¿Qué tendrán las pantallas de los móviles?

¿Debemos prohibir los móviles en los colegios e institutos? Esa pregunta me ha llegado varias veces en los últimos días a través de distintas redes sociales -por cierto, en este mundo a pesar de ser un "contrapatallas" de móviles, como yo me califico, tenemos que estar cerca del espacio cibernauta-. Además, me analizo y dicho interrogante, con el que abro la reflexión, yo lo tengo superado. Mi respuesta es un "sí" rotundo. Soy de los que opina que hasta que los chicos -y mayores- no sepamos hacer un uso racional y por mera necesidad profesional o educativa, los móviles no pueden estar paseando a sus anchas por las aulas.
Desde pequeños piensan a través de una pantalla.
Siete y media de la mañana, salgo de mi casa hacia mi Centro. Hago varias paradas, entre ellas para dejar a mis retoños en su Colegio. Durante el camino, mientras escucho los comentarios de Herrera en la COPE, miro al otro lado del cristal del coche y qué veo, en su mayoría alumnos camino de su centro acompañados de la pantalla de un móvil. En la parada de guaguas, de autobuses, todo el mundo mira una pantalla de cristal, su día a día comienza contemplando al que creen su mejor amigo. Más abajo, sorprendente, me adelanta -menos mal- por la izquierda una furgoneta de reparto y -ya no me sorprendo- el conductor conduce con la mano izquierda, con la que coge el volante, con la derecha mantiene en ella un móvil. Acercándome ya a mi lugar de trabajo, mi Colegio, paso ante un transporte público, un servicio de Titsa, y los usuarios, los pasajeros, del ventanal que coincide con mi lado de conducción, absortos, están metidos en la mirada perdida a una pantalla o, sencillamente, escuchando música, que también sale de su mejor amigo, el móvil.
"Gloria Mark, titular del Departamento de Informática de la Universidad de California Irvine, comparó nuestra tendencia a chequear de modo compulsivo el correo electrónico y las redes sociales con nuestro comportamiento ante una máquina tragaperras"

Hace unos días, consultando cierta documentación en la Biblioteca de la Universidad de La Laguna, ULL, a pesar de que hay varios carteles en los que se desaconseja el uso del móvil, qué me encuentro, pues a varios alumnos que chateaban con alguien al otro lado con su querido aparatejo. No me extrañaría que, incluso, estuvieran chateando entre ellos mismos. Fue entonces cuando recordé aquella información que había leído hace unos meses sobre la inconveniencia de tener el móvil cerca, o el Whatsapp abierto, o el Instagram, durante las tareas académicas que se realizan. Decía EL PAÍS, "fue en torno al año 2004 cuando la profesora Gloria Mark, titular del Departamento de Informática de la Universidad de California Irvine, comparó nuestra tendencia a chequear de modo compulsivo el correo electrónico y las redes sociales con nuestro comportamiento ante una máquina tragaperras. Miramos el móvil porque buscamos una gratificación. Y la mera expectativa de poder obtenerla es suficiente para hacer que volvamos una y otra vez en su busca —recurrimos al teléfono entre 80 y 110 veces al día según distintos estudios—. Este comportamiento se mantiene gracias al llamado reforzamiento aleatorio (Randomly reinforced behaviour)". A esto que explica con total acierto, la profesora Mark, he escuchado a algunos alumnos, o a algunos adolescentes, cómo ellos mismos lo denominan con un vulgarismo muy locuaz "estar viciado". Bueno, la referencia clara que pretenden hacer es a la de que son personas tocadas por un vicio, las que hacen uso excesivo de cualquier herramienta digital. Llama la atención que ellos sean conscientes del error en el que se incurre con este tipo de acto, pero su inmadurez les lleva a caer continuamente en la necesidad de comunicarse con el móvil, a veces para evadir su propia realidad cercana. Está claro que nosotros educamos y la labor de poner cerco a este tipo de actitud es nuestra, de los adultos responsables, como bien los llamaría el juez Emilio Calatayud.
Jóvenes pegados a un móvil.
"Las personas muy inclinadas a la multitarea, los denominados heavy multitaskers, se demostraban más propensos a la distracción"

Por otro lado, sorprenden los siguientes hechos y cifras siguientes: "especialistas de Microsoft y del prestigioso Media Lab del Massachusetts Institute of Tech­nology, observaron que cuando trabajamos frente al ordenador cambiamos de pantalla (es decir, el foco de atención) cada 47 segundos... Los resultados mostraron que las personas muy inclinadas a la multitarea, los denominados heavy multitaskers, se demostraban más propensos a la distracción. Descubrió que cuanto más neurótica e impulsiva es una persona (y cuanto peor ha dormido), menor es su capacidad de concentrarse". Este último dato también lo informa EL PAÍS. He decirles que me sirvió recientemente para establecer un pequeño debate con unos alumnos durante una tutoría en la que les ofrecí 12 elementos -según Universia- para que mejorasen sus técnicas de estudio. Lógicamente una de ellas, muy importante hoy, es mantenerse alejado del móvil y las redes sociales durante esos momentos de tareas o estudio en casa o biblioteca, etcétera. Parece mentira tener que hacer esta recomendación, pero es que las herramientas digitales se han convertido en un dedo más de la mano de nuestros alumnos. La capacidad de concentración disminuye y, es una evidencia, hemos de reeducar, la mayoría de las veces, esta situación que ya se ha convertido en algo muy habitual o un mal hábito.  
Las tabletas en el aula, sí.
Las tables mejoran el aprendizaje y favorecen la realización de actividades cooperativas, permiten el desarrollo de habilidades cognitivas, así como la adquisición de las competencias básicas digitales

Las tabletas en clase
Sin embargo, lo digital sí cumple las expectativas deseadas dentro del aula. Las tabletas digitales, las tables, estas herramientas, cuyo uso está ya muy extendido en la enseñanza, mejoran el aprendizaje y favorecen la realización de actividades cooperativas, permiten el desarrollo de habilidades cognitivas, así como la adquisición de las competencias básicas digitales. El empleo de las tabletas digitales en clase, nada tiene que ver con la entrada o no del móvil en el aula. Hacer uso de una herramienta digital como mero apoyo del aprendizaje, hoy no es algo a pensar, sino algo a hacer en la medida y necesidad de la programación preparada por el profesor. Se puede hablar además de los innumerables aspectos positivos que ofrecen, como: aumentan las interacciones profesorado-alumnado, contribuye al cambio y a la modificación de metodologías en el aula, innovación pedagógica, mejora determinadas competencias de los estudiantes, favorece el desarrollo de la autonomía personal, o la creatividad de los alumnos, entre otras muchas cosas.
¿Se podría conseguir lo mismo permitiendo el uso del móvil en clase? Seguramente sí, porque al final los móviles también conllevan las mismas prestaciones que una tableta digital, concentradas en un teléfono o aparato de menor tamaño. Sin embargo el móvil lleva algo en su contra, y es que el alumno -los jóvenes- confunden dicha herramienta con un útil para la distracción o para el juego, algo, la mayoría de las veces, contrario a la concentración necesaria que debemos promover y encontrar en el aula. Quizás, cuando este gran hándicap de unir móvil a solo diversión o evasión de la realidad se haya superado, pues ese será el momento en el que se podrá dejar de discutir el impedir el que los móviles entren en el aula junto a nuestros alumnos. En ese momento se conseguirán maravillas "EduKando" a través del móvil. Yo no lo dudo. ¿Y ustedes?