Los peligros de una mala alimentación: Lo que no te cuentan

Tuvigú

Querer mejorar nuestro estilo de vida comiendo de forma más saludable y haciendo ejercicio es uno de los propósitos de año nuevo más repetidos. Sin embargo, adquirir esos hábitos y cumplirlos suele ser un objetivo inalcanzable para muchos ciudadanos. Pero, ¿somos verdaderamente conscientes de los peligros de una mala alimentación?

Comer de forma poco saludable puede ocasionar enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, etc. Además, cuando las ansias por mejorar nuestra imagen se alejan de objetivos como el bienestar para perseguir obsesivamente cánones de belleza poco realistas o recomendables, estamos a las puertas de otro serio problema.

El enfoque obsesivo en ciertos ideales de belleza que vemos en redes sociales y medios de comunicación incrementan el rechazo a cuerpos normales, llevando especialmente a los jóvenes a excederse en el ejercicio físico y aumentar el riesgo de lesiones, o sucumbir a dietas poco o nada saludables que les lleven a ingerir en extremos, tanto por defecto como por exceso, y necesitar ayuda especializada. Por eso, lo mejor es concienciar a los más jóvenes de la importancia de la vida sana y la nutrición como objetivos a seguir.

Los beneficios de una buena nutrición van más allá del peso corporal. En tiempos de coronavirus, los expertos mantienen que las futuras pandemias serán menos graves si estamos bien alimentados. Sin embargo, todos estos beneficios contrastan con las cifras oficiales.

Aunque la principal recomendación es evitar los alimentos precocinados y preparar platos naturales, cerca del 70% de la población no consume hortalizas en sus comidas cada día, una cifra alarmante porque, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), un bajo consumo de frutas y verduras está asociado a una mala salud.

Muchas personas prefieren la comida rápida y los fritos no solo por el sabor, sino por ofrecer aparentes ventajas como la rapidez de cocinado e, incluso, unos precios más económicos que la comida fresca. Sin embargo, el precio que hay que pagar por no cuidar la alimentación, a la larga, es mucho más caro.

Comer bien no es tan complicado día a día si se tienen en cuenta ciertas pautas como planificar un menú semanal, lo que nos facilitará las compras y ahorrará tiempo en la cocina. Además, debemos respetar las comidas principales, evitar el picoteo de alimentos grasos y beber mucha agua.

No olvidemos tampoco la importancia de incorporar el ejercicio físico a nuestra vida y alejarnos del sedentarismo, lo que también mejorará nuestro estado de ánimo, reducirá el estrés, nos ayudará a dormir mejor y alargará nuestras posibilidades de vivir más tiempo.

Con todas estas pautas, el camino hacia un estilo de vida saludable está más que garantizado.

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