Santiago Llorente (III parte)

El 26 de mayo de 2008, sin haber acabado la temporada 07/08, aunque ya con casi todo el pescado vendido tras el desplome –cuatro puntos de 24 posibles– de aquel Tenerife que dirigía José Luis Oltra, la entidad blanquiazul presentó a su 'nuevo' director deportivo para las siguientes tres temporadas: Santiago Llorente Merino (Valladolid, 1950). Nada especialmente destacado si no fuera porque era ¡la tercera vez! que la entidad organizaba este acto con el mismo director deportivo. Presente en el club de alguna u otra manera durante casi veinte años –porque si no estaba él directamente, sí que habían algunos de sus fichajes– es una referencia ineludible para entender la historia del Tenerife en este período. Y hay que convenir que, globalmente, ha sido de las mejores de su historia.

En su última presentación, por ahora, como director deportivo del Tenerife, Llorente no estuvo muy dicharachero. Nunca lo ha estado. No se fue más allá de los tópicos conocidos: “vengo con la misma ilusión de la primera vez y dispuesto a trabajar desde el primer día”, “hay que cuidar al máximo la cantera para que dé más frutos de los obtenidos hasta ahora”... También repartió elogios para su antecesor y para el técnico. Forma parte de su manual. Ha recibido descalificaciones, insultos y gravísimas acusaciones, pero de su boca jamás ha salido una respuesta pública. Y es muy difícil que lo haga. Para los casos en los que el periodista le pregunta por un jugador que jamás interesó o una crítica destructiva, siempre tiene la opción de aplicar otra frase de su manual: “Sin comentarios”.

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Presentación de Santiago Llorente

En sus tres etapas en el Tenerife (1989-1995, 1998-2000 y 2008-2011) presenta luces y sombras. Y un análisis del más de un centenar de contrataciones realizadas durante su mandato obligaría a escribir un libro; y aquí sólo disponemos de espacio para unas quinientas palabras. Además, en un tiempo en el que se prefiere imponer a analizar, tanto los amiradores como los detractores tiene razones para no abandonar sus posiciones. Sin hacer un gran esfuerzo, podemos encontrar al menos veinte o treinta fichajes de un rendimiento sobresaliente o cercano a la matrícula. Y también podemos encontrar, aunque haciendo un esfuerzo quizás mayor, otros veinte o treinta jugadores que han ofrecido una trayectoria decepcionante en el Tenerife. Algunos de ellos, eso sí, tras llegar a la Isla con los mejores avales de éxito.

En cualquier caso, sus tres etapas pueden considerarse globalmente satisfactorias, incluyendo la que empezó en mayo de 2008, por mucho que abandonara el club en diciembre de 2010, con el equipo camino de Segunda División B. Porque no hay que olvidar que las contrataciones (y las renovaciones) realizadas el verano previo generaron una respuesta favorable de los aficionados, que acudieron a adquirir su abono en un número jamás alcanzado en Segunda División... y que no se ha superado desde entonces. De las dos primeras etapas hay menos dudas: en la primera construyó un equipo que le dio al Tenerife un estilo y una identidad. Y además, muchísimos éxitos. Y en la segunda, detuvo un disparate y con retales fabricó un conjunto capaz de ascender a la élite.