Ilusos...

Tubigú

Hoy hace un año que todo cambió. Nos mandaron a casa para lo que pensábamos que iba a durar unas semanas. Fuimos unos ilusos al pensar que en un mes esto se terminaría. Nos fiamos de las palabras del doctor Fernando Simón: “serán unos cuantos casos, como una gripe común”. Yo mismo llegué escribir que me parecía estúpido que cancelaran eventos internaciones por esta “tontería” llegada de China.

Y nos fuimos a casa algo preocupados, pero ilusos, nos fuimos a planear las vacaciones de verano, a la vuelta de la esquina. Nunca pensamos en eso del Tele Trabajo. Los más atrevidos, con la mosca tras la oreja, se fueron al super a avituallarse, pero como otras veces, como cuando la Guerra del Golfo, ese miedo ancestral del ser humano a verse sin recursos.

En las cafeterías, ilusos, se reían del asunto de que cerraban unos días, y los parroquianos (no se me olvidará, fue un sábado), apuraban unas cervezas, tranquilos mientras quedaban para el siguiente miércoles a ver el partido de la champions del Real Madrid o el Barsa.  Ilusos, los turistas que venían a Canarias se regodeaban pensando en nuestras playas, y nuestros hoteleros y empresarios, en el gasto diario por visitante, y en las cifras mágicas de 16 millones de llegadas. Las compañías aéreas jamás pensaron en que sus impresionantes máquinas de volar tuvieran que verse aparcadas.

Ilusos, jamás pensamos que cada día morirían cientos de personas, que los hospitales se colapsarían, o que tendríamos que construir respiradores en fábricas de coches. Vivimos una ilusión en la que jamás imaginamos que nuestros mayores, a los que intentábamos cuidar como una alhaja preciada, caerían como moscas a la primera embestida en Residencias desprotegidas. Nunca, ilusos, pensamos en que la muerte se los llevaría de la mano, sin poderlos honrar con una ultima caricia.

Ilusos estábamos e ilusos seguimos. Hemos aceptado las reglas de un juego pandémico que parece más largo que un túnel de esos donde no se ve la luz al final. Ilusos y obedientes, obedecemos cada dia a la desidia de los semáforos y las instrucciones. Creo que seguimos creyendo y aún no sea apagado la hoguera de la esperanza, porque en el fondo ¿saben? Somos ilusos, y seguimos creyendo en la ilusión de quitarnos la mascarilla, besarnos y abrazarnos, como si no hubiera un mañana. Créanlo que sí...

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