como una niña. “Mami, a mí no me pongas ni coleta ni trabitas que yo soy un chico”, decía. 

Con tres años le dijo a su madre, sentado en el orinal y metiendo su cabecita casi dentro: “¿Ves, mamá? Yo tengo un pene, está ahí adentro y me va a salir”. Ella lo escuchaba y no le hacía mucho caso, respondiendo invariablemente: “No cariño, tú eres una niña”, por su propio desconocimiento de esta realidad.
 
Pero la vida y su voz interior hicieron que Eva acudiera a una charla sobre cómo educar en la igualdad sexual a los hijos. En ese coloquio escuchó por primera vez que existían menores transexuales. No pudo evitar asustarse porque, en cuanto la ponente empezó a hablar, reconocía a su hija en cada frase.
 
Cuando les contó que tenía una niña china adoptada, de tres años, que llevaba meses diciéndole que era un niño, le preguntaron por su respuesta. Como ella siempre le contestaba que no, que era una niña, estos expertos le corrigieron diciendo que, si a un niño tan pequeño que confiesa lo que siente cada vez que lo manifiesta se le responde con un NO, "ese niño, con el tiempo, dejará de confesarlo porque pensará que eso está mal, ya que su madre no lo aprueba, y dejará de confiar sus sentimientos a mamá”. 
 
Se lo contó a su marido, su gran apoyo, y decidieron que cada vez que saliera el comentario, simplemente no dirían nada ya que no encontraban otra respuesta. Durante un año y medio aproximadamente así lo hicieron mientras se informaban sobre la transexualidad con la Asociación Gamá de Gays, Lesbianas y Transexuales de Gran Canaria.
 
“¿Sabes qué, mamá?, yo me siento un niño por dentro y por fuera”. Le llegó a decir en una ocasión. Eva, llorando, contestó: “Cariño, papá y mamá te van a querer seas un niño o una niña igual”. 

Su madre lo recuerda emocionada: "Mi pequeña suspiró como el que se quita un peso de encima y se pasó toda la tarde besándome y abrazándome, algo que es poco habitual en ella, ya que no es demasiado afectiva debido a sus primeros meses de vida porque, como a todo en esta vida, a querer también nos tienen que enseñar".
 
Cuando en la revisión con su pediatra a los cuatro años Eva le comentó lo que pasaba, él le pidió que no se lo fomentase. "Que sea considerado una patología mental es más rentable que despatologizar lo que sucede. Es muy nuevo escuchar hablar de transexualidad en la infancia", comenta.

Meses después llevó a revisión a su otra hija al mismo profesional. Ella le comentó todos los cambios en la vida de su hijo, como el pelo corto, la ropa interior y exterior de chico y su nombre: David. En esta ocasión, al pediatra "se le saltaron las lágrimas y me preguntó que cómo lo habíamos hecho. Nos dijo que éramos unos buenos padres y que lo estábamos haciendo muy bien", recuerda.


“Le dije: Cariño, papá y mamá te van a querer seas un niño o una niña igual. Entonces mi pequeña suspiró como el que se quita un peso de encima y se pasó toda la tarde besándome y abrazándome, algo que es poco habitual en ella"

El proceso
Tras consultarlo al principio del proceso, en marzo de 2014, con tres psicólogos diferentes y cuatro pediatras a causa de sus propios miedos y falta de información, todos coincidieron en que estaban siguiendo el camino adecuado, "e incluso nos felicitaban, cosa que al principio no me consolaba porque vivía con el miedo constante de equivocarme. Ahora sé que estamos en el único camino posible".

De hecho, Eva nunca toma ninguna decisión importante sin meditarla un millón de veces. Aunque la razón le hacía dudar cada día de si hacía lo correcto o no, su corazón le decía que no se equivocaba. "No podíamos seguir negando lo evidente".

En las ocasiones en las que David la veía llorando por sus miedos, ella le respondía: “cariño, me está costando mucho, esperé casi seis años por una princesita y me he traído un príncipe”. Al respecto, él contestaba: “tranquila, lo entiendo. ¡Y no tenía los cinco años todavía! ¡Hoy, con siete años y medio, es un niño muy feliz!", asegura.

