Comida canaria, también en Santa Cruz de Tenerife

Hace casi tres lustros Santa Cruz de Tenerife inició un cambio de aspecto, que incluía como novedades más destacadas la renovación completa de la Plaza de España y la inclusión del primer tranvía de las islas Canarias, que conecta la capital con la ciudad de La Laguna.

Un cambio que generó un fuerte impacto en el desarrollo de la ciudad y que se convirtió en momento culmen de la transformación a una Santa Cruz más moderna y cosmopolita y que ha absorbido la multiculturalidad del turista internacional y nacional. Franquicias mundialmente conocidas, la amplia oferta de comida internacional o la exitosa fórmula del ‘gastrobar’ se han instaurado en la nueva Santa Cruz, diluyendo restaurantes carismáticos de toda la vida de producto local. De comida canaria.

Por ello, queremos recordarte parte de la oferta de la comida de la tierra. La de las papas con mojo, la carne fiesta o carne de cabra, que puedes degustar por las calles de la capital tinerfeña.

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Calle Ruiz de Padrón con la terraza de Casa Fela al fondo | ATLÁNTICOHOY

Bodegón El Puntero
Si has paseado por la remodelada esquina de la calle San Clemente con Pi y Margall, no te habrá pasado desapercibida la construcción naranja y verde que ocupa el lugar. Su contraste de aspecto antiguo sobre terreno reformado obliga a conocer parte de la historia chicharrera. No en vano, mantiene su nombre desde 1953. Es el Bodegón El Puntero.

Manuel Alonso Barreto abrió hace ya más de 60 años este emblemático restaurante y hoy es su nieto, Manuel Alonso Campos, quien coge la sartén por el mango. “En el año 50 vino mi abuelo de la Punta del Hidalgo y de ahí se le da el nombre de El Puntero”, explica Manolo. “Ellos vivían y trabajaban aquí, que era lo normal antiguamente”.

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Manolo es el propietario de El Puntero, tras su abuelo y su padre | ATLÁNTICOHOY

El Puntero, que se abrió como una casa de comida, “ha sido un negocio familiar. Pasó por mi padre, ahora yo y el negocio sigue igual. La tradición, sin cambiar nada, es lo que le da valor”, entona orgulloso Manolo. “Lo que pasa que yo ya lo he transformado un poquito más en negocio y tengo cinco empleados. Pero es que antiguamente estaba mi madre, mi padre y una persona nada más. Yo fui empleado claro, ¡pero un empleado bien ‘fastidiado’ eh!”, aclara el hostelero entre risas.

Los tiempos cambian, la ciudad cambia y lo hace también la clientela. “Prácticamente el 60% es de fuera. Desde peninsulares hasta extranjeros”, resalta el propietario del restaurante, que sabe que la clave está en que vienen “buscando la papita arrugada, los mojos y algo típico del lugar”.

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El Bodegón El Puntero entre las calles San Clemente y Pi y Margall | ATLÁNTICOHOY

Mantener un restaurante durante tanto tiempo en Santa Cruz de Tenerife implica mucho esfuerzo y mucho sacrificio y Manolo sabe el compromiso que requiere. “Ya solo abrir un local en Santa cruz; el alquiler del local, los impuestos, la seguridad social de los empleados, significa que hay que arriesgarse un poquito”. Y es que hablamos sobre el contraste con el norte de la isla, donde los guachinches y otros restaurantes canarios aparecen a borbotones. “Tú haces una carne de conejo bien hecha y tienes un buen vino aquí en Santa Cruz, pero a la gente le apetece irse al norte a darse un paseo y por eso a veces no funciona muy bien. Yo creo que sobretodo es por lo que cuesta montar un negocio aquí”, indica.

La Hierbita
El restaurante pasó a manos de la familia de Miguel hace 30 años, pero este local alcanza ya los 120 en la capital de Tenerife. “Mi padre se ha dedicado toda la vida a la restauración. Estuvo trabajando en Venezuela y retornó. Aquí primero estuvimos en otro restaurante con mi tío y después cogimos La Hierbita”, recuerda Miguel, quien junto a sus cuatro hermanos dirige el restaurante localizado en la calle Clavel. “Cocinamos lo que cocinan nuestros padres. Aquí antes también se vendían pescaditos salados y se utilizaba más o menos lo mismo”, confirma.

Con el tiempo, se ha instaurado una leyenda en el local, la del fantasma de La Hierbita. Si bien no es atendida con temor, sino como una anécdota. “A veces se oyen ruidos extraños, pasan cosas extrañas y desaparecen cosas. Nosotros se lo achacamos todo a eso”.

