La bronca y el final de la racha

En los más de setenta años de historia del estadio Santiago Bernabéu pocas veces se habrá escuchado una bronca mayor que la que se le dedicó al Tenerife el 24 de enero de 1993. Ese día, el madridismo le mostró un grado de hostilidad máximo a la entidad blanquiazul, equiparable tan solo al que profesa al Barcelona. Y aunque han pasado más de dos décadas, el aficionado blanco, alimentado periódicamente por furibundos hinchas que se hacen llamar periodistas, sigue sin perdonar. El Tenerife había dejado de ser un rival más para el Real Madrid siete meses antes, cuando le arrebató una liga que el seguidor merengue creía de su propiedad. Entonces, le juró odio eterno. Y ha cumplido escrupulosamente su promesa.

Aquel 24 de enero, en la jornada que cerraba la primera vuelta, no llegaba al Bernabéu un rival cualquiera. Por el Paseo de la Castellana aparecía un equipo en racha, que sumaba seis victorias seguidas y once jornadas sin perder. Y que venía de encadenar triunfos en escenarios tradicionalmente complicados como el Carlos Tartiere (1-2), Balaídos (0-1) y El Sadar (1-2). Además, en el Heliodoro habían caído sucesivamente el Rayo Vallecano (4-0), el Sevilla de Maradona (3-0) y la Real Sociedad (1-0), con un gol de Pizzi en el último minuto. Por ello, aquel Tenerife visitaba el Bernabéu situado en el quinto puesto y a sólo tres puntos del Madrid de Benito Floro, que era tercero a un paso de Deportivo y Barcelona. 

El odiado Tenerife se había convertido en un adversario directo en la zona noble de la clasificación. Eso sí, el grupo dirigido por Jorge Valdano llegaba al Bernabéu sin su máxima estrella: Fernando Redondo había caído lesionado el domingo anterior después de una dura entrada de Larrañaga y se le habían diagnosticado cuatro meses de baja. El peruano Chemo del Solar, fichado como defensa central, fue su sustituto en un equipo que formó con: Agustín; Toño, Antonio Mata, César Gómez, Paqui (Berges, 74’); Chano, Del Solar, Castillo, Felipe (Dertycia, 72’); Quique Estebaranz y Pizzi. Y en una época en la que los dos equipos no salían juntos al terreno de juego, como ocurre ahora, el recibimiento al Tenerife fue apocalíptico. 

Durante dos interminables minutos, noventa mil individuos “con sangre en el ojo” –tal y como pidió Iván Zamorano, delantero del Madrid que no había vivido la derrota del Heliodoro meses atrás– obsequiaron al Tenerife con insultos e improperios que hubieran hecho palidecer a un descargador de muelles. “La verdad es que nos acojonamos”, confesó en el avión de vuelta uno de los líderes de aquel equipo. También se asustó el árbitro, el aragonés Celino Gracia Redondo, que barrió para casa y contribuyó al 3-0 final con tres tantos de Zamorano. La bronca acabó con la racha del Tenerife, pero no con los deseos de venganza del Madrid. “Pudimos marcar más goles”, dijo Floro. “Debimos ganar 6-0”, agregó Ramón Mendoza, el presidente blanco. 

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Formación del CD Tenerife en el Santiago Bernabéu el 24 de enero de 1993

Seis meses después, el Madrid volvía a perder la Liga en Tenerife. Y por mucho tiempo que pase, parece complicado que alguna vez el Tenerife reciba cariño en el Bernabéu.