"Todo escritor digno de tal nombre debería conservar una mirada cosmopolita"

Entrevistamos al poeta tinerfeño Ramiro Rosón (1989); Licenciado en Derecho por la Universidad de La Laguna, es autor de libros de narrativa, teatro y poesía, además de haber sido galardonado con premios literarios como el Premio Emeterio Gutiérrez Albelo de Icod de Los Vinos en 2014. Actualmente reside en Quito (Ecuador).

- Una de las cuestiones fundamentales para la condición de un joven poeta es su relación con el pasado literario de las islas, ¿cuáles fueron los referentes decisivos de la literatura canaria que marcaron las lecturas primeras como escritor?
- Entre los referentes más antiguos, podría destacar autores como Cairasco de Figueroa, con su Selva de Doramas, o el vizconde del Buen Paso, con su soneto dedicado al Teide, que comenzaron a construir la imagen de Canarias en la poesía. Al mismo tiempo, siento una especial admiración por Domingo Rivero y su poesía intimista, en que la conciencia del poeta se repliega sobre sí misma para hablar del tiempo, el dolor y la muerte. En una línea temporal más reciente, me interesan autores de diversa adscripción estética, desde Isaac de Vega hasta las últimas generaciones de la poesía canaria.

En todo caso, siempre he querido escribir no solo desde el diálogo con la tradición literaria del archipiélago, sino también con la literatura universal, pues considero que todo escritor digno de tal nombre debería conservar una mirada cosmopolita, abierta a todas las culturas y tradiciones, sin perjuicio de sus vínculos afectivos con los lugares donde habita.

"No solo se puede alternar la escritura de poesía con la de narrativa o teatro, sino que también me parece un método de trabajo recomendable. Me interesa la narrativa para diseccionar y describir el mundo en toda su complejidad, mientras que el teatro me permite que los personajes hablen sin intermediarios"

- Además de la escritura poética desarrollas una variedad de registros en torno a la novela y el teatro, ¿es posible alternar los diferentes estilos del tiempo de creación que implica el lenguaje específico de cada género?
- Sin duda. No solo se puede alternar la escritura de poesía con la de narrativa o teatro, sino que también me parece un método de trabajo recomendable. Me interesa la narrativa para diseccionar y describir el mundo en toda su complejidad, mientras que el teatro me permite que los personajes hablen sin intermediarios. Considero que la mente del poeta debería acostumbrarse a hablar en diferentes lenguajes creativos, pues los géneros literarios jamás han sido compartimentos estancos: entre ellos se produce un trasvase de imágenes e ideas en todas direcciones.

¿Cuál es el eje principal de la mirada al paisaje que atraviesa la obra poética de libros como La simiente del fuego o Ruinas del paraíso? ¿Hay una motivación especial que impulsara a escribir un Tratado de la luz? En la literatura canaria tanto la luz como el paisaje constituyen un tema de constante evocación.
- Siempre la luz me ha fascinado, sobre todo la de Canarias, que me parece única en el mundo, tal vez por la situación geográfica de las islas y la presencia del océano Atlántico. Desde niño me fascinaba sentarme en la azotea de mi casa y mirar el azul celeste en los días despejados, un azul de una pureza extraordinaria, u observar desde una ventana cómo las nubes cambiaban sus colores, desde el amarillo dorado hasta el violeta oscuro, antes de que la tarde cayera detrás de las montañas y los edificios. Quizás todo arranca de aquellas visiones de la infancia.

Creo que, desde Tratado de la luz en adelante, he intentado ahondar en la mirada sobre el paisaje canario como un proceso de conocimiento a través de la poesía. En este primer libro, la naturaleza insular se celebra como un santuario donde el poeta descubre un vínculo profundo con su tierra de origen, sin caer en las tentaciones del nacionalismo excluyente. En La simiente del fuego, la poética iniciada en Tratado de la luz continúa más allá del vínculo con el origen, buscando la unión absoluta con el paisaje hasta descubrir, como Hölderlin en su novela Hiperión, que la naturaleza es la misma dentro y fuera del poeta.

Por último, en Ruinas del paraíso la visión del paisaje se fragmenta en dos perspectivas diferenciadas. En este poemario cobra protagonismo el paisaje urbano, las calles y plazas donde se percibe la desolación del mundo contemporáneo, pero también se participa de las nuevas luchas sociales y las corrientes de indignación ciudadana que surgen desde la gran recesión económica de 2008. Por otro lado, la naturaleza insular genera una meditación sobre el aislamiento del individuo y el declive moral de la sociedad canaria, enferma de corrupción y desigualdad, conjugando la angustia vital con las inquietudes sociales, como si el poeta se convirtiera en un nuevo Adán caminando sobre un paraíso destruido.

Háblanos de la experiencia en Ecuador. La residencia en América Latina puede ser un revulsivo para ampliar los horizontes culturales y establecer nuevas formas de escritura, ¿Qué opinas de Quito como escenario literario a día de hoy? Muchas gracias.
- El encuentro con la naturaleza de las regiones equinocciales de América, la misma que pudieron conocer viajeros como Charles-Marie de La Condamine o Alexander von Humboldt, ha influido sobre mi escritura desde la primera vez que llegué a este país, en noviembre de 2017. La contemplación de lugares como los volcanes andinos, la selva amazónica o el océano Pacífico, tan diferente al Atlántico en sus formas y colores, compone un imaginario nuevo que se solapa a las imágenes que traigo en la memoria desde Canarias. Al mismo tiempo, la experiencia de vivir en Quito, una ciudad algo caótica y llena de contradicciones, donde lo antiguo convive con lo nuevo de forma desconcertante, produce un extrañamiento y una perplejidad que solo pueden alimentar la creación literaria.

Ecuador constituye un escenario creciente pero todavía mal conocido en el panorama de la literatura hispanoamericana. En la poesía ecuatoriana contemporánea pueden hallarse autores dotados de una enorme riqueza de imágenes, en los que el lenguaje se transforma para cobrar un significado nuevo. Pienso, por ejemplo, en autores y autoras como Andrea Crespo Granda, Ana Minga, Juan José Rodinás o Andrés Villalba Becdach, solo por citar algunos nombres sin afán exhaustivo. El sentimiento del absurdo, que genera asombro y angustia frente a una realidad incomprensible, forma parte de los temas principales de esta poesía. Sin embargo, las cuestiones políticas y sociales parecen haberse quedado en segundo plano dentro de cierta poesía actual en este país, pese a los numerosos conflictos de esta índole que vive América Latina. En todo caso, siempre he trabajado mi escritura desde la soledad literaria, sin adherirme a grupos ni escuelas, y no creo que mi condición de expatriado vaya a modificar esta situación