Mis guerreras

A veces me llega una reflexión a la cabeza y dudo si las mujeres se paran alguna vez a pensar en sus privilegios. Me refiero principalmente a las mujeres entre 20 y 40 años, que tienen el lujo de vivir en Canarias y sentirse, de alguna forma, libres de decidir sobre sus actos y su vida cotidiana.

Día tras día, lo que me traen las redes sociales y los medios de comunicación son quejas y más quejas. De acuerdo que muchas veces se nos sigue relegando a segundos planos, pero los logros que en las últimas décadas se han conseguido para las libertades de las mujeres son muchos e importantes en este país.

Atrás quedaron los tiempos en que debíamos estar siempre bajo la tutela de algún hombre. Que hubiera trabajos a los que no teníamos acceso ni soñando. Se pierden ya en la memoria aquella negación a tener derecho a voto, y tantas y tantas cosas por las que lucharon mis coetáneas y nuestras madres y abuelas... ¿Son nuestras hijas conscientes de ello?

Cuando uno desde la cuna se desenvuelve en un ambiente determinado, ve como normales actitudes y movimientos sociales que en muchos otros países siguen siendo un sueño para la mujer. Pongo por ejemplo algo tan sencillo como el poder usar esta o aquella ropa que nos agrada. ¡Qué fácil parece todo en estos casos! Rutina, simple rutina. Y sin embargo… nos seguimos quejando.

Hoy en día la mujer tiene presencia y cargos de poder en todos los estamentos de la sociedad, incluidos el ejército, el gobierno, la banca o el mundo empresarial. Se mueve por el mundo en completa libertad sin tener que rendir cuentas a nadie, es dueña de sus actos, de sus decisiones y de su dinero, salvo en los casos donde el maltrato y el miedo las aísla en un rincón del que sus mentes temerosas les impide salir.

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El que esto y miles de cosas más sean algo normal y cotidiano para nosotras es un privilegio adquirido y producto de la lucha de muchas mujeres del pasado. Mujeres que alguno han llamado “guerreras”, porque así lo han demostrado en cada una de sus batallas por la igualdad y el reconocimiento.

Yo tengo la suerte de estar rodeada de mujeres de estas, yo también las llamo “mis guerreras”. Mujeres que se aproximan irremediablemente a la edad octogenaria y que sin embargo no se rinden. Mujeres que han luchado en las batallas de sus madres, en sus propias batallas y a día de hoy siguen codo a codo lidiando en las contiendas de sus hijas y nietas.

Mujeres en cuyo espejo yo me miro cuando mi sesentena se queja a través de mis articulaciones, ellas son mi ejemplo a seguir cada minuto de mi vida. Por ellas y para ellas sigo yo mi lucha también desde todos los ángulos, en este caso desde Mi mundo de letras las miro y pienso: “Yo, cuando sea mayor, quiero ser como tú”. Me tomo la pastilla que alivia mis dolores y sigo adelante calladita.

¿Qué tal si a partir de ahora empezamos a quejarnos menos y a disfrutar más de los privilegios que nuestras guerreras consiguieron para nosotras? Yo te puedo asegurar que ya estoy en ello.