¡Corsarios en el Valle de San Andrés!

Es de noche en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, hasta donde ha venido el Gobernador de la isla para celebrar una sesión extraordinaria del Cabildo.  Alrededor de la 1 de la mañana del 31 de mayo de 1576.

- Señores: como saben, los corsarios están cerca de este puerto real desde ayer a mediodía. Tienen seis naves y, al parecer, una buena cantidad de gente de guerra. Han desembarcado en el Valle de Salazar*, seguramente para abastecerse de agua, pero han aprovechado para robar vino y otras viandas. A pesar de que los habitantes del lugar ya habían sido alertados y allí no queda nadie, propongo que uno o dos de nuestros capitanes, y yo mismo, marchemos ahora mismo con 150 hombres para llegar antes del amanecer y sorprenderlos, y los matemos o capturemos a los que podamos. ¿Qué opinan?

Los presentes en la reunión se miran unos a otros. No dan crédito a lo que están escuchando. Les parece un disparate lo que propone el Gobernador, pero resulta difícil llevarle la contraria. El primero que se atreve es el regidor López de Açoca.

-Señor Gobernador, para ir al Valle de Salazar por tierra solo se puede hacer con la mar baja y por un camino muy malo. Y por mar, peor aún, porque a la entrada del valle están fondeadas las naves del enemigo, y tienen sus lanchas y bateles por la costa, con lo que pueden defender muy bien la entrada. Nos destrozarían. Que no digo que no se pueda hacer lo que usted dice, pero harían falta dos cosas: primero, contar con una fuerza suficiente para enfrentarse a los 800 arcabuceros que se dice que tienen allí. Y segundo, al mismo tiempo que sacamos a toda esa gente para el Valle de Salazar, dejar proveído este puerto de gente y armas, porque como nos descuidemos podemos perder la isla.

Nuevo cruce de miradas. El Gobernador duda. Se adelanta para hablar Álvaro Vázquez de Nava, que percibe que es el momento de apoyar a su compañero.

-Señor, yo opino igual. Está claro que lo que usted propone es lo que conviene al servicio a nuestra Majestad y a la defensa de esta isla. Pero también le digo que no conviene ahora mismo mandar allí gente alguna, porque el enemigo tiene toda la ventaja. Lo que debemos hacer es defender este lugar, y sin gente no podemos hacerlo. Allí en el Valle de Salazar solo hay 3 o 4 casas y sus habitantes ya están a salvo. Y por tierra, imposible que puedan sorprendernos, con los montes ásperos y riscos que tendrían que atravesar.

El Gobernador parece aún dubitativo. Su propuesta no parece contar con apoyos. Dirige una mirada a Bernardino Justiniano, Pedro de Soria y Miguel Guerra. Todos apoyan la opinión de los dos intervinientes.

- De acuerdo. Me fío de su parecer, caballeros, respecto a que se trata de un terreno de difícil acceso, el enemigo tiene artillería, y de que de allá, como mucho, pueden robarnos 3 o 4 botas de agua más, porque el resto ya se lo han llevado. Ordeno por tanto defender, en su lugar, este puerto de Santa Cruz.
Continuará...
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* El Valle de Salazar es el actual San Andrés.