Llegó el comandante…

“Llegó el comandate... y mandó a parar”. Ya lo cantaba Carlos Puebla, la voz de la revolución cubana, en su inolvidable 'Y en eso llegó Fidel'. Un par de años después, el que mandó a parar fue el comandante Ramón Gotarredona Prats, capitán general de Canarias, quien al acceder al cargo procedente de Melilla observó “con enorme disgusto y estupor” cómo los jugadores del CD Tenerife no cumplían sus obligaciones militares con el rigor que la patria precisaba. Y en plena dictadura franquista, la patria precisaba muchísimo rigor.

Sin embargo, ya en los años sesenta, la exigencia era menor para los futbolistas de notable nivel y adscritos a equipos de categoría nacional. Y así, salvo que al club de origen le interesara una cesión, rara vez salían de su región militar. Además, en la isla de Tenerife, gracias a las eficaces gestiones de Luis Guiance, 'alma mater' del Real Unión y hombre de fútbol apodado 'El conseguidor', la mili se podía hacer llevadera. Y hasta muy llevadera en aquella temporada 61/62, con el Tenerife en la máxima categoría por primera vez en su historia.

Aquel curso, hasta cuatro jugadores blanquiazules cumplían el servicio militar. Y lo hacían sin un horario estricto y compatibilizando sus obligaciones con la patria con las derivadas de su condición de profesionales del fútbol. Los afectados eran el guardameta Ñito, el centrocampista Yeyo Santos y los delanteros José Juan y Moreno, este último cedido al Tenerife por el Español, precisamente porque había sido destinado a la Isla... y porque no tenía hueco en el equipo periquito, con el que sólo había jugado dos partidos la campaña anterior.

Por contra, Ñito, Santos y José Juan eran las tres figuras emergentes de la cantera tinerfeña. Con el tiempo harían carrera en la máxima categoría fuera de la Isla, pero ya habían sido vitales el curso anterior en el ascenso logrado con Heriberto Herrera en el banquillo... y eran titulares en ese inicio liguero en la máxima categoría. En las once primeras jornadas, Ñito y Santos habían jugado completos todos los partidos, mientras que José Juan sólo había faltado a dos encuentros. Y Moreno entraba poco a poco en la alineación.

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Gotarredona en una imagen de la época.

Indispensables para Ljubisa Brocic y para el técnico interino Vicente Gimeno, ya Enrique Rabassa apenas pudo contar con ellos. La razón está en su 'fuga' de los cuarteles el día de Todos los Santos, miércoles, debido a su presencia en el Tenerife-Oviedo que se jugó en el Heliodoro y en el que Gimeno alineó a: Ñito; Colo, Correa, Álvaro; Villar, Jiménez; Paquillo, Santos, José Juan, Padrón y Julito. Al día siguiente, el 2 de noviembre de 1961, Gotarredona montó en cólera y ordenó su inmediata presencia en la Comandancia Militar.

A los tres jugadores tinerfeños, que jugaron contra el Oviedo, “la autoridad correspondiente” les denegó el permiso para viajar a Santander y medirse al Racing al domingo siguiente. Y a partir de ahí chuparon 'mili' de la buena. Santos y Moreno sólo disputarían un partido más, diez días después frente al Betis. Ñito y José Juan no volverían a jugar en lo que quedaba de campeonato y no reaparecerían hasta el curso siguiente, ya con Gotarredona en un nuevo destino. Y con el Tenerife en Segunda División.