Rafael Pineiro, médico especialista en Miami: ”La manera de enfrentar a la epidemia de la covid-19 nunca ha sido científica, sino política”

Tubigú

Rafael Pineiro López reside en Miami; una ciudad-puerto ubicada en el suroeste de Florida, Estados Unidos. Nacido en Cuba hace ahora 51 años. Trabaja en la especialidad en la rama de medicina Emergency Care. Médico especialista que trabaja diariamente en contacto directo con pacientes sospechosos y positivos del coronavirus.

A la pregunta de esta nueva pandemia del siglo XXI, el doctor cubano manifestó que “cada cuatro o cinco años un nuevo brote viral sacude al mundo. Así ha sido desde siempre. Y así seguirá siendo. Como casi toda infección respiratoria, este Coronavirus se trasmite por droplets, por lo tanto, el aumento exponencial de casos no significa que el mundo se está acabando, es parte de la evolución natural de este tipo de epidemias. Y si se trata de ser justos, en verdad tendríamos que citar como pandemias anuales todas aquellas infecciones respiratorias causadas por virus estacionales a la usanza de rinos y adenovirus, influencias y para influenzas que, por su distribución geográfica e índice de incidencia, causan morbilidad en millones y millones de pacientes”.

En lo que respecta a la presencia del virus si ha sido provocado por la mano del ser humano o por castigo de las leyes de la naturaleza, el especialista en medicina confesó que “podrá estarse analizando, lo cual me parece estupendo, que el Covid-19 haya surgido en un laboratorio chino quizás con el objetivo de dañar a Occidente, pero para serles franco, me resulta muy poco seria y probable esa hipótesis. Me parece más bien, la elucubración teórica, una respuesta de Occidente ante la vergüenza de haberse dejado doblegar (aún no sabemos las verdaderas razones) por un virus respiratorio de moderado poder de trasmisión y bajo nivel de mortalidad”.

Acto seguido siguió argumentando que “el comunismo chino, todos lo sabemos, no sólo es cruel y voluntarioso, sino también despiadado y ambicioso. Sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de obtener la supremacía mundial en esta eterna guerra de poderes. Pero… de haber creado un virus para doblegar al resto de las naciones del mundo, ¿no habría sido esta versión light de un Coronavirus cualquiera? Si quieres poner de rodillas a Occidente, ¿por qué no hacerlo con un virus atroz y luego aparecerte con la cura? La evolución de este Coronavirus parece más propia de un proceso natural que otra cosa. Todos los años los virus mutan una pequeña porción de su cadena genética y adquieren nuevas características patológicas”.

En ese análisis profundo de la pandemia actual, el joven doctor prosiguió argumentando que “teniendo en cuenta los antecedentes una de las últimas pandemias que enfrentamos antes del actual affaire, aquel subestimado H1N1 en su nueva versión del siglo XXI que enfermó a nivel global a un billón de personas y mató a quinientas mil, al que Occidente prácticamente ignoró… teniendo en cuenta esos antecedentes, lo lógico es que el arma biológica china hubiera sido un virus muy potente que superara por mucho las estadísticas de aquella cepa de Influenza para así poder crear terror, que es el objetivo primordial de una guerra biológica. Pero no ha sido así. Las posibilidades reales de que te contagies o mueras por el Covid-19 son realmente muy bajas. Sin duda, señala Rafael Pineiro, “muchas de las pandemias que hemos padecido a lo largo de la historia han presentado un mismo patrón de diseminación al de este virus, incluyendo a la tristemente célebre Yersinia Pestinis que surgió en la China continental y luego se diseminó a Europa a través de los puertos italianos, matando a un tercio de la población durante aquella época terrible de la Peste Negra”.

Es por ello, insiste el entusiasta especialista cubano, residente en Miami, “me parece mucho más preocupante (que tratar de estar culpando a China del affaire Covid), la manera en que la mayoría de las naciones desarrolladas de este mundo han afrontado esta emergencia, poniendo el pescuezo en la guillotina de la incertidumbre y dejando entrever cuán frágiles son nuestras sociedades y cuán fácil es poner en jaque las libertades ganadas a lo largo de la historia. Quizás este germen haya salido, ciertamente, de algún laboratorio chino. Habría sido una chapucería mayúscula que le hubiera acertado de chiripa al número de la lotería. Pero de lo que si pueden estar claros, amigos míos, es que para la próxima vez que el comunismo chino quiera aterrar s las naciones civilizadas, solamente tendrá que soltar al aire un catarro moderado y entonces sí que nos pondrá a todos de rodillas”.