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La Hierbita lleva 30 años bajo la mano de la misma familia | ATLÁNTICOHOY

Miguel reconoce que el actual aspecto cosmopolita de la ciudad está bien, porque el santacrucero también lo es y le gusta variar en la oferta gastronómica. “Lo que hay que buscar es que sean restaurantes de calidad, y los hay”, señala.

En esa línea, reconoce las prioridades de comida canaria de la zona norte, pero reclama su parte. “Es la tradición que hay. Cuando quieren comer comida canaria pues al norte. Aquí en Santa Cruz también se hace buena comida canaria. Tenemos buenos vinos también, así que la oferta está garantizada”.

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La terraza de La Hierbita | ATLÁNTICOHOY

¿Y qué se come en La Hierbita para el que no haya ido nunca? “Hemos trabajado toda la vida productos frescos, pescaditos, la carne con papas de toda la vida, la carne fiesta y seguimos en esa línea y en principio es un tipo de comida que intentamos cuidarla con productos de primera calidad”, comenta Miguel.

Tres décadas da para mucho. Por un lado, para adaptarse a cambios, como los requeridos por sanidad en donde ya incluyen una oferta para clientes con alergias o intolerancias, o la evolución en especiar. “Antes se especiaban la salsas con harina o con miga de pan y ahora utilizamos maicena e intentamos utilizar menos productos alergénicos, pero los productos quedan igual. La oferta es la misma, pero cuidando determinados aspectos”. Por el otro, la crisis fue un momento importante para el negocio. “Tuvimos que reducir plantilla y demás”.

Casa Fela
Pero no solo hay espacio para lo tradicional antiguo. También para los valientes que se atreven a contracorriente. Es el caso de Raúl Dávila. Trabajador insaciable y murguero de 'pro'. Santacrucero hasta la médula.

“Se nos presentó la oportunidad. Yo he trabajado muchos sitios, restaurantes y negocios que no tenían nada que ver con esto, pero siempre lo que me ha gustado hacer es este tipo de comida”. Se refiere a Casa Fela, su restaurante de comida canaria en la calle Ruiz de Padrón, junto a la Plaza del Príncipe.

Tan solo llevan ocho meses abiertos al público, pero las cosas marchan. Aunque sea con la boca pequeña, Raúl reconoce “Por ahora va muy bien. Se supone que estamos en pérdidas, pero gracias a Dios no y da para cubrir cuatro sueldos, pagar impuestos y pagar todo lo que hay que pagar”.

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Raúl Dávila abrió Casa Fela hace ocho meses | ATLÁNTICOHOY

Cree que una parte del secreto es que “solo tenga ocho o diez mesas y que si fuese un restaurante de 40 mesas igual la calidad no era la misma”.

A diferencia, de El Puntero y La Hierbita, Casa Fela no viene de tradición familiar, sino de una apuesta propia, aunque algo de herencia sí lleva el adn de sus platos. “Estoy haciendo cositas que hacían mis abuelos, recetas de toda la vida: churros de pescado, ensaladillas, croquetas de huevo duro y zanahorias. Cosas que de niño aprendí y ahí se quedaron”, afirma orgulloso.

“Tenía que ser comida de grano, que es lo que nos gusta a todos. No tengo nada en contra de los tartar, de los cuscús o de los gastrobares. Me parece una moda, igual que cuando se puso de moda las hamburgueserías y las papas locas. La comida tradicional siempre está, aparte de que lo es lo que me gusta hacer. Tenía claro que la gente iba buscando esa opción”.

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Casa Fela vista desde lo alto de la Plaza del Príncipe | ATLÁNTICOHOY

Otra parte del secreto de Raúl es el actuar ante las adversidades. “Tienes dos opciones, o esperas al día 10 a que el paro te ingrese 426 euros o te espabilas y montas un negocio, porque trabajar para otro cada vez es más complicado. Hay que darle la vuelta al calcetín, no te queda otra”, comparte.

Raúl no quiere compararse con ningún otro local, y menos con los guachinches del norte, pues de hecho, “no puedes utilizar la palabra guachinche, porque no lo es, pero sí una casa de comida”. Pero de base, ve en la competencia un aliado, sin querer fijarse en la forma de trabajar de cada uno. “A mí me preocupa lo mío. La competencia siempre es buena. Y cuanta más mejor. Y si en esta misma calle abriera dos o más pues mejor todavía, porque la gente se acostumbraría a pasear por aquí y a sentarse en las mesas de la zona y sería una zona de ocio que Santa Cruz bastante muertito está”, comenta Raúl.

Santa Cruz crece, Santa Cruz cambia, pero siempre deja parte de su esencia en cada uno de sus rincones. Y la comida de la tierra, nunca va a abandonar el corazón de Tenerife. Encontrarla lo hace más atractivo.