La capacidad de reinventarse de Tejidos Casiano

La historia de Tejidos Casiano puede resumirse en dedicación al trabajo, por mantener a flote un legado familiar al que nunca le ha faltado relevo generacional, así como en la constante adaptación a los nuevos tiempos y necesidades del cliente. Todo ello para lograr sacar adelante este negocio pese a las diversas crisis que obligaron a cerrar muchos comercios a su alrededor. Así ha conseguido mantener sus puertas abiertas más de un siglo, ofreciendo a los ciudadanos de La Orotava una atención personalizada y la garantía de calidad de sus productos.

Tejidos Casiano es mucho más que un comercio textil. Se trata de una empresa familiar que ha superado muchas adversidades y ha mantenido sus puertas abiertas pese a todo. Ha pasado de abuelos, padres, hijos, sobrinos y nietos hasta formar parte de la historia de La Villa de La Orotava.
Casiano García Feo la fundó hace 114 años con el objetivo de ofrecer sus productos a todo aquel que los necesitara.
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Casiano García Feo el de la izquierda | IMAGEN EFEMERIDESTENERIFE

Su nieto, César Hernández, quién asegura que le quedan dieciocho para llegar a los cien años, lleva toda su vida en el negocio familiar: en concreto 42 años detrás del mostrador, más otros tanto como dueño.“Mi abuelo Casiano lo inauguró en 1903. Antes vendía de todo, pero se especializó en tejidos. Empezó trabajando en El Globo, en Santa Cruz, marcando mantas. Después decidió abrir una tienda en La Orotava”
.

Casiano se casó y tuvo cinco hijos. “Los dos primeros estudiaron aquí y después fueron a Inglaterra. Cuando vinieron en el año 30 los dos empezaron a trabajar en el negocio y le dieron otra vuelta mayor, se hicieron mayoristas. De hecho, yo estuve en la tienda desde que era chico”, afirma César.

Según fueron pasando los años, la competencia iba en aumento. “Quitamos el por mayor de tejidos porque teníamos que bajar el precio mucho para la competencia y no valía la pena”
, aclara. Y así comenzó la clave de la longevidad de este establecimiento, adaptarse a las necesidades del cliente y las exigencias de un mercado siempre cambiante.

César estudió en el colegio de Los Salesianos y luego continuó sus estudios de comercio en Barcelona, Inglaterra y por último, en Tenerife. En los años cincuenta estuvo trabajando con su tío, que también se llama Casiano, en la calle San Agustín 5, donde abrió la parte de tejidos. Él se iba dos meses a Barcelona, en primavera y en otoño, para comprar y a buscar fábricas porque aquí no había”.
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Cartel antiguo del establecimiento | IMAGEN TODOCOLECCION.NET

Al fallecer su abuelo y su tío tuvo que trabajar mucho para poder mantener el comercio abierto. “Hacienda me iba pedir el 75 % del valor porque la herencia es de tío a sobrino, pero yo les dije que era un empleado, que estaba casado y no disponía del todo ese dinero. Si lo ahorraba sí, y me dejaron cinco años para poder pagarla. Ganaba 3.000 pesetas de entonces". 

Eran épocas muy duras y César trabajó en todo tipo de labores para lograr que el negocio familiar se mantuviera a flote como representaciones, fábricas, cargar camiones, etc. “Yo a mis hijos sólo los vi cuando fueron mayores, porque cuando llegaba estaban dormidos y cuando se levantaban ya no estaba”.

Readaptaciones constantes
La supervivencia de su negocio ha estado siempre marcada por el trabajo duro y las continuas adaptaciones necesarias para hacerlo sobrevivir a las exigencias de cada época. “Hemos tenido unas crisis fatales pero esta última fue peor que todas las demás. La peor, aunque la del 85-86, que fue la del petróleo, fue horrorosa también”.

Otro momento de readaptación comercial importante para el negocio tuvo lugar en los años 60, cuando el Puerto de la Cruz empezó a evolucionar con el turismo. “Montábamos hoteles y residencias. Al cabo de 10 años los establecimientos hoteleros los fueron arrendando y vendiendo a la cadena Sol o Meliá. En esa época ya no compraban aquí, sino donde ellos tenían sus centrales: Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca. Nosotros no podíamos competir con eso y tuvimos nuevamente que buscar alternativas en el mercado”.

Según pasaban las crisis, las modas y los años hubo que reinventarse. “Hay cositas que se van juntando y tienes que buscar otra cosa. Por ejemplo, las maletas Sansonite, que el primer año fueron fenomenal, el segundo fue bueno, ya no tanto como el primero. Yo tenía la exclusividad pero luego no fue así”.

También trabajó tapicerías, colchones o perfumería, entre otras cosas. Incluso llegaron a traer cortes de traje únicos y de caballero también desde Barcelona. "Antes tenía corsetería, artículos de hogar, trajes de mago de aquí y de Los Realejos, mercería, pasamanería, cortinas... Todos los días hay que buscar cosas para mantener vivo el negocio. Piensa que antes vendían solo dos tipos de almohadas y ahora hay 14 tipos distintos”, afirma.
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César Hernández | IMAGEN AH

Recuerda, asimismo, cuando las señoritas de la época también acudían a la tienda para preparar la dote. “Antes, la familia venía a por la dote y eso ha desaparecido. Había chicas que se iban preparando desde que eran niñas. Venían las señoras, se sentaban en una silla y te pedían, 'mire, deme esto o deme lo otro'", afirma César recordando su juventud.

Pero, con el tiempo, las modas cambian y las necesidades de la gente también. Por este motivo, explica que optaron por poner pijamas de señora y caballero y quitar la corsetería. "Seguimos cambiando cosas porque no es lo mismo antes, después y ahora”, remarca.

A pesar de ser muy conscientes del trabajo que exige este tipo de establecimiento comercial y no haber dudado un minuto en dedicar su vida a sacarla adelante, César estuvo a punto de cerrar la tienda hace 17 años. “Mi hijo está aquí desde el 97, terminó la carrera y le dije que en el 2000, si no hay nadie, iba a cerrarla. Aquí está’.
Relevo generacional
El nuevo encargado de la misma es César, llamado igual que su padre, y quien también creció entre tejidos y productos del hogar ”De pequeño veníamos a ayudar a doblar con mis hermanos. Antes era una cosa más personal y un cliente era como un amigo y los representantes igual", comenta.
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César Hernéndez padre e hijo | IMAGEN AH

Insiste en que en muchas ocasiones ha sido la amistad una de las claves que ha marcado más su negocio, pues "compras a determinados representantes por amistad, pero ya muchas fábricas han desaparecido con la crisis y hay que seguir adaptándose y adquiriendo productos a otros”. 
Esta constante lucha por su readaptación sin perder su esencia han llevado al Ayuntamiento de La Villa de la Orotava ha homenajear a Tejidos Casiano, alabando especialmente su labor y su capacidad de reinventarse pese a los años, las crisis y las necesidades de las personas junto con otros comercios de la zona.