Indiferencia ante el Real Madrid

Ahora cuesta creerlo, pero hubo un tiempo en el que el Real Madrid viajaba a Tenerife y sólo había 'cuatro gatos' en Los Rodeos para recibir a la expedición blanca. Suena a ciencia ficción, pero hubo un tiempo en el que nadie esperaba en el hotel la llegada de las figuras merengues, más allá de un par de fotógrafos de los rotativos locales y algún periodista necesitado de llenar una página. Hubo un tiempo, palabra de honor, en que el Heliodoro sólo registraba “poco más de tres cuartos de entrada” con motivo de un Tenerife-Real Madrid. De hecho, hubo un tiempo en el que ese Tenerife-Real Madrid acababa con un 3-0 a favor de los locales y nadie hablaba de “hazaña” ni de “sorpresa”. Así, el público se limitaba a aplaudir discretamente a los jugadores blanquiazules por su correcto desempeño. Y luego, la afición se iba a casa en absoluta calma, convencida de haber asistido a un choque más cercano al trámite que a la gesta.

Y no se crean que era un Madrid cualquiera. Porque en la expedición que llegó al aeropuerto de Los Rodeos el 9 de marzo de 1996 bajo la dirección técnica de Arsenio Iglesias y en medio de la indiferencia general había elementos como Buyo, Chendo, Alkorta, Hierro, Quique Flores, Michel, Redondo, Luis Enrique, Laudrup, Raúl o Zamorano. Meses atrás, todos ellos habían resultado decisivos en la conquista del título de Liga (con Jorge Valdano como entrenador). Y días antes, esos mismos jugadores se habían impuesto a la Juventus de Turín en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa de Europa. Además, el capítulo de ausencias no era llamativo (Sanchís, Soler, Amavisca y Esnaider) y hasta había factores que podían agregar morbo al choque, como el regreso de Redondo a la Isla o las aún recientes ligas arrebatadas al Madrid. Sin embargo, en Los Rodeos no había (casi) nadie y sobraban entradas en taquilla. 

En el (escaso) ánimo del aficionado blanquiazul pesaban más otros argumentos: en su séptima temporada consecutiva en la élite, el grupo que entonces dirigía Jupp Heynckes ocupaba una 'decepcionante' octava plaza y la entidad había declarado el choque como 'día del club', lo que obligaba a pasar por taquilla y abonar entre 1.600 y 10.000 pesetas. Además, los blanquiazules habían caído (1-2) ante el Zaragoza en su anterior aparición en el Heliodoro. En realidad, si la expectación era escasa no era culpa del rival. Era, simplemente, que la Isla y el Heliodoro se habían acostumbrado al caviar y una langosta Thermidor ya parecía poca cosa. De hecho, ese curso Tenerife y Madrid jugaban de igual a igual. Con Atlético Madrid, Barcelona y Valencia pugnando por el título, merengues y blanquiazules se peleaban por una 'plaza UEFA' que al final se quedó el conjunto blanquiazul.

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Formación del CD Tenerife, en la temporada 95-96

 Lo hizo gracias al 3-0 –con dos goles de Pizzi y uno de Robaina– logrado al día siguiente en el Heliodoro, que dejaba a los blancos por detrás en la clasificación y con el 'gol average' perdido. Y ocurrió, aunque ahora cueste creerlo, en un partido jugado en medio de la indiferencia general.