La racha truncada de Javier López

Javier López Garisoain (Tenerife, 1941) nació con el gol en las venas. Los que le conocen dicen que fue goleador antes que futbolista. No lo pudo demostrar. Una rotura de ligamentos cruzados, lesión terminal en su época, le obligó a dejar el fútbol con 24 años. Antes, la rodilla también le invitó a abandonar el Tenerife cuando ofrecía cifras sobresalientes. Natural de La Guancha, con 18 años jugaba en el Real Unión que ganó la Copa Heliodoro y fue subcampeón de Canarias. Y al año siguiente fichó por el Realejos y fue el máximo realizador, con 34 goles, del Campeonato de Primera Categoría Regional.

El servicio militar interrumpió su progresión. Mala suerte. En un tiempo en el que los futbolistas hacían una mili 'light', Javier López sufrió la llegada de Ramón Gotarredona a la Capitanía General de Canarias. Tras cumplir con la patria, el descenso del Tenerife a Segunda División y la llegada al banquillo de Eduardo Toba hicieron que los blanquiazules crearan un equipo de cantera en su regreso a Segunda División. Javier López fue uno de los elegidos para incorporarse a la entidad, pero Paquillo, Justo Gilberto, Yeyo Santos, José Juan o Beitia le cerraron el paso y tardó casi medio año en debutar en partido oficial.

Lo hizo el 9 de diciembre de 1962, en el campo de La Victoria, con un empate (0-0) ante el Jaén, una tarde en la que Toba alineó a: Ñito; Felipe, Borredá, Martínez; Padrón, Sicilia; Rivero, Santos, Javier, Gilberto y Beitia. Una semana después, Javier López repetía como 'nueve' y firmó un 'hat trick' en la goleada (5-0) al San Fernando con un tiro potente tras combinación de Santos y Gilberto, un espectacular cabezazo y un disparo colocado. “Busca el gol con codicia, va al choque sin arrugarse pero sin malos modos y tiene la suficiente serenidad para ceder la pelota al compañero en mejor situación”, dijo de Javier la prensa local.

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Javier López de blanquiazul en el viejo Heliodoro.

Al domingo siguiente, Javier tardó sólo un minuto en inaugurar el marcador en una nueva goleada (4-0), esta vez al Eldense. En el regreso al Heliodoro, el día de Reyes de 1963, marcó en el triunfo (3-0) ante el Sevilla Atlético. Y una semana después marcó ante el Mestalla. Y una semana después marcó ante el Plus Ultra. Y una semana después marcó ante el Levante… Tras sumar ocho goles en sus primeros ocho partidos como profesional, cifras desconocidas en la época, los defensas del Cartagena organizaron una cacería con su rodilla izquierda como objetivo. O cualquier rodilla, porque esa tarde el Tenerife acabó con seis jugadores, pues Santos, Justo Gilberto, Sicilia y Borredá también resultaron lesionados.

Javier nunca se recuperó. Permaneció un año más en la Isla, pero apenas tuvo oportunidades. Y los pocos partidos que disputó, los jugó con dolor. Ya recuperado, se vio obligado a emigrar para tener partidos. Y en el verano de 1964 se fue al Albacete, donde se hartó de marcar goles. Tantos que el Elche, de Primera División, seguía sus pasos. Hasta que durante un partido en La Roda una violenta entrada a la rodilla le retiró del fútbol y le dejó cojo de por vida.