Los ‘saque-goles’ de Pepito

En algunos campos británicos aún se celebran los córners. Ataca el equipo local, un zaguero despeja en una acción sin peligro y el balón se va por la línea de fondo. Y de repente, los 'supporters' se levantan, gritan y celebran el 'mediogol' para sorpresa del profano o el despistado. La mayoría de las veces se ejecuta el saque de esquina sin consecuencia alguna, pero, en el siguiente córner, se repite el ritual. En el Heliodoro, en los años setenta, se celebraban los saques de banda. Sí, los saques de banda. Y no era preciso que fuera cercano al área rival. Bastaba casi con que se ejecutara en el campo del adversario. Entonces se escuchaba un murmullo en las gradas y actuaba la catapulta humana: José Reyes Reyes, Pepito (Tenerife, 1949).

La jugada era conocida, pero no tenía antídoto. Porque Pepito no cogía carrerilla. Simplemente, agarraba la pelota, ponía los pies junto a la línea de cal y se flexionaba hacia atrás con una elasticidad descomunal y una cintura de goma. Y luego hacía volar el balón. Veinticinco metros, treinta metros, cuarenta metros, seguramente más, de haber sido necesario. Y ponía la pelota a la corta, al punto de penalti o al segundo palo. Donde él quisiera. Donde sus compañeros se lo pidieran. No todas las veces era gol, por supuesto. Pero siempre generaba una situación de peligro. Y no pocas veces el cuero acabó en la red. Así ocurrió el 7 de mayo de 1972, cuando un 'saque-gol' de Pepito le dio al Tenerife dos puntos y la permanencia en Segunda División.

Fue en un Heliodoro repleto y ante el Elche de Roque Olsen, que acabó cuarto y se quedó sin ascenso. Faltaban cuatro jornadas y el Tenerife necesitaba ganar o ganar para eludir la amenaza de la promoción. Héctor Núñez había hecho reaccionar al equipo en la segunda vuelta, pero aún hacía falta una victoria más. El rival no era el propicio, pero los blanquiazules salieron dispuestos a todo con: Domingo; Lesmes, Juan Miguel, Molina, Pepito; Mauro, Cabrera, Bergara (Samblás, 87’); Medina, José Juan y Laguna. El desempeño local fue ejemplar. Sólido en la marca y preciso en la conducción de la pelota, sólo necesitaba el gol. Cumplida la primera media hora de juego, la defensa del Elche despejó un balón fuera del campo.

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Imagen de Pepito

¿Una acción inocua? Así debería haber sido, pero aquel saque de banda lo ejecutó Pepito y puso el balón más allá del punto de penalti, al borde del área pequeña. Medina se limitó a empujar el balón y Mora –que con el tiempo haría carrera en el Barça– no pudo evitar el gol. La jugada significó el 1-0, la victoria y la permanencia. Así de sencillo. Aunque más allá de sus saques de banda, Pepito también fue un referente por su juego, por su entrega o por recorrer más kilómetros que nadie. Pieza básica en el ascenso a Segunda División a principios de los setenta, también patentó un regate singular con el talón, dejando atrás el balón para luego hacerle un sombrero al rival mientras él continuaba la carrera.

Durante una década fue titular en el Tenerife y disputó 303 partidos oficiales (cinco goles) con el Tenerife tanto como lateral izquierdo o en el centro del campo, cuando Dagoberto Moll aprovechó su potencia. Eso sí, siempre con su 'saque-goles'.