Mirlo

Tubigú

Es una de las aves más comunes en España, incluyendo los archipiélagos, Ceuta y Melilla. Sin embargo en Madeira y Canarias (Salvo en Lanzarote y Fuerteventura) existe una especie subendémica denominada Turdus Merula Cabrerae. En el resto del mundo hay gran cantidad de variedades de la especie y subespecie, siendo muy difícil de identificar sobre todo en los ejemplares asiáticos.

Hay estudios que indican que la procedencia del nombre mérula que se castellanizó como mirlo proviene de una derivación de latín quasi Mera, es decir “casi solo”, pues no vuela en grupo.

El mirlo por lo general suele ser de color negro muy oscuro, con un pico amarillo al igual que el pequeño y fino círculo que rodea sus ojos, sin embargo no es raro encontrarnos con ejemplares con decoloraciones totales o parciales, de tal modo que aunque no frecuente, existen los llamados mirlos blancos, que van de un blanco parcial a total y se supone deben el color de su plumaje a diferentes factores como alimentación o evolución genética.

Son aves fácilmente reconocibles, no solo por su canto sino por su presencia en infinidad de entornos. Han llegado a familiarizarse con los seres humanos, de tal manera que es frecuente verlos dando saltitos por parques y jardines de las ciudades.

En algunos lugares del mundo son gregarios, aunque por lo general son sedentarios y territoriales, característica que adoptan a los pocos meses de vida y desde el momento que se establecen en un territorio.

Son omnívoros, de tal manera que se alimentan de semillas, insectos o frutos. Es muy habitual verlos revolviendo de manera ruidosa la hojarasca en descomposición que hay en el suelo de bosques o jardines en busca de gusanos, caracoles e incluso pequeños reptiles, o anfibios, que suelen componer su dieta con más frecuencia en la época de cría, dejando la preferencia por frutos para los meses de otoño. Alcanzan alrededor de 25 centímetros de largo y la diferencia entre macho y hembra estriba en el color del plumaje, mientras los machos son completamente negros e incluso con tonos azulados, las hembras tienen un color ligeramente más parduzco, al igual que el pico, que pasa de ser amarillo en los machos e intensificándose con la edad a marrón oscuro en las hembras.

Construyen sus nidos en forma de copa en cualquier tipo de arbusto. En el proceso de construcción interviene macho y hembra, así como en la alimentación de los polluelos, quienes ya están capacitados para volar a partir de los 16 días.

A partir de ese momento se independizan y se convierten en aves solitarias, de hecho no toleran en sus cercanías a otros ejemplares cuando están en época de cría y defenderán el mismo territorio en el que viven durante toda su vida.

 

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