Juan Diego López: "El mar ya no se puede limpiar, pero está en nuestra mano no seguir contaminando a este ritmo"

Tubigú

Crear conciencia de la importancia que tienen la meteorología y la hidrología para el equilibrio medioambiental y todas las actividades que realiza el hombre en el planeta es cada vez más crucial para un desarrollo sostenible.

Los océanos suponen uno de los mayores condicionantes del clima en el planeta y su protección está vinculada directamente con la acción del hombre en los espacios habitados, pues el incremento de habitantes en ciudades litorales genera el mayor índice de desequilibrio.

Para hablar de esta simbiosis, de qué medidas se pueden implementar para mejorar los ecosistemas de los océanos, y así evitar incrementar las consecuencias del cambio climático, AtlánticoHoy ha entrevistado a Juan Diego López Arquillo, arquitecto, profesor de la Universidad Europea de Canarias y experto en relaciones ciudad-océano (waterfront).

-¿Cuál es la importancia de la meteorología y la hidrología para el equilibrio medioambiental y todas las actividades que realiza el hombre en el planeta?

Al final, es el ambiente que más nos afecta. Para el 2050 tanto la ONU como la Unión Internacional de Arquitectos estima que el  75 % de población vivirá en ciudades. De este porcentaje, el 25 % lo hará junto al mar, por lo que el impacto de la ciudad y el mar cada vez va a ser más evidente y problemático y por eso se está estudiando especialmente. En algunos entornos como el canario somos privilegiados en el estudio de esta relación, no solamente por afectación de espacios, sino también, en este caso, por el tema de las aguas residuales. Evidentemente el mar, en cuanto a la meteorología y el clima, es un continuo, mientas que en la tierra tenemos diferentes pisos climáticos. El clima y la temperatura del mar son muy diferentes de un sitio a otro.

 

-¿De qué manera los propios océanos condicionan el clima en el planeta?

La afectación a la temperatura por la inercia que puede llegar a acumular, y por la modificación, movimiento y evaporación de masas de agua no es que ya sea importante, es que es un condicionante fundamental. Por eso, el daño que se le está haciendo al océano, en términos de alteración por la presencia de microplásticos, el calentamiento global o la afectación climatológica, que es evidente y, sobre todo, la afectación a la masa biológica, es cada vez más importante. Estamos viendo que hay un problema porque el mayor productor de oxígeno es el océano, y todo lo que sea alterar las cadenas habituales del océano puede tener unas consecuencias trascendentales que estamos empezando a imaginar. Esto es especialmente delicado. Puestos a pensar en problemáticas que podemos abordar nosotros, la relación entre ciudad y el mar, o ciudad y oceáno, es uno de los problemas, ahora mismo, más acuciantes por el incremento de la cantidad de urbanización junto al mar que estamos experimentando.

 

Queda trabajo por descontaminar y por eliminar fuentes, pero también muchísimo en concienciación y en cambiar el modelo.

 

- ¿Qué se está viendo en canarias? Cómo está afectando ese daño que estamos ocasionando al océano?

Hay un efecto visual, que es directamente la presencia de basuras. Hay zonas en los que ejercemos puntos de control, se realizan limpiezas de playas por ejemplo, y en seis meses volvemos a tener los mismos residuos. Hay un problema de aguas residuales, que se han relacionado con la presencia de microalgas, lo que siempre hay que investigar. Algunas investigaciones que dicen que no parece haber causa directa, mientras otras dicen que sí, pero es evidente que existe un problema de aguas residuales en el archipiélago que puede afectar más o afectar menos, pero que lo que sí hace es afectar a nuestra imagen turística. Eso es muy importante. Que tengan que cerrar una playa porque ha aparecido una bacteria es terrible. Las multas que nos imponen desde Europa por esa falta de depuración... La alteración continuada de todo el planeta está claro que va a cambiar, y ya lo está haciendo, la distribución de especies, así como acidez y temperatura en algunos puntos. Estamos empezando a ver el comienzo de todo esto. Con lo cual, es el momento de actuar ya de forma drástica.

 

 

-¿Cómo podemos trabajar para abordar estos retos? Porque está claro que Canarias se enfrenta aquí a varios desafíos. ¿Cuál debería ser la prioridad en nuestro caso?

Hay varias propuestas. El problema más acuciante ahora mismo en nuestro océano cercano, digamos, son siempre los vertidos marinos, los residuos, esa contaminación continuada..., un problema a todo nivel, tanto visual, como sucede en playas por la afectación a nuestra imagen turística, así como esa súper contaminación en los océanos, a nivel mundial, y en los caladeros. A nivel insular hay determinadas zonas donde cada vez se pesca menos, incluso de forma artesanal. Cada vez se fuerzan más las capturas, las artes de pesca y eso está siendo un problema. A nivel climático no será de la noche a la mañana, sino a medio-largo plazo. Implica, no solo por la contaminación, un modelo en el que no se tiene cuidado con este equilibrio ecológico y climático, en general, con el planeta, y estamos viendo ya los resultados.

