Las cabinas telefónicas, en extinción

Las cabinas telefónicas se encuentran cada vez más en el punto de mira. De estar en casi cada esquina de las calles principales de todo el Archipiélago han sufrido un paulatino desmantelamiento que las ha convertido en una rareza. 
Prácticamente nunca están ocupadas por usuarios y su mantenimiento implica un coste, para muchos, innecesario. ¿Por qué siguen existiendo entonces? 
Image
Cabina en La Laguna | AtlánticoHoy

Telefónica debía asegurar, como mínimo, un teléfono público en cada municipio de mil o más habitantes y uno más por cada 3.000 habitantes. Entre las ciudades con mayor número de cabinas destacan Madrid con cerca de mil unidades que, según datos oficiales, solo se usan una media de una vez al día. Le sigue Barcelona, con más de 500 y Las Palmas de Gran Canaria, con cerca de 400 cabinas. Tras ellas se encuentran otras ciudades como Valencia, Málaga, Cádiz, Tenerife y Alicante. 
A principios de 2017, Telefónica contabilizaba en todo el territorio nacional unas 18.300 cabinas y, de ellas, unas 12.000 ya no le son rentables. Sin embargo, las que aún lo son, tampoco llegan a cubrir las necesidades del servicio, que también lleva consigo la responsabilidad de seguir ofreciendo guías de teléfonos o servicios adaptados para personas con discapacidad.

Image
Una de las escasas cabinas de la capital tinerfeña | AtlánticoHoy

De 55.000 a 18.300 unidades

El número de cabinas se reduce a razón de unas 5.000 anuales en los últimos años. Aunque la reducción es notable, la misma no es percibida por los usuarios debido a que cada vez tienen menos necesidad de las mismas. Así, de 55.000 cabinas en 1999 se han pasado a las 18.300 en la actualidad. 
¿Los motivos? La extensión de la telefonía móvil, que ha desterrado por completo su uso, pues los datos indican que ya existen unas 110 líneas por cada 100 habitantes.

Según el Boletín Oficial del Estado (BOE), ninguna operadora quería que Telefónica les pasara el testigo del mantenimiento a finales de 2016, cuando los concursos de este servicio quedaron desiertos una vez convocados. Sin embargo, un real decreto obliga al Estado a mantener este servicio, por lo que se hizo efectiva una prórroga hasta 2018. 

La compañía debía asegurar, como mínimo, un teléfono público en cada municipio de mil o más habitantes y uno más por cada 3.000 habitantes

La operadora está a la espera de que el Ministerio del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital elimine la obligación del suministro de teléfonos públicos de pago. Mientras tanto, y pese a la escasa rentabilidad de las cabinas, Telefónica seguirá gestionando el servicio de las cabinas telefónicas españolas. 
En muchas ciudades las han ido transformando en pequeñas bibliotecas donde los usuarios retiran libros y dejan sus sustitutos en su interior. ¿Será el final que les espera también en las islas?