Los cimientos... y un título

El CD Tenerife accedió a las categorías nacionales en la temporada 52-53, pero construyó ese ascenso el curso anterior, cuando recuperó la supremacía insular y puso los cimientos que le llevaron al éxito: dotó de césped al Heliodoro, recuperó jugadores tinerfeños con experiencia en el fútbol profesional, entendió la necesidad de fichar un técnico que conociera la Segunda División y realizó fichajes en el mercado peninsular. El punto de inflexión llegó en el verano de 1951, cuando salió reforzado del desencanto que supuso que la UD Tenerife fracasara en su intento de acceder a las competiciones nacionales.

Con la perspectiva del tiempo, lo ocurrido en Gran Canaria con el ascenso de la UD Las Palmas –que supuso la desaparición de Marino o Victoria del primer nivel– permite concluir que, de haber subido a Segunda División, la UD Tenerife sería hoy el representativo insular. No lo hizo y el CD Tenerife abandonó aquel 'proyecto de unión'. Y de cara al curso 51-52 recuperó a Villar, Arbelo o Llanos, fichó a Chicho, Cuco o Argeo Semán... e invitó al Heliodoro a Madrid, Barcelona o Atlético Madrid –que visitaban el Insular para medirse a Las Palmas, entonces en Primera División– para obtener importantes ingresos.

Además, el CD Tenerife consiguió un préstamo de cinco millones de pesetas de la Caja de Ahorros, que le permitiría al club acabar las obras del Heliodoro con la construcción de la grada de Naciente, con un aforo de 3.000 espectadores. Mientras, la UD Tenerife quedó debilitada y lo pagó en el Campeonato Insular 51-52, en el que ya no participaron Iberia y Price, integrados en el 'equipo de la unión'. Norte, Hespérides, Real Unión –que recuperó a Gabriel Jorge– y los 'dos Tenerifes' compitieron en un torneo que ganó el CD Tenerife con seis victorias en ocho partidos, tras propinar dos goleadas (4-1 y 1-4) al colista UD Tenerife.

Con un 'once de gala' formado por Cuco; Chicho, Isidoro, Llanos; Villar, Arteaga; Tomás, Alejandro, Antonio (autor de once goles), Gilberto y Arbelo, el CD Tenerife llegó a la final de la Copa Heliodoro –en la que cayó ante el Norte– y participó en la Copa Federación junto a los rivales habituales y San Andrés, Realejos, Icod o Canarias de Tejina. Eso sí, tras sumar cinco victorias y un empate en seis partidos, el nuevo presidente, Imeldo Bello, retiró al equipo de la competición “por el excesivo número de encuentros últimamente jugados en sus desplazamientos a las islas de la Madera y La Palma”.

Centrado en sus 'giras' o en recibir en el Stadium a rivales como los franceses del Nancy (3-1), el CD Tenerife empezó a penasr en el curso 52-53, que permitía al campeón insular a participar en una eliminatoria de ascenso a Segunda División. Así, contrató a Carlos Muñiz (Córdoba) como entrenador, fichó a los tinerfeños Óscar y Perla –que militaban en el Plus Ultra, filial del Real Madrid– y recuperó a Servando, que había brillado durante cuatro años en el Celta, en Primera División. Además, dotó de césped al Heliodoro –entonces con un terreno de juego de tierra– y dio inicio a las obras de la grada de Naciente.

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En febrero de 1952, el Atlético de Madrid visitó el Heliodoro, aún con piso de tierra, para disputar un amistoso. Los capitanes Lozano (que luego ejercería como entrenador-jugador en el Tenerife) y Antonio posan con el árbitro Ángel Padrón.

Y para inaugurar el 'nuevo' Heliodoro, ya con césped, invitó al Atlético Madrid que dirigía Helenio Herrera, tenía seis canarios en sus filas y alineó a la mítica 'delantera de cristal': Juncosa, Ben Barek, Pérez-Payá, Carlsson y Escudero. El sueco Carlsson abrió el marcador y Antonio estableció el empate definitivo (1-1) en una cita en la que el viejo Stadium se quedó pequeño, lo que conmovió al presidente del Atleti, Luis Benítez de Lugo, marqués de la Florida. De ascendencia canaria, fue agasajado en una cena-homenaje en el hotel Mencey... tras la que accedió a ceder al Tenerife al extremo Paquillo y a los interiores Julito y Méndez.

Meses después, los 'tres atléticos' serían decisivos en el ascenso del Tenerife a Segunda División. Pero eso ya es otra historia.