La fuerza de la ambición

“Ahora empieza lo bueno”. Ése fue el ambicioso eslogan lanzado desde el Tenerife el 1 de junio de 1987. El día anterior, el conjunto blanquiazul había derrotado (5-1) al Sanse, el filial de la Real Sociedad, y lograba así, de manera matemática, su ascenso a Segunda División. Era el primer gran éxito de la 'era Pérez', el momento de sacar pecho, regodearse en el trabajo bien hecho, dormirse un poco en los laureles del triunfo... Era incluso el momento de pasar factura a la prensa de la vecina isla, a aquellos que se burlaron del recién nombrado presidente cuando, nueve meses antes, en su primer acto de presentación de pretemporada, con el Tenerife en Segunda División B y la UD Las Palmas en Primera División, le gritó al Heliodoro aquello de que “prontooooooo, muy prontoooooo, se los prometoooooooo, vamos a ser los líderes del fútbol canarioooooo”. En Gran Canaria la reacción a aquellas palabras ociló entre la burla y el desprecio, pero su profecía ya estaba mucho más cerca. Y durante una década sería indiscutible realidad.

Pero aquel lunes de resaca tras el ascenso no era tiempo de festejos ni de cobrar peaje a los 'canariones'. Había que secarse las lágrimas –porque Javier Pérez también lloraba– y pensar en el futuro. Y el presidente lo hizo con un mensaje lleno de ambición: “El ascenso es pasado. Lo bueno es todo lo que puede surgir de hoy en adelante para sacar al club del lugar en el que está”. También fue el día elegido para celebrar la Asamblea General Extraordinaria en la que se reformaron los estatutos del club, “para evitar que los directivos acreedores acudan a los tribunales ordinarios a exigir el pago de las cantidades adelantadas al club”. Aprobada esta modificación, también se acordó una medida hecha en 'honor' del anterior presidente, José López: “Los directivos que durante su mandato hayan prestado dinero a la entidad y tengan pendiente su recuperación, deberán acordar con la directiva someterse a un arbitraje de tres personas que fijará la forma y los plazos para hacerlo”.

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Javier Pérez, historia del CD Tenerife

Además, en la Asamblea también se presentaron unas cuentas saneadas pese a los brutales intereses que había que pagar a los acreedores. Y se acordó formar una Comisión Consultora formada por 30 socios que tuvo corto recorrido. Y se abordaron numerosos proyectos de futuro. Tantos que, al abandonar la reunión, el ascenso ya parecía lejano. Pero existió. Se había logrado sólo 24 horas antes en un Heliodoro con casi 20.000 espectadores –aunque el aforo era inferior– que dejaron doce millones de pesetas de recaudación. Y en una tarde en la que Martín Marrero, técnico local, alineó, como fue norma ese curso, “a diez canarios y Aguirreoa de prtero”. Esta vez jugaron: Aguirreoa; Toño, Pedro Martín, Quique Medina, José Ramón; Tata (Quico, 80’), David, Salvador; Víctor, Julio Suárez y Chalo (Lope Acosta, 70’). Dos goles de Víctor, dos de Julio Suárez y uno de Lope Acosta provocaron el delirio y que jugadores y técnicos fueran paseados a hombros. Los directivos, mientras, ya pensaban en el futuro y lo hacían con la fuerza de la ambición.