Los laguneros pasean y también se comen

En 1914, Rafaela Marrero, gaditana de nacimiento, abrió las puertas de una dulcería en una de las esquinas que rodean la Catedral de La Laguna, de la que cogió el nombre para el local y que hoy se mantiene 103 años después.

Porfirio Rodríguez, ya jubilado, y María del Carmen Hernández, son los actuales propietarios de ‘La Catedral’, tras coger el testigo del padre de ella, Juan, antiguo empleado de doña Rafaela, que se quedó al negocio finalmente tras el fallecimiento de la pastelera andaluza en 1944.
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Uno de los mostradores de La Catedral con distintos tipos de dulces | ATLÁNTICOHOY

“Mis padres llevan a cargo de la dulcería casi 58 años”, comenta Maisu, la hija de Porfirio y Mari Carmen, que hoy regenta la dulcería, mientras sus padres descansan estos días de julio en el Puerto de la Cruz.

Como empresa familiar, el sacrificio para mantener vivo el negocio es de sol a sol, pero ya es algo que va en la sangre heredada. “Se lleva bien, con mucho trabajo desde la mañana a la noche”, reconoce la futura dueña de La Catedral, que tiene clarísimo cómo ha sido posible que el negocio haya sobrevivido a lo largo de un siglo, esquivando cambios en la ciudad, crisis y nuevas generaciones. “El secreto es la atención al público, no engañar nunca y mantenerlo todo bien fresquito”.

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Maisu es la hija de Porfirio y Mari Carmen, la familia que regenta la dulcería La Catedral | ATLANTICOHOY

Sin embargo, no deja de ser curiosa la confesión de Maisu en relación al negocio años atrás. “No pensaba estar aquí. Estuve 23 años en una agencia de viajes, pero el tema de la crisis y demás, aparte de que siempre me ha encantado esto porque lo he vivido desde pequeñita y que mis padres estaban un poquito tristes porque esto no tuviera continuación, terminó por decidirme. Pero no lo tenía en mi cabeza para nada”.

“El secreto es la atención al público, no engañar nunca y mantenerlo todo bien fresquito”

La Catedral es conocida por su tradición y por mantener una oferta de productos que apenas han modificado. Un sabor de la antigua La Laguna que enamora a sus paseantes. “Los ‘Laguneros’, los rosquetes de batata, las truchas de batata y almendra y cabello de ángel, y luego todo tipo de variedad de rosquetes que los traemos de todas las islas”, explica Maisu.

Es el Lagunero su dulce emblema. Y además propio, gracias al gusto y buen hacer de Porfirio. Con el paso del tiempo, Maisu reconoce algunas ampliaciones de un producto original, para darle un sabor más cercano a las nuevas generaciones. “El lagunero tradicional ha sido siempre un poco el lagunero seco. La base era el hojaldre. Luego lo han empezado a rellenar de cabello de ángel y se ha hecho de diferentes tamaños, como el minilagunero, pero la base sigue siendo el hojaldre”, señala.
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Los Laguneros son los dulces más populares de esta dulcería de 103 años de vida | ATLÁNTICOHOY

Destaca la hija de Porfirio y Mari Carmen que, a pesar de que hay muchísimas diferencias entre los gustos de los clientes, familias enteras desde los abuelos hasta los nietos siguen acercándose a la calle San Juan, número 1, haciendo esquina con la calle La Carrera. “Mucha gente joven piden lo que comían sus abuelos, porque lo han visto durante toda su niñez en su casa”.

Son ya 103 años de historia de una dulcería localizada en el centro del casco histórico de La Laguna, viendo evolucionar a la ciudad y su gente desde el lugar privilegiado junto a la Catedral lagunera. Y es en los últimos años cuando han recuperado el impulso gracias al crecimiento del municipio, del que Maisu señala las claves.

“Mucha gente joven piden lo que comían sus abuelos, porque lo han visto durante toda su niñez en su casa”

“Desde que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad, La Laguna ha crecido de manera impresionante. El transporte también ha ayudado, como tener ahora calles peatonales. El tranvía ha traído a mucha gente de fuera de La Laguna”, resalta.

Establecimiento “chiquitito y sencillo”, la familia nunca ha pensado en abrir otro local, pese a que tentaciones no le han faltado, incluso de fuera de Tenerife. “Nos quedamos con esta tienda, aunque muchos clientes que tenemos de Las Palmas nos piden que abramos allá. Cada vez que vienen nos preguntan que cuándo abrimos una sucursal allá, pero no es la idea”, indica Maisu.

Una idea perfecta. Una idea demostradamente acertada y que permite mantener un negocio a flote, con solera, mucha historia y al que no le hace falta poner un cartel con su nombre para identificarlo. Y si crees que debería tenerlo, solo debes mirar a su izquierda y verás el ‘cartel’ más imponente que hayas visto.
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La localización del local junto a la Catedral de La Laguna da nombre al establecimiento | ATLÁNTICOHOY