Remontada ante el ‘campeón’

El Real Victoria era el mejor equipo de Canarias en 1925. Al menos eso decían en Gran Canaria. Bueno, en realidad afirmaban que era uno de los mejores equipos del planeta... aunque ni siquiera tenía la supremacía del Archipiélago. Ni el Victoria, ni nadie, pues no había campeonato oficial ni oficioso que otorgara ese título. Los intentos anteriores habían acabado en retiradas, broncas y escándalos de todo pelaje. Y en los años veinte, los deseos de dar continuidad a un título regional, con la creación de la Copa Lucana, no fructificaron.

En Tenerife tampoco se había organizado un torneo que permitiera designar al campeón insular, pero no había dudas de que la supremacía local estaba en manos del Tenerife. Casi dos años de imbatibilidad ante los equipos de la Isla así lo atestiguaban. Y también había obtenido importantes triunfos contra el Marino y otros equipos de Gran Canaria. Ante el Real Victoria, en cambio, llevaba casi dos años sin jugar. La comparación se establecía a través de los rivales peninsulares o extranjeros que visitaban el Archipiélago.

Así, en 1925 el Victoria había superado al Unión de Funchal (2-0), al Español de Barcelona (1-0) del mítico Ricardo Zamora y al Sevilla (3-2), algo que el Tenerife no pudo hacer. Además, el equipo grancanario había realizado una gira peninsular con resonantes victorias ante Castellón (1-3 y 0-4) o Sants (1-2), empatando (1-1) en Mestalla frente al Valencia. Para el ‘canarión’, era señal inequívoca de que el Victoria merecía el título de campeón regional. Y punto. Y su convencimiento se iba a plasmar en ineludible realidad el 23 de octubre de 1925.

Ese día, en el nuevo Stadium que acababa de inaugurarse en la capital tinerfeña, estaba previsto que vapuleara al Tenerife. Los pronósticos parecían cumplirse: pese a las bajas de Oramas y Padrón, fichados por el Español de Barcelona, los blanquinegros ganaban 0-2 a los siete minutos con dos tantos de Álamo. Junto a él, presentaban figuras como el guardameta Correa, el defensa Rafael González –que sería leyenda del Español– o el interior Hilario Marrero, internacional absoluto y bicampeón de Liga y Copa con el Madrid.

El Tenerife alineó esa tarde a: Pascual; Rodríguez Bello, Manuel Cabrera; Barroso, Cárdenes, Sebastián Gil; Torres, Ángel Arocha, Ramos, Graciliano Luis y Antonio Pérez. Anulado Arocha –figura blanquiazul pese a tenere tan solo 18 años– por el marcaje de Rivero y Martín, los blanquiazules buscaron a Graciliano Luis, un fenomenal interior zurdo que primero resolvió un barullo en el área local y a la media hora empató en la suerte que mejor dominaba: al empalmar “un gran chut con el pie derecho, desde fuera del área”.

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Ángel Arocha vistiendo la camiseta del FC Barcelona.

El ida y vuelta fue continuo y, antes del descanso, Arocha, de penalti, puso en ventaja (3-2) al Tenerife. Sin embargo, en la reanudación, el árbitro sancionó a los locales con dos penaltis. El primero lo transformó el especialista González, pero Pascual detuvo el segundo. A poco del final, cuando el empate parecía irremediable, los locales marcaron el 4-3 definitivo, un gol de antología. “Torres regatea a dos defensas, avanza por la banda derecha y centra al área, donde Arocha se lanza en plancha para cabecear a la red”, cuenta la prensa local.

Hasta invasión de público hubo. Para abrazar al joven delantero y para celebrar el triunfo ante el que la prensa grancanaria consideraba “el mejor equipo de Canarias y de fuera del Archipiélago”.