Luto en El Toralín

Hay días que es mejor olvidar. El 2 de diciembre de 2006 es uno de ellos. Esa tarde, en El Toralín, el Tenerife cayó (1-0) ante la Ponferradina, penúltimo clasificado de la Segunda División, que llevaba ocho jornadas sin ganar. Lo peor, en todo caso, no fue la derrota sufrida ni el mal juego realizado, circunstancias que provocaron la destitución del entrenador, Bernd Krauss. Aquello fue una derrota en un juego en el que se puede ganar, empatar o perder. La noticia más triste de aquel gélido sábado se produjo en las gradas: el padre de Manuel Castiñeiras Porto (A Coruña, 1979), jugador del Tenerife, falleció mientras veía el partido, víctima de un infarto.

Tenía que ser un 'día especial' para el futbolista, que se había afianzado en la titularidad y jugaba cerca de casa. Un grupo de familiares hizo la ruta Santiago-Ponferrada para verlo en acción: tres horas de carretera para recorrer poco más de doscientos kilómetros. Para ellos, “ahí al lado”. Además, Manuel tenía previsto quedarse el fin de semana en la Península para disfrutar junto a los suyos. Nada de eso ocurrió un sábado en el que el Tenerife formó con: Bernardo; Marc Bertrán, Culebras, Castiñeiras (Pablo Sicilia, 58’), Clavero; Sergio Torres (Juan Ramón, 58’), San Martín, Óscar Pérez, Ayoze; Cristo (Ángel, 65’) y Frankowski.

A la media hora de juego se produjo un revuelo en la grada y un espectador fue retirado a la zona exterior del campo. Nada se supo. Poco después, el gol del local Fran, de preciosa vaselina, apagaba los ecos del incidente. Eso sí, ya en el descanso trascendió que el afectado pertenecía al grupo de aficionados procedente de Galicia. Y Juan Amador, gerente del Tenerife, fue informado de que la persona evacuada y que la Cruz Roja trataba a toda costa de reanimar en los exteriores de El Toralín era un señor de 58 años, padre de Manuel Castiñeiras. Mientras, el partido se reanudaba sin que los jugadores blanquiazul supieran lo ocurrido.

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Manuel Castiñeiras.

Amador fue testigo del infructuoso intento del personal sanitario por evitar el fatal desenlace. Y confirmado el fallecimiento, el gerente comunicó la noticia al técnico, quien decidió sustituir a Manuel por Pablo Sicilia. Los aficionados, los periodistas y hasta los compañeros no entendieron el cambio: un defensa por un defensa con el marcador en contra y restando poco más de media hora para el final. Eso sí, todos comprobaron que algo raro pasaba cuando vieron que el delegado se acercaba al futbolista reemplazado y que Manuel no se quedaba en el banquillo, abandonando el escenario del encuentro a la carrera.

Acabado el choque, se conoció el drama. Castiñeiras, acompañado por su madre y otros familiares, recibió el pésame de sus compañeros en el palco del Toralín y luego en el tanatorio de Ponferrada. Mientras, Amador y el director deportivo, Alfonso Serrano, permanecerían en la ciudad, mientras el resto de la expedición blanquiazul regresaba a la Isla en silencio. Por cierto, el Tenerife finalmente perdió 1-0 y cayó a puestos de descenso. Pero eso fue una derrota. El drama fue otro.