Los ‘stukas’, derribados

El Sevilla era el mejor equipo de la posguerra. La historia dice que la Liga 39-40 la ganó el Atlético Aviación, heredero del Atlético de Madrid, pero a nadie se le escapaba que ése era entonces el equipo del régimen. De hecho, el 'Atleti' consiguió hueco en Primera División tras un apaño cercano al atropello aprovechando que el Oviedo se había quedado sin campo de juego tras la guerra civil española. De hecho, el Sevilla había llegado como líder a la última jornada y era campeón a falta de veinte minutos para acabar la competición. Un gol del Hércules de dudosa legalidad dejó sin título a los andaluces. Dos semanas después de aquel 'atraco' se midieron con el Tenerife en la Copa del Generalísimo, de la que eran campeones vigentes al imponerse (6-2) en la final del año anterior al Racing de Ferrol. O lo que es lo mismo, el Tenerife no se medía a un equipazo, sino a un equipazo herido y enfadado.

El conjunto blanquiazul se había ganado el derecho a participar en esa edición de la Copa al heredarse una tradición de la II República Española que permitía a los campeones de las provincias canarias turnarse en la competición. Un año después, el régimen franquista eliminó es posibilidad y el fútbol canario quedó aún más aislado. Pero en 1940 se había ganado el derecho a participar. Y el Tenerife lo hizo tras conquistar el Campeonato Insular por delante de Iberia, Price, Hespérides y Real Unión. El sorteo no fue favorable: tocó el Sevilla. Y con el conjunto hispalense, la conocida como 'delantera stuka', una máquina de hacer goles compuesta por López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal que se había repartido 51 tantos en la Liga recién finalizada. Además, a la indudable calidad del rival se unieron otros enemigos: las lesiones de Delgado, Martinica y Santacruz. 

¿Más problemas? Pues sí: el Tenerife debiera jugar sus dos partidos en la Península. El primero, en el estadio de Nervión, en Sevilla; y luego, como 'local', en Cádiz. Además, el equipo llegó al partido de ida en pésimas condiciones, tras un viaje en barco con escala en Las Palmas, tres días de travesía hasta Cádiz y más de cuatro horas de tren (de los de entonces) hasta Sevilla. Los blanquiazules aguantaron hasta el descanso con un dos-uno adverso, pero el 'huracán Campanal' se desató en la reanudación con cuatro tantos. El partido de vuelta, sin embargo, reservaba una sorpresa. El Tenerife no remontó la eliminatoria aquel 19 de mayo de 1940, pero lo intentó. Ganó 0-1 con gol de Chicote, tiró a los postes por medio de Mota, Chicote y Santacruz (el único tocado que se recuperó de su lesión), le escamotearon un par de penaltis y convirtió en figura a Guillamón, el portero sevillista.  

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Formacion del CD Tenerife, en la temporada 40

Y no sólo derribó a la 'delantera stuka' –que ese día estuvo formada por López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Salustiano–, sino que lo hizo sin 'disparar' un tiro: no cometió una sola falta, por catorce de los sevillistas. Los protagonistas de aquella gesta fueron los siguientes: Abel; Morera, Luis; Conrado, Nieto, Victoriano; Domingo, Mota, Chicote, Santacruz y Guiance. Nadie más supo parar a los 'stuka' con tanta elegancia.