La extrema derecha guatemalteca insiste en acabar con el confinamiento

Un grupo de decenas de guatemaltecos de la extrema derecha realizó este jueves una segunda manifestación para mostrar su desacuerdo a las medidas restrictivas implementadas por el Gobierno a causa del coronavirus, con el fin de que el país "se abra" y evitar así "quebrarlo".

Con una nueva caravana de automóviles reunidos en el obelisco de Ciudad de Guatemala, unas cuatro decenas de vehículos avanzaron nuevamente, tal como lo hicieron tres semanas atrás, hacia el centro histórico capitalino. 
En esta ocasión, la caravana se dirigió hacia el Congreso para pedir el fin al estado de calamidad, impuesto desde el pasado 6 de marzo en el país centroamericano y que le ha permitido al presidente, Alejandro Giammattei, emitir disposiciones que han variado desde toques de queda vespertinos hasta limitar la libre circulación entre departamentos o, más recientemente, regular el tránsito dependiendo la terminación par o impar de placas. 
Uno de los participantes de la manifestación fue el exdiputado conservador y abogado constitucionalista Fernando Linares Beltranena, quien aseguró que la crisis de salud ha derivado en una profunda "crisis económica". 
El exlegislador aseguró que las limitaciones a "la libertad" emitidas por el Gobierno "a través de su paternalismo" no han permitido a los ciudadanos "asumir el riesgo del virus, así como asumimos todos los demás riesgos en el mundo, usando nuestra propia responsabilidad y libertad". 
Finalmente, pidió al Gobierno "ayudar al sector privado reduciendo las regulaciones o bajando impuestos para producir más y así mejorar el nivel de vida de los guatemaltecos". 

UN MÉDICO PARA LA RAZÓN 
Mientras los manifestantes se aglutinaban en el obelisco para salir juntos hacia el centro histórico, un médico se detuvo en su camino hacia el trabajo e intentó hacer entrar en razón a algunos de los fanáticos que repetían "no quebremos Guate" una y otra vez. 
Era el otorrinolaringólogo Luis Guerra, trabajador por más de 20 años en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social según dijo, quien lamentó que "hay mucha gente que ve cosas en internet, de otros países o que oye que hay ataúdes vacíos con piedras... yo eso no lo sé. Lo único que puedo decirles es lo que yo vivo en el hospital. No los critico, pero siento que alguien de aquí no debe tener idea de cómo son los hospitales". 
Mientras intentaba explicar que el oxígeno escasea en "todos lados" y que las disposiciones sanitarias han variado y permitido que ahora asintomáticos y enfermos leves de COVID-19 pasen la infección en casa, un manifestante le interrumpió a lo lejos para asegurar que "el oxígeno me dijeron que no se tenía que usar para esto, solo antiinflamatorio". 

La guerra subrayó que "a todas las personas que vinieron a manifestar las respeto mucho", pero insistió en decirle a los manifestantes que "no piensen que es una enfermedad leve" porque "siento que dentro de ellos ha de haber alguien que no sabe cómo están las cosas en el hospital".

Desde el pasado 15 de marzo, dos días después de haber hecho público el primer caso positivo de coronavirus, el Gobierno de Guatemala suspendió las clases a nivel presencial en todos los grados y el 16 de marzo anunció la cancelación del transporte público y de cualquier reunión o evento con más de 100 personas. 
A pesar de que el país se encuentra en confinamiento desde mediados de marzo, alrededor del 70 por ciento de los 16 millones de guatemaltecos viven en la informalidad y deben salir cada día en busca de ingresos, en un país con más del 60 por ciento de personas en condiciones de pobreza y uno de cada dos menores con desnutrición. 
De acuerdo a la última actualización de casos ofrecida por el despacho de Salud la noche del miércoles, Guatemala contabiliza 432 personas fallecidas por la COVID-19 y 11.251 casos positivos en total, dentro de los cuales 2.200 se han recuperado.