La Dieta Atlántica está llamando a la puerta de los futuros cambios

¿En qué pudo materializarse el despegue gastronómico - a partes iguales el real y el glamuroso- que se sin duda se desencadenó en las Islas? ¿Un cierto atisbo de destino gastronómico (dentro del eje gastronomía-sector primario-turismo?

Actualmente enfocado por el ‘telescopio’ de la pandemia se atisban transformaciones de un futuro no tan lejano. La aspiración de “destino gastronómico”, con todas sus letras, se suele plantear con la ‘boca pequeña’. Con la que está cayendo más bien todo apunta a formatos versátiles, producto local, arquitectura efímero y f´romulas de rápida adecuación al nivel en el que nos encontremos.

Como entelequia sin contornos pero como marca creo que toca turno a la denominada “Dieta Atlántica” que, como la Mediterránea, pueda representar una forma más o menos modélica de esgrimir la conceptualización de comer bajo la influencia de nuestro basto océano. ¿Para cuándo abrir la puerta a un elemento de marca y cohesionador de nuestra franja geográfica?

Si miramos atrás en la historia, Canarias fue siempre protagonista como 'laboratorio' de los géneros que venían de América –otra vez el Atlántico-. Posteriormente, por el papel que hemos jugado históricamente en épocas recientes del Turismo: en sus estancias los millones de almas que nos visitan tienen que comer. Qué y cómo ya es otro cantar y en esas estamos.

Para las Islas, afirmando esto de manera simplista, las cosas se presentaron así y hubo que asimilar rápidamente conocimientos y técnicas de otras culturas culinarias (fusión) y ‘reinterpretar’ –un montón de veces sin éxito- la cocina popular.

Papa antigua de Tenerife | Eduardo Gorostiza

Ante un turismo que se pierde en el horizonte, el restaurador canario hacía gala de platos patrios que no disgustaban al británico, al centroeuropeo, al nórdico,… Pero luego se pensó que era mejor adaptarse y que los foráneos encontraran en su retiro vacacional (dicho sin reproche) sus beans and eggs, embutidos, arenques,… Retornar a aquella propuesta genuina canaria que proclama, per se, esa influencia atlántica no parece que sea una abstracción.

Uno de los expertos y propulsores de fortalecer la base de la Dieta Atlántico, el profesor Francisco Almeida me comentó en una ocasión que “del simple rescate en las bibliotecas o para seminarios de historia… se puede –se debe- transformar en una marca beneficiosa ante los millones de visitantes que recibimos cada año”.

Claro está que sufrimos un impasse con lo de los "millones de visitantes" pero la adecuación del concepto global de Dieta Atlántica podrá ir fraguándose  de dentro para fuera. Los mismos productos cultivados en Canarias cuentan con texturas y matices diferentes gracias al aporte que les realiza la tierra y el clima.

Sólo por este motivo podríamos hablar de la oportunidad de ofrecer esa Dieta Atlántica canaria que aportaría un valor añadido, trascendiendo a la industria turística como así sucede con la Mediterránea, que ha cristalizado como aportación universal a la gastronomía.

Una dieta que también se nutre de las incorporaciones de las cocinas de todo el mundo, "gracias a que somos precursores en la creación de restaurantes de otros continentes, junto a productos originales como el Canary Wine que destacara Shakespeare, o los quesos isleños que logran los primeros premios en los concursos internacionales.
Francisco Belín