La lucha por recuperar un pedazo de historia

La de la campana de La Verdad es una historia no exenta de casualidades y fuertes determinaciones que parecen haberla conducido de vuelta a casa contra viento y marea. 
La suya podría describirse como la lucha por recuperar un importante símbolo de la historia marítima de La Palma, un regreso posible gracias a la fe inquebrantable de la directora del Museo Naval de la capital, así como de la generosidad de un propietario norteamericano quien, al conocer su
origen y valor histórico, quiso devolvérsela a los ciudadanos de la Isla sin coste alguno.

La recuperación de la campana del histórico velero La Verdad se va a producir el mismo día que se botó el barco naufragado en Bermudas en 1899: el 12 de abril, concretamente 145 años después de que fuese lanzado al agua en la capital palmera.

Asimismo, la devolución se efectuará en una reproducción de la carabela colombina Santa María. El acto de recepción contará con la presencia del donante, el ciudadano norteamericano Thomas Cox, quien se desplazará la Isla para entregar personalmente la histórica campana al Museo Naval de Santa Cruz de La Palma.

Su directora, Carmen Concepción, explica a Atlánticohoy.com que esta campana, que perteneció seguramente el mejor barco botado en los astilleros palmeros de la familia Arozena, considerados los más destacados constructores navales de Canarias, pasará de una carabela a otra, para quedar como uno de los tesoros del patrimonio naval de la isla.

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Carmen Concepción junto a la campana | MUSEO NAVAL SC LA PALMA

"Recuperar la campana para La Palma está siendo ya todo un hecho histórico", afirma Concepción, quien rechaza mérito alguno en esta labor. "El protagonismo siempre lo he tenido muy lejos de mí, no me interesa, pero sí poner en valor el patrimonio de la isla", subraya. 

Admite que estuvo mucho tiempo dándole vueltas a la forma de recuperar esta campana, labor que resultó toda una odisea, pero que su retorno implica "recuperar la historia de La Palma, porque aquí hablamos de la construcción, de los armadores, de la navegación, de los inmigrantes. Todo eso y más es la campana de La Verdad", explica.        

"Volver a tener aquí a la campana implica mucho, no podemos darle la espalda a eso. Con ella se podría recuperar la importancia que tuvo este puerto y ponerlo en valor, porque es una isla marinera. Es como un despertar", expone.
                   
"Recuperar la campana es recuperar la historia de La Palma, porque aquí hablamos de la construcción, de los armadores, de la navegación, de los inmigrantes. Todo eso y más es la campana de La Verdad"

"Todo comenzó como una increíble casualidad", empieza Concepción. "Hace dos años, justo con la bajada de la Virgen, incluso antes que bailaran los enanos, estaba todo el mundo aquí con una expectativa. En ese momento encontré ese artículo del Herald de Nueva York mientras buscaba cosas para dinamizar el museo, algo que tuviera que ver con el mar, y entonces apareció. Me llamó la atención la campana porque La Verdad fue, de los barcos que se contruyeron aquí, el más famoso".

La directora del museo Naval recuerda, por ejemplo, que se trata del barco premiado en Filadelfia en el siglo XIX y el de mayor tonelaje. Además, hizo numerosos viajes a America, yendo y viniendo a Cuba.

Así, cuando Carmen Concepción se topó casulamente con ese artículo sobre La Verdad, ("nombre que me gusta mucho", matiza), sintió, sobre todo, una "gran curiosidad". En él se explicaba que un señor americano, en aquel momento todo un desconocido para ella, tenía esa campana desde hacía 30 años en su despacho y que la había comprado en un anticuario. Se trataba de un abogado que también era marino devocional, que un buen día decidió investigar el origen de esta campana, pensando que podía tener alguna historia curiosa. "Eso me lo contó él, y va profundizando en más cosas porque seguimos en contacto vía correo electrónico", aclara.

La búsqueda del señor Thomas Cox, nombre del propietario, comenzó en los archivos de Massachusetts (Estados Unidos) donde descubrió que la suya era la campana de un velero que había salido de Canarias. Ignoraba que hubiese partido desde La Palma, pero se sintió en deuda con las islas. "No quiso vender la campana pese a que le ofrecían muchísimo dinero en un anticuario", explica Carmen Concepción, quien añade que "él sintió que no podía hacerlo, que esa campana tenía que volver a su lugar de origen, aunque desconocía que era La Palma concretamente". La directora destaca este detalle porque "pudo haber acabado en un museo en Gran Canaria o Tenerife, que estaría muy bien porque somos todos de Canarias, pero el barco salio de los astilleros de Santa Cruz de La Palma, muy cerquita del museo naval".