Por otro lado, y en lo que respecta a la tan deseada vacuna como antídoto contra la Covid-19, Rafael Pineiro no dudó en señalar que “no creo en milagros, creo en evidencias empíricas. Reconozco que todavía no me he vacunado contra el Covid-19 y por ahora no tengo planes de hacerlo. A pesar de estar en contacto directo a diario con pacientes sospechosos y positivos, no me he contaminado aún y, además, las consecuencias clínicas de una inmensa cantidad de esos pacientes positivos son, la mayoría de las veces, inferiores a los efectos colaterales causados por la vacuna. En todo caso, jamás he sido un alabardero de las causas de antivacunación, todo lo contrario. Pero en este acápite, aún no
me decido a animar a mis pacientes a vacunarse hasta tener mayor evidencia de la respuesta inmunológica que pueda generarse. No ayuda en lo absoluto que instituciones burocráticas de salud y hasta profesionales del gremio afirmen con convicción de que no existe seguridad alguna acerca de las propiedades preventivas de las vacunas contra el Covid-19”.

A la pregunta si este virus pandémico es inteligente, el entusiasta doctor dijo que “todos los virus patógenos son inteligentes, pues mutan y evolucionan de acuerdo con las circunstancias que los rodean. El Covis-19 no es la excepción. De convertirse en una epidemia estacional, nos tropezaremos con nuevas cepas del germen cada año, tal y como sucede ya con otra inmensa cantidad de virus”.

En lo que se refiere a las mascarillas sin son una solución o un negocio, Rafael Pineiro comentó que “la máscara no debe ni puede ser obligatoria. Que se ejerza la responsabilidad individual en su uso. Quien no quiera contagiarse, que la lleve puesta. Quien tenga síntomas respiratorios, que la porte si lo estima conveniente. ¿Los pacientes enfermos por Covid? 14 días para la casa tras un PCR positivo y retomarse el test al término de ese tiempo. ¿Las medidas básicas? Evitar moloteras, lavarse las manos, alimentarse y dormir bien. Si tienes comorbidades, extrema las precauciones, usa alguna mascarilla efectiva y no beses a la novia enferma. ¿Por qué han cambiado las reglas de la Epidemiología moderna de la noche a la mañana, al punto de constituirse en nuevas reglamentaciones “morales”?

Una breve pausa, y el mencionado doctor especialista prosigue la pregunta: "en todo caso, el cambio de reglas, unido a las cuarentenas excesivas para “aplanar las curvas” sólo han traído un aumento en la persistencia del virus y el caso de nuevos positivos. Y no, no es cierto que los cierres draconianos hayan causado mejoría alguna. Los hechos son claros y relevantes. Vivimos en los tiempos de la distorsión y manipulación de las ciencias, todo en aras de escapar al miedo de enfermarnos. Las sociedades son frágiles, y lo retrocedido sabe Dios si alguna vez llegaremos a recuperarlo".

Por otro lado, sigue comentando Rafael Pineiro, “es cierto que las mascarillas ayudan a protegernos de infecciones respiratorias por droplets. El problema es que su uso obligatorio responde más a un mecanismo de control social que a una medida epidemiológica sensata. Lo hemos visto en la práctica durante el último año. Por poner un ejemplo simple de que la uniformidad no es un parámetro científico para considerar, en el sur del estado de la Florida, en los condados de Dade y Broward, donde el uso de mascarillas es obligatorio, el número de casos positivos por Covid ha sido muy superior al del resto de condados del estado, donde las normas de confinamiento han sido extremadamente leves. Hay mucho de negocio, pero sobre todo de distribución de cuotas de poder, en los mandatos de cuarentena y uso obligatorio de mascarillas”.

Sobre la OMS, no dudó en señalar que “la OMS es una inmensa organización burocrática que responde más a intereses políticos que a evidencias empíricas. Ningunos de sus mandatos son serios ni racionales”.

