Todo no pasa por Pisa o sí pasa por Pisa

Saltaban las alarmas a comienzos de este mes de diciembre, en el entorno de la educación, incluso ya ocurría desde finales de noviembre, coincidiendo con las fechas de la celebración del patrón de nosotros, los maestros, San José de Calasanz. Alarmas que a más de uno les han hecho echarse las manos a la cabeza, o saltar de estupor por los resultados obtenidos en el territorio MEC en relación con el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA, Programme for International Student Assessment. El interrogante que les dejo para disertar no me ha hecho estrujarme mucho la cabeza: ¿De qué nos sorprendemos?
Voy a compartir, si me lo permiten, dos sencillas razones que a mí me llevan a estar entre esos muchos que no se han sorprendido por esos resultados.

En nuestro gremio hay muchísimos docentes que no creen ni en la LOMCE, ni en el mundo de educar desde las competencias

Por un lado, en nuestro gremio hay muchísimos docentes que no creen ni en la LOMCE, ni en el mundo de educar desde las competencias, ni siquiera en cumplir con criterios o con estándares. Seamos sinceros, y siempre desde el respeto, muchísimos compañeros siguen dando sus clases de espalda al alumno, y mirando a la pizarra, y si me lo permiten, de espalda a la realidad del Siglo XXI. Pero ese es un modelo loable, y que cada uno elige, desde su derecho de cátedra, a la hora de preparar, y sobre todo de ofrecer sus conocimientos para que el alumno evolucione y progrese.
Totalmente respetable este método para desarrollar unos contenidos, pero de espalda al mundo en el que hoy nos movemos, en muchos de esos casos. Además, hay que ser consecuente con que Pisa evalúa por competencias, y si no se forma a los alumnos en ese modelo de aprendizaje, lógicamente los resultados obtenidos a posteriori en las estadísticas Pisa dibujan una mayoría de Comunidades que hoy están por debajo de los valores de OCDE, e incluso se sitúan en niveles paupérrimos en relación con esas otras Comunidades Autónomas, españolas, que sí llegan a los mínimos de la OCDE. Quizás ha llegado el momento de elegir, educamos como en el Siglo XIX, o como en el XXI.

Estamos evaluando a una generación que hace 12 años sufrió una dura crisis

Luego, por otro lado, encontramos algo más manido y que también es cierto. Estamos evaluando a una generación que hace 12 años sufrió una dura crisis, como todos los españoles y europeos, y de la que aún no hemos salido del todo. O son hijos de familias que vivieron en sus carnes esa situación crítica que aún no hemos sabido superar. Una crisis que también afectó de manera directa a la educación. No hablo de que nos haya afectado en nuestra instrumentalización para educar, en los elementos necesarios para llevarla a cabo, porque no me refiero a eso, sino que quiero hacer considerar el que nuestros alumnos conforman una generación, y casi dos generaciones, que se han topado con el fenómeno de la crisis económica y social, una tormenta casi perfecta que no se ha podido superar del todo. Son alumnos que han vivido por un lado un mundo que se construye entre grandes avances tecnológicos, pero que a la vez cae en picado en la ausencia de valores humanos. Un mundo que les ha llevado a convivir con carencias económicas en sus familias y la desestructuración de muchas de ellas. Un cóctel destructivo para unos jóvenes que se hallan en su periodo de crecimiento más directo.
No quiero que esta reflexión caiga en una crítica voraz, de ninguna manera persigo esto. Lo que quiero es ofrecer una reflexión que nos haga analizar, y nos lleve a entender que para eso sí sirve Pisa. Hemos de considerar cuál es el modelo de educación que debemos acometer y hacerlo ya, sin más dilación. Mi modelo, ya se los digo, mi modelo es el de adaptarme a los tiempos y hacer a unos jóvenes competentes con este futuro que es el presente para ellos. Lo quiero hacer EduKando, y como la mayoría de los profesores y profesoras, sé que lo podemos conseguir.