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Óleo de La Verdad | CEDIDA

Una carrera a contrarreloj
Concepción supo desde el momento en que leyó  este artículo que debía contactar con él. "Tenía que contarle que estoy al frente de un museo naval, por lo que no perdí un momento y le redacté la historia de La Verdad para que le llegara, pero tuve varios intentos fallidos por Linkedin. Le encontré por este medio, pero su correo ya era obsoleto, nunca me contestaba y yo estaba desesperada", recuerda.

El siguiente paso fue intentar contactarte a través de la Fundación Nao Victoria,  pues en el artículo se leía que él había depositado la campana en el galeón Andalucía, que en ese entonces estaba dando la vuelta al mundo, formando y reclutando a personal para el nuevo barco, a modo de escuela, y también van promocionando la marca España por el mundo. "Tras explicarle al capitán de la Nao Andalucía que la campana debía llegar a España y, una vez aquí, yo la haría llegar a Canarias, supe que todavía le quedaban dos años de navegación. Yo me consolaba pensando que así tendría tiempo de organizarlo todo, pero mi preocupación era que nadie en la Fundación sabía nada del tema".

"Ha sido una lucha y yo solo pensaba qué pena, se va a perder esta campana por el camino". Carmen Concepción reconoce haber tenido verdaderos momentos de inquietud, "pero en mi cabeza no paraba y, como podía, seguía buscando al abogado estadounidense".  Descubrió que tenía un despacho en Portland y mucha más información sobre él que resultó vital a la hora de contactarle. "Descubrí que era héroe nacional porque ayudó a muchísimas personas".

Valga la redundancia, la campana 'suena' cuando una guía inglesa que trabaja en La Palma, aficionada a los temas marineros y autora de un blog, publica casualmente ese artículo, porque a ella también le había llamado la atención la campana. "Sin pensármelo dos veces contacté con ella y me explicó que se encargaba de llevar a los visitantes a la que fue la casa del armador del barco La Verdad,  que hay que visitarla aquí, en Santa Cruz de La Palma, porque tiene mucha historia, es un muy bonita y hacen visitas guiadas. Resulta que ese armador es el que construyó La Verdad".

"Todo es un cumulo de casualidades", subraya la directora del museo naval. "Sheila, al ser británica y tener mejor inglés que el mío, me ayudó a contactar con el señor Cox, pues yo ya había tratado de encontrar al periodista Max Wilson, que era quien le había hecho la entrevista en el Herald. Di con él pero me dijo que era itinerante y que no podía ayudarme, que ya no tenía su contacto. Una lucha, vamos".

ImageThomas Cox con la campana| CEDIDA

La que marcó la diferencia, en este caso, fue Sheila, la guía británica. "No sé cómo lo hizo, pero ella llegó a Cox y le contó que yo estaba interesada en contactar con él. Con su e-mail y su teléfono empezamos a hablar. Él se emocionó muchísimo al saber que tenía incluso más valor del que el pensaba y le dije que esa campana tenía que venir aquí", recuerda. 

En una segunda entrevista en el Herald, el propietario ya anunció que la campana iba a regresar a Santa Cruz de La Palma. El siguiente paso fue contactar con Huelva, cuando la tripulación llegó a su destino. "Hablé con la Fundacion y me dijeron que, efectivamente, la campana estaba allí, que la tenían en el barco, así que imagínate".

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Casa Buenavista de la familia Yanes, propiedad de la familia de los armadores del velero | CEDIDA

A Carmen Concepción le ofrecieron la posibilidad de viajar a Huelva y llevarse la campana en avión. "Después de tanta lucha esto no podía acabar así, que yo fuese a Huelva en un avión y trajese una campana por este método". Como en una visión, soñó con "un barco que la trajera hasta su hogar, La Palma", y, con la misma determinación con la que todo se fue recolocando desde el principio, surgió esta posibilidad.

"Me comentaron que estaban terminando de construir la Santa María, que iba a viajar hasta América. Y claro, ellos me lo dicen así, con esa naturalidad, y yo les dije ‘nonono, es que la campana me la van a traer ustedes’", se ríe.  "Me dijeron que, si yo lograba traer el barco hasta aquí, financiarlo y todo lo que eso conlleva, lo harían", afirma. Y así fue.

El pasado mes de enero, Carmen Concepción viajó hasta Tenerife a hablar con la Autoridad Portuaria y "a Ricardo Melchior no tuve que explicarle casi nada para que me dijera que sí. Él me abrió la primera puerta, el atraque gratuito y aportó también una cantidad, lo mismo el Cabildo de La Palma, y por fin tenía el importe que necesitaba para traer el barco. Yo solo pedía eso".

"También estoy en contacto con descendientes de los capitanes que llevaron el barco de La Verdad, pues me aparecen los nietos y biznietos del último capitán. Me pregunto qué más puedo hacer y qué mas puede salir de esto ahora", comenta satisefecha.

