La ‘traición’ de Valdano

Se dice, se oye, se comenta, se rumorea, me han dicho que decían que habían oído que… La marcha de Jorge Valdano al Real Madrid era un 'secreto a voces', pero hasta aquel 7 de abril de 1994 sólo había ruido, no oficialidad. A un lado estaba la convicción de que se tenía que ir, de que el tren pasaba por tercera vez por la estación y que lo cogía ahora o se le escapaba para siempre. Se aceptaba su marcha, sí. Pero no que fuera dándole una puñalada trapera al Tenerife. Por la espalda y a traición. Porque don Jorge no era un traidor. Y porque se estimaba su palabra. “Hasta el último partido, hasta el último día, todos mis pensamientos estarán centrados en el CD Tenerife”, había dicho. Existía el convencimiento pleno de que se iba, de que no había remedio, de que se marchaba sí o sí... pero se confiaba en palabra, en que mientras dirigiera al Tenerife no iba a 'distraerse' con el Madrid.

La temporada había sido notable y podía ser sobresaliente. En su primera 'aventura UEFA' el Tenerife firmó gestas inmortales. En el Abbe Deschamps ante el Auxerre, con dos jugadores menos y sin portero. En el Karaiskakis frente a Olympiakos, sobreviviendo en el infierno. En el Heliodoro contra la Juventus, muriendo con honor y con una victoria. ¿Y en la Copa del Rey? ¿Quién ha olvidado el gol de Chano en el último minuto que eliminó al Valencia?, ¿quién no recuerda la exhibición de Latorre en el 0-3 del Bernabéu? ¿cómo no lamentar aquel maldito bote que impidió una heroica remontada ante el Celta en un Helidoro enloquecido que hubiera llevado al Tenerife a la primera final de su historia? Y en la liga española, tras golear (5-3) al Zaragoza, llegaba vivo a las siete últimas jornadas. Estaba a tres puntos de la 'zona UEFA' y tenía un calendario óptimo. 

Séptimo clasificado, el Tenerife debía medirse en sólo cuatro días a Osasuna y Valladolid, último y antepenúltimo, dos equipos 'condenados' por los que nadie daba un duro. Ese mismo domingo que el Tenerife ganaba al Zaragoza, el Madrid había caído (3-2) ante el Celta y se despedía de una Liga que quedaba en un 'mano a mano' entre Deportivo y barcelona. A Ramón Mendoza, presidente blanco, sólo le quedaba un as en la manga para eludir la bronca: anunciar el fichaje de Jorge Valdano. Por eso, el martes, mientras la expedición blanquiazul hacía escala en Barajas durante el viaje a Pamplona, su entrenador desapareció cuatro horas para reunirse en secreto con el dirigente madridista, que filtró convenientemente la cita para aplazar a la hinchada merengue. Valdano lo negó todo al llegar al hotel Ciudad de Pamplona y tomó por tontos a los periodistas tinerfeños allí desplazados. 

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Jorge Valdano dándole instrucciones a Dertycia

Y claro, casi llega a las manos con algún informador. Horas después, el Tenerife caía (1-0) ante Osasuna. Y aunque seguía a tres puntos de la 'zona UEFA', el técnico había roto su palabra. Sus pensamientos no estaban “centrados en el Tenerife”. De vuelta a la Isla, el 7 de abril de 1994 y en el aeropuerto de Barajas, confesaba su 'traición': “Los contactos con el Real Madrid son indisimulables y se han producido varios en los últimos días”. Tres días después, el Tenerife perdía (0-2) ante el Valladolid en el exilio del Insular y entre la rechifla de la grada.