360º en Tijuana, México

De las cosas bonitas de viajar es poder escuchar a los amigos hablando de su casa, de su calle, de su país. A los amigos hay que ir a buscarlos allá donde estén o crearlos (para esto las nuevas tecnologías son una magnífica herramienta). En Tijuana me encontré con Franklin, al que conocí a través de mi amigo Iván Febles y su mujer Claudia Torriz.

Este giro de 360º fue justo a la vera de la frontera con San Diego, el paso fronterizo más transitado del mundo. A Tijuana se le presume preligrosidad. Y cierto es. "De vez en cuando aparece alguien muerto en una cuneta por andar por donde no debió andar", me dijeron una noche de ruta de cerverza y tequila. Tequila con alacrán, por su puesto. Pero bueno, para eso están tambien los amigos de los lugares lejanos, para no andar por donde no se tiene que andar.

De Tijuana me quedo con sus sabores, con sus colores, con los disparates de película en locales como el Hong Kong, con la música en directo de sus bares, con el hecho de que no puedas entrar a ningún local sin ser antes registrado de arriba abajo (a las mujeres no, curioso), con su cerveza atersanal, con la amabilidad sobresaliente de sus gentes, y con las ganas innegociables de volver...