La mano que agarra el Bastón...

Hoy por la mañana, en un pleno municipal, la tendremos liada en el Ayuntamiento de Santa Cruz. Una opereta más que pactada ya, y que a poco que me equivoque, camina hacia una moción de censura que, en breve, devolverá el bastón de mando de alcalde a su antiguo portador, José Manuel Bermúdez de CC.

Bermúdez esperó un año, de hecho, ya se había hecho a la idea y había cambiado el bastón por la toga de abogado, asumiendo estar en la oposición tres años más, pero, en política los planes los carga el diablo, y hete aquí que un “culebrón” venezolano de amistades, rencores y humillaciones, le va a poner el bastón nuevamente al alcance de la mano.

Bermúdez, carnavalero de pro, sacará hoy su mejor disfraz, el de “yo no esperaba nada de esto...” y con esa sonrisa ruinita que fascina a las doñas, esperará a que las cosas ocurran. Se debatirán cuatro mociones propuestas por CC y PP. Si la concejal Evelyn Alonso, humillada por Cs, vota a favor de ellas (y todo hace pensar que sí), no habrá nada más que hablar: blanco y en botella, no es vino de La Matanza. Por la tarde, una Notaría de la capital espera la firma del documento que cambiará el bastón de manos.

El grupo de Gobierno, integrado por las izquierdas vivas de Patricia Hernández, seguirá en estado de choque un tiempo, sin asimilar aún que: A) la moción de censura es un instrumento absolutamente legal, igual que lo fue pactar para desbancar a la lista más votada, la de Bermúdez, con 4000 votos y un concejal más; y B) que los concejales de Cs que la apoyaron para ser alcaldesa (Zambudio and company) desobedecieron en su momento las órdenes de Madrid, órdenes que ahora quieren que la Evelyn cumpla a rajatabla. Sorpresas te da la vida ¿no?

Así que, la historia de rasgarse las vestiduras, apelando a la ética, la moralidad o el transfuguismo, por desgracia para el ciudadano, no importan en política. Las victorias, las derrotas, las mociones, los lloriqueos esquinados, la gloria y el infierno, “todos esos momentos, se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”, tal y como decía Rutger Hauer en Blade Runner. Al final, solo queda el bastón, y la mano que lo agarra...