El cineasta cubano Juan Carlos Tabío | PIXABAY

Juan Carlos Tabío, el cineasta que reflejó a Cuba desde el humor

Tubigú

El reencuentro de un amor de juventud en plena procesión fúnebre, el sueño frustrado de mudarse a barriadas elegantes del Vedado o los líos por el reclamo de una millonaria herencia sellaron parte de las historias del director de cine cubano Juan Carlos Tabío, fallecido este lunes en La Habana.

A Tabío, nacido en 1943 en La Habana, lo descubrió Tomás Gutiérrez Alea -llamado cariñosamente en Cuba "Titón"-, otro de los grandes directores de la cinematografía cubana contemporánea, y juntos reflejaron la dura realidad de su país, marcada por la crisis económica generada tras la caída de la Unión Soviética en 1991.

El cineasta usó la comedia para narrar la Cuba del llamado "Período Especial", y junto con "Titón" codirigió la célebre "Fresa y Chocolate" (1993, nominada al Óscar como Mejor Película de Habla No Inglesa), que versó sobre la amistad entre un joven comunista (David) y un intelectual homosexual (Diego), un tema tabú para la sociedad isleña en aquel momento.

Concretamente, dos años después, vino "Guantanamera", un filme de humor negro que narra las peripecias en el traslado de una difunta desde la oriental provincia de Guantánamo hasta La Habana, y las marañas de un funcionario burócrata y su plan de "ahorro" para los cortejos fúnebres, así como el reencuentro de un amor de juventud.

RETAZOS DE REALIDAD

Su primer filme, "Se Permuta" (1985), no solo le dio la oportunidad de mostrar a la vedette Rosita Fornés en su mejor faceta de actriz, sino también dibujó una Cuba que ya sentía los efectos de la crisis con duro impacto en el sector de la vivienda o el transporte público.

En 1988 contó en "Plaff o demasiado miedo a la vida" la historia de una mujer (magistralmente encarnada por Daisy Granados) que rechaza a la esposa de su hijo e, incluso, a un enamorado suyo, y comienza a lanzar huevos contra las paredes de su propia casa.

En el último año del siglo XX, dirigió "Lista de Espera", filme que siguió su línea temática de mezclar drama con humor y romanticismo con un toque de realidad, al contar la histeria y desespero casi colectivo de los pasajeros varados en una terminal de ómnibus de un pueblo del centro de Cuba.

Tras esa experiencia, volvió a escribir a cuatro manos con el escritor Arturo Arango en 2008 en "El cuerno de la abundancia". La coproducción entre la productora española Tornasol Films y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) abordó el alboroto que deja en los pobladores de Yaragüey, un pequeño pueblo imaginario del interior de Cuba, la noticia de una millonaria herencia que tal vez ni existía.

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