Primera derrota ante un rival tinerfeño

El Tenerife no fue siempre el representativo a nivel insular o provincial. Así, en la primera mitad del siglo XX mantuvo una dura rivalidad contra el Norte de Puerto de la Cruz o el Hespérides de La Laguna, por citar algunos ejemplos. De hecho, pugnaba contra otros muchos equipos que le discutían la supremacía en la capital insular como Real Unión, Iberia, Salamanca o luego Price. Y antes lo hizo contra Castro, Fomento, Luz y Vida, Rival o Laurel. De hecho, algunos le arrebataron más de una vez la condición de mejor equipo de la Isla.

Eso sí, desde su refundación en 1922, el Tenerife mantenía su condición de invicto a nivel local. Había caído con el Marino de Las Palmas en la accidentadísima final de la Copa Lucana, frente al Marítimo de Funchal (Portugal) o contra el Real Vigo, que en 1923 visitó la Isla. Ante todos ellos se había tomado luego cumplida revancha y también había obtenido un resonante éxito en su duelo con el Real Victoria (Gran Canaria) en la final de la Copa La Suprema. Y es que bajo la presidencia del 'aviador' Mario García Cames había logrado reunir a los mejores jugadores de la Isla. 

Así, tras la disputa de más de cincuenta encuentros, seguía sin perder ante un adversario local. Lo hizo por primera vez el 27 de enero de 1924 contra el Iberia, representante del barrio del Toscal, en el viejo campo de la calle Miraflores y tras la disputa de un preliminar de categoría infantil. Fue un Tenerife-Imperial que se resolvió a favor de los primeros, un equipo en el que ya despuntaba Ángel Arocha, un niño que esa tarde fue una de las ausencias del primer equipo, que ese domingo tampoco pudo contar Emilio Baudet, su portero titular. 

El Tenerife tampoco pudo alinear a Rodríguez Bello, su mejor defensa, ni a elementos tan destacados como Núñez, Francisquillo, Antonio Pérez o Barrios. En todo caso, presentó un once muy digno: Llombet; Ramos, Antonio Arocha; Víctor, Siliuto, Cárdenes; Croissier, Sebastián, Barroso, Padrón Silvera y Agustín. Pero eso no le bastó ante un Iberia que ya lucía camiseta blanquinegra a rayas verticales y calzón negro y que se impuso por 2-1 con una portentosa actuación de Rafael Morera, mito del fútbol tinerfeño que haría carrera en el Real Madrid. 

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 López y Morera, estrellas del Iberia 

 
Recuperándose aún de la marcha del presidente-fundador García Cames a Pernámbuco (Brasil) para ejercer de cónsul de Uruguay, el Tenerife estaba enfrascado en la construcción de un nuevo campo de juego en la calle San Sebastián, lo que hoy es el Heliodoro. Por todo ello, la derrota pasó desapercibida para los rectores del club, pero no para el mejor cronista de la época. Se trataba de R., seudónimo de Domingo Rodríguez, fundador décadas después de 'Jornada Deportiva', quien restó importancia a las bajas del Tenerife y se centró en su mal juego. 

“Las causas de lo sucedido no hay que buscarlas ni contando cuántos jugadores había del primer equipo y cuántos del segundo, ni creyendo que sin Baudet el Tenerife no es persona”, señalaba don Domingo, quien agregaba que “las causas de la derrota hay que distinguirlas viendo jugar a los dos equipos y juzgando luego serenamente la labor de conjunto y la labor individual”. Dicho queda.