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David es un niño muy activo y feliz | EVA PASCUAL

El colegio
El día de la presentación en el colegio, cuando David pidió ir vestido de chico, Eva lo permitió "a pesar de las miradas de todos". "Yo estaba intentando hacerme la fuerte y controlar mis emociones. Volví a hablar con su profesora y el director, quienes veían un gran cambio de junio a septiembre. En junio se fue una niña  y en septiembre llegó un niño".

A que lo aceptara el equipo directivo y docente del colegio ayudó el hecho de que conocieran a Eva en su faceta profesional desde hacía años. "Yo creo que contaba con bastante credibilidad para ellos porque como arquitecta ya me conocían laboralmente, lo que influyó en su apoyo a mi manera de gestionar la situación, pero si no me hubieran conocido previamente,  pienso que no habría sido tan fácil", reconoce.

Adaptarse a los cambios
En su caso no ha sido fácil, aunque hay familias que lo viven de otra manera. Cada pequeña decisión, cada cambio, ha simbolizado un terremoto en la vida de Eva. Por ejemplo, cuando en carnavales el pequeño pidió disfrazarse de bombero, sus padres no le dieron la menor importancia porque era un disfraz, pero cuando en mayo le pidió a su madre ir a la romería vestido de chico, Eva se asustó. "¿Cómo iba a aceptar sabiendo que había personas que no lo iban a entender y que, quizás, algún comentario podría hacerle daño?".

Su pareja la tranquilizó y se lo permitieron, aunque antes hicieron una consulta a una psicóloga infantil que les respondió que era ella la que lo estaba pidiendo y no su madre la que se lo estaba imponiendo, por lo que Eva cogió el coche y fue a comprarle el traje de chico.

Poco después, cuando les pide cortarse el pelo "como papá", vuelven a consultarlo. "Nos dicen que no le de tanta importancia, que es sólo un corte de pelo y que la va a hacer feliz. Además, el pelo vuelve a crecer".

"En el fondo de mi corazón, yo sabía que este no era solo un corte de pelo, que significaba algo más, así que, convencida de que hacía lo mejor para mi hijo, accedí", rememora.

Lo cierto es que siempre han respetado sus gustos. Por su cumpleaños todo eran pelotas y objetos relacionados con el fútbol, con la diferencia de que su hijo no era una niña a la que le gustasen las cosas de niño, como puede ocurrirle a otras niñas y que se denomina “conducta de variante de género”. "Se siente un chico por dentro y eso ni yo, ni nadie, lo puede parar".

Su hermana Cloe
Para su hermana Cloe, David siempre ha sido un niño.  Desde que tiene uso de razón, ella ha aceptado desde el primer momento que tenía un hermano, no una hermana. Para la pequeña, desde el principio fue fácil llamarle por un nombre de niño. Sin embargo, para sus padres, no fue tan sencillo. "Los adultos tenemos muchos prejuicios", afirma. "Los mayores prejuzgamos, criticamos, y los niños no".

"Yo solo quería que David tuviese las mismas opciones que Cloe", reitera
Eva Pascual, quien insiste en que, "como madre, lo único que deseas es
que el mundo no sea cruel con tu hijo".

Desamparo legal

La ley estatal no ampara al menor transexual, pero la ley canaria sí lo reconoce como tal. Sin embargo, la nuestra "no es tampoco la mejor ley pues está redactada después de otras mejores y es muy patologicista, tratando esta realidad como una enfermedad mental cuando no lo es, pues se trata de diversidad en el ser humano", matiza.

"Mi hijo me pide cada noche que quiere que le llamen David en el cole y yo solo puedo enfrentarme al mundo por su felicidad", reitera su madre, quien subraya que en su centro escolar la actitud de los compañeros de colegio es "muy natural y facilita todos los cambios". "Los padres de los otros niños al principio tenían sus dudas, pero los pequeños, ninguna", recuerda.

Al principio, llegaron a pensar en mudarse de casa, de barrio o incluso irse a vivir a Las Palmas, pero sus amigos están aquí y su vida también. "Su pasado siempre va a estar ahí y no lo podemos cambiar".