 

-¿Cree que en Canarias, rodeados por el océano como estamos, le damos a esta situación la importancia que se merece?

Nosotros tenemos una ventaja geográfica, que es la falta de plataforma continental. Por eso nuestras aguas son muy profundas. A muy poca distancia de la costa hay mucha profundidad. Esa falta de plataforma continental hace que cualquier corriente, cualquier residuo, inmediatamente desaparezca, con lo cual no vemos el efecto directo. Los macro residuos sí los vemos depositados, pero precisamente por cómo son los fondos no solemos ver esos residuos. Desaparecen por la profundidad del océano y el efecto de las corrientes. Pero qué duda cabe que están ahí. Todos participamos en eso y somos parte de esa realidad, por lo que es necesaria una política común para atajar el problema, que es un problema grave, muy amplio y muy caro de erradicar, pero acuciante.

 

-Si no actuamos, ¿qué será lo siguiente? ¿ A dónde vamos a llegar?

Precisamente, como la masa oceánica es continua, quizás no lo veamos aquí directamente, pero es posible que estas corrientes acaben en otro sitio. Igual que en la calima, la contaminación por metales en partículas en algunas zonas de otro continente acaba aquí. Es que el planeta es un continuo, por lo que no hay que cuidar solamente nuestro entorno local, sino la continuidad global.

El océano es especialmente delicado. Hay incluso especies de pescado que se desaconseja comer por contaminación por mercurio, y eso viene de ese efecto global de vertidos al mar, de contaminación. Ahora tenemos un problema con los microplásticos, que ha llegado a las cadenas tróficas masivas a nivel planetario.

¿Qué podemos hacer? Desde las ciudades, evitar seguir urbanizando contra la costa, lo que ha sido una característica muy importante en las ciudades canarias, que cuando han crecido turísticamente han ido contra el mar. Tantos paseos marítimos, malecones, playas, que han ido comiendo el mar... Y por otra parte, el tema de los vertidos, que es importantísimo, y no solo por nosotros en global, sino porque cada uno de nosotros podemos tener efecto en eso. El uso de jabones, detergentes específicos, determinados químicos que nos hemos acostumbrado a usar, que son difícilmente filtrables, y que al final acaban todos en el mar. La construcción de depuradoras de aguas residuales es fundamental, y una de las acciones que en zonas turísticas más cuidadas deben estar, en muchas partes lo están, pero tienen que ser especialmente cuidadosos en ese aspecto. El crecimiento turístico sí que puede conllevar una mejor noción ecológica y una mejor dotación de infraestructuras para paliar este problema de aguas residuales.

 

-Sí que queda trabajo por hacer...

Queda mucho. Queda trabajo por descontaminar y por eliminar fuentes, pero también muchísimo en concienciación y en cambiar el modelo. Cuando hablamos de eso, desgraciadamente, siempre decimos que ya el mar no se puede limpiar, es una realidad, pero sí tenemos en nuestra mano dejar de seguir contaminando a este ritmo. Después de la pandemia  se notó el efecto de la falta de pesca esos meses, pero nada más entrar ya había mascarillas. Van volando, se depositan, se caen... No es a propósito, pero los accidentes ocurren, y ese papelito, por ejemplo, que dejamos volar al final siempre acaba en ese fondo y es claramente un problema.

 

-¿En qué debemos hacer más hincapié?

En realidad lo más importante es hacer hincapié en que las acciones en un punto de la Tierra, tanto en la atmósfera como en el mar, pueden acabar en otro muy diferente. La responsabilidad no es solo no afectarnos a nosotros mismos, que también, evidentemente, no afectar en general, porque unas acciones afectan a otro sitio. Hay fuentes que están estudiando de dónde viene el microplástico oceánico y han determinado que el 80 %  proviene de dos o tres ríos del sudeste asiático.

Uno de los grandes problemas en climatología, en la ciudad, en el mar, en la afectación marítimo costera, es que el planeta es un continuo, y lo que contaminamos en un punto acaba en otro del planeta. Es la realidad que tenemos ahora y nos condicionará en un futuro. ¿La esperanza? Que está muy bien localizado el problema, dónde están los emisarios, las redes, las líneas, con lo que construir estaciones de depuración es factible, así como tener voluntad ciudadana para exigirla y voluntad política para hacerlo. El GrafCan marca perfectamente los puntos de vertido, no es un problema oculto. Se muestra oficialmente porque hay que solucionarlo. Se está trabajando en eso, se tiene localizado el problema y hay un buen desarrollo de soluciones. El problema es que esas cosas tan grandes no se hacen de la noche a la mañana y depende un poco de todos. Desde  los peques en el cole, hasta los políticos.

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