Como no podía ser menos, a la pregunta de ¿si sirvió de algo el confinamiento del inicio de la pandemia en el 2020?; el doctor no tuvo dudas en confesar que “ 54 mil 502 profesionales de la salud, investigadores médicos, científicos y epidemiólogos hemos firmado la Declaración de Great Barrington, lidereados por el Dr. Martin Kulldorff, profesor de medicina en la Universidad Harvard, especialista en bioestadística y epidemiólogo experto en la detección y monitoreo de brotes de enfermedades infecciosas y evaluaciones de seguridad de vacunas, por la Dr. Sunetra Gupta, profesora de la Universidad de Oxford, epidemióloga experta en inmunología, desarrollo de vacunas y modelación matemática de
enfermedades infecciosas, y por el Dr. Jay Bhattacharya, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, médico, epidemiólogo, economista de la salud y experto en políticas de salud pública, enfocado en enfermedades infecciosas y poblaciones vulnerables, donde sostenemos que: “las actuales políticas de confinamiento (lockdown) están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo. Los efectos (para mencionar sólo algunos) incluyen tasas de vacunación más bajas, empeoramiento en los resultados de enfermedades cardiovasculares, menores detecciones de cáncer y deterioro de la salud mental—lo que conducirá a un mayor exceso de mortalidad en los próximos años, siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad aquellos sobre los que recaerá el peso más grande de estas medidas”.

Un ligero respiro y la continuidad de la pregunta sigue su curso, aludiendo que “lo que ha dicho, por ejemplo, el premio Nobel en química y director del laboratorio de biología estructural de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Michael Levitt, es una obviedad científica: las cuarentenas no funcionan y tampoco salvan vidas. Efectivamente, y como yo he repetido hasta el cansancio, los confinamientos son recursos medievales que, lejos de amainar las cifras de decesos, probablemente las aumentan. Italia y España son el ejemplo paradigmático, luego que tras un mes de confinamiento absoluto el porcentaje de letalidad se disparara. Muy poca gente echa mano a estas
estadísticas tan preclaras, lo cual es una lástima. Y otra cosa que también hay que tomar en cuenta es el hecho de que, más allá de las consecuencias periféricas de los lock downs (derrumbe de las economías, escasez de servicios básicos, supresión de libertades individuales y un larguísimo etcétera) al aplanarse las curvas de contagios se provocan un par de efectos negativos: se entorpece el importante acápite de la formación de inmunidad colectiva y, además, se aumenta la latencia o sobrevida del germen, por lo que la repetición de oleadas se vuelve frecuente e imparable”.

En lo que se refiere, a China, con respecto al virus, como el país más seguro en la actualidad, el valiente doctor con raíces cubana dijo que “en China acaeció la apoteosis del totalitarismo. Calles desiertas, comercios vacíos, brigadas de vecinos chivatos buscando como perros sabuesos a posibles enfermos, policías controlando salvoconductos y permisos… Histeria asiática, temor al rígido control del comunismo chino y al virus respiratorio al mismo tiempo. Clases virtuales, chillidos temerosos en las redes… Lo que hoy sucede en Occidente es una repetición minuciosa de los sucesos de Pekín. Ni allí ni acá las cifras cuadran. El control estricto del gobierno causó el terror entre la gente. Filas inmensas en los hospitales, doctores y enfermeros contagiados con fiebre y malestar general, ancianos muriendo en las salas de emergencia… Aun así, poco puede justificar la inmensa histeria colectiva. Que China hoy en día esté viviendo una vida alejada de las cuarentenas obligatorias y que, al mismo tiempo, se encuentre a un paso de ejercer un control inusitado sobre la geopolítica mundial, es algo a tomar en cuenta”.

Otras de las preguntas que se hace la humanidad es cuando acabará esta pandemia de este siglo XXI. Sobre ello comentó que: “el tiempo que los gobiernos y las instituciones determinen. La manera de enfrentar a la epidemia del Covid nunca ha sido científica, sino política”

Por último, y en lo que se refiere a otra forma de vivir a partir de ahora; Rafael Pineiro se despidió argumentando que “al decir de los lineamientos promulgados por el Foro Económico Internacional, en un futuro próximo, y gracias al aprendizaje del enfrentamiento a la “brutal” pandemia, todos seremos felices sin ser dueños de nada. Ya vivimos en un nuevo mundo, aterrador por su naturaleza totalitaria y por su cariz oscurantista y anticientífica. Nada puede cambiar esa triste realidad. El daño a las libertades individuales, a estas alturas, es totalmente irreversible.

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