Lo que no te cuentan: Los negacionistas, el peligro del escepticismo ante la ciencia

Tuvigú

Terraplanistas, antivacunas, conspiranoicos, negacionistas... La ciencia sufre cada vez un mayor escepticismo y es víctima de numerosos bulos que pueden acabar convirtiéndose, según los expertos, en un peligro para la salud pública.

Alentados por sus propias fuentes de información e interpretaciones personales de los trabajos de investigación, una corriente de escépticos ha puesto en duda la existencia del coronavirus, pese a que el mismo, en base a los datos ofrecidos por numerosos organismos oficiales, ha llegado a confinar a buena parte del planeta y causado cerca de dos millones de fallecidos en el mundo.

Se trata de una corriente que ha ido aumentado su presencia y beligerancia en redes sociales especialmente en España, uno de los países del mundo con mayor número de conspiranoicos y negacionistas, solo por detrás de India, Estados Unidos y China.

Las conspiraciones sobre el virus que circulan en las redes sociales han llegado a escalar al nivel de suponer una amenaza para la salud pública, tal y como advierte la Organización Mundial de la Salud.

Estos mensajes provocan miedo, falta de credibilidad hacia la ciencia médica y una creciente alarma social.

Lo cierto es que Internet ha facilitado como nunca a los escépticos la localización de sus propios datos y expertos. También ha permitido la divulgación de noticias afines a otras corrientes de pensamiento sin contrastar la veracidad de las mismas.

Pero, ¿por qué se producen estos movimientos?

Según los psicólogos, el negacionismo surge cuando el ser humano prefiere negar la evidencia o la opinión de los expertos en favor de creencias que le resultan menos amenazantes.

Así, ante una realidad difícil de comprender y de muy duras consecuencias, como ha sido la pandemia, distorsiona su visión para dar explicaciones sencillas y tranquilizadoras para él.

Ante este escenario surge otra pregunta: ¿Tiene sentido debatir con un negacionista? Los estudios nos indican que no. Solo un 14% de los mismos llega a modificar algo su opinión tras discutir sus ideas con otras personas.

Aunque los expertos matizan que, aunque el debate siempre es sano y la población tiene derecho a la libertad de expresión, el principal problema surge cuando este tipo de posturas ponen el riesgo a los demás, al ignorar las medidas preventivas establecidas contra el contagio de la  pandemia, como el uso de mascarillas o el evitar las concentraciones de personas. 

Así, los negacionistas de la covid 19 no se pueden comparar con otras posturas menos dañinas para la salud pública como las que niegan  la llegada del hombre a la luna, ponen en duda la teoría de la evolución o llegan a afirmar que la Tierra es plana. Todos ellos hechos confirmados por la ciencia a través de innumerables estudios, experimentos,  documentos gráficos y avalados por numerosos expertos e historiadores.

Por ello, cada vez hay más voces que solicitan que se fije un umbral a partir del cual algo deja de ser libertad de expresión, pues su repetición como verdad, pese a carecer de evidencia científica, puede causar un perjuicio a la seguridad de los ciudadanos.  

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