Con respecto a sus expectativas una vez llegue este objeto a La Palma, Concepción afirma estar "segurísima de que vendrá mucha gente a verla". Subraya, además, que "los museos están para mostrar, pues eso va a servir de gran logro y va a ser mi objetivo, hacer un llamamiento, por lo menos mientras yo este aquí. Mostrar estos objetos permitirá abrir mucho la historia que ha estado cerrada en libros, permitir que se conozca, se viva", asegura. 

Para ello, anuncia que van a hacer una exposición en una sala de unos 40 metros en la que van a exponer desde la gorra del capitán, fotografías, etc. "Creo que va a ser una exposición muy bonita. Se inagurara el mismo día. Tenemos dos semanas para montarla pero creo que lo vamos a conseguir porque hay mucha fuerza y energía y la gente se ha implicado muchísimo, entonces creo que va a ser un importante reclamo turístico y a nivel regional también que vale la pena visitar la exposición y ver la campana, tocarla, escuchar cómo suena".     
                                           

Un poco de historia: La saga de carpinteros de ribera de los Arozena 

Una exposición temporal celebrará el retorno de la campana de La Verdad, con piezas inéditas que no se han mostrado al público hasta ahora

Tres generaciones de la familia Arozena construyeron en el plazo de un siglo cerca de un centenar de embarcaciones en la rada de Santa Cruz de la Palma, que fue a lo largo del siglo XIX el principal foco de construcción naval de Canarias. El retorno de la campana de La Verdad a la isla, 120 años después de su naufragio en Bermudas, ha traído a la actualidad esta edad de oro de la vida marítima palmera, que fue también una etapa de desarrollo socioeconómico insular, en la que en gran medida se pusieron las bases del despliegue de la agricultura de exportación en la isla a lo largo del siglo XX.

Los Arozena, de origen guipuzcoano, llegaron a construir embarcaciones de más de quinientas toneladas en La Palma, una gran parte de ellas dedicadas a la carrera americana, dentro del intercambio comercial con Cuba que dio lugar a ese momento de prosperidad económica en la isla, que se reflejó en mejoras en la agricultura y la construcción de una serie de haciendas, que se asocian en la isla a la figura del indiano.

Entre ellas, la más llamativa es la Casa Buenavista, perteneciente a la Casa Yanes, edificada en el risco de la Concepción, en un privilegiado emplazamiento sobre la Bahía de Santa Cruz de La Palma. El origen de la hacienda está en los réditos que esta casa de armadores tuvo en el comercio con Cuba, con una serie de grandes veleros, entre ellos La Verdad, botada en 1873. Ello permitió a Manuel Volcán construir este singular edificio, hoy reconvertido en alojamiento rural y espacio para eventos, que es una copia de la embajada de Siam en París. La idea le vino a este empresario en una visita a la capital gala en su condición de cónsul de Francia en la isla.

La pericia naval de los Arozena tiene un valor añadido, como es la pervivencia de un importante patrimonio manuscrito de los planos y anotaciones que hicieron de los barcos que construyeron. Este material es único en Canarias, ya que si bien existió también actividad constructiva en otras islas como Tenerife y Gran Canaria, en esta última fueron muy activos los astilleros de San Telmo, lo cierto es que no ha quedado registro por escrito de este trabajo.

En el caso de la familia Arozena, la segunda generación que fue la que construyó los grandes veleros de la línea americana, formada por los hermanos Arozena Lemos, ha dejado un importante legado material: una parte de éste se encuentra repartido entre el Museo Insular y el Museo Naval de La Palma, mientras que existe otra parte importante de planos y manuscritos que permanecen en manos privados, conservados por los descendientes de la familia principalmente.

Una parte de este legado patrimonial va a poder verse por primera vez en La Palma en la exposición temporal que con motivo de la donación de la Campana del velero La Verdad al Museo Naval se va a montar en el Centro de Interpretación de la Bajada, sito en la calle Virgen de la Luz junto a la Plaza de Santo Domingo.

En esta muestra va a poder contemplarse el Atlas de Construcción Naval de los hermanos Arozena Lemos, que representó a España en la Exposición Universal de Filadelfia, Estados Unidos, en 1876 y fue premiada con una medalla de oro. También podrán verse una serie de planos de algunas de las embarcaciones construidas o proyectadas por los Arozena, entre ellos los planos del célebre velero La Verdad y una serie de materiales diversos como cartas, útiles náuticos y otros que pertenecieron a los constructores, armadores y a los capitanes de La Verdad.

Este viaje de tornavuelta, como se llamaba al regreso en los viajes a América, vuelve a poner de actualidad los especiales lazos que la isla de La Palma ha mantenido siempre con la otra orilla del Atlántico, que han dejado una impronta en la cultura palmera que en cierta forma la convierte en la más antillana de las islas de este lado del océano.