Habla del Mar: cuando el vino llega a tu orilla de la sensibilidad

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Sin ánimo de ser insistente con esto, una vez más sí quiero salir al paso de esa exclamación tozuda de 'yo no sé de vinos, sólo sé si me gustan o no'. Enseguida pregunto a esa persona: ¿te gustará o no por algo en particular? Desde esta nueva 'situación' se abren sendas para entender más de cerca este mundo de gratas recompensas organolépticas.

Los que con cierta frecuencia y por razones profesionales tenemos posibilidad de asistir a catas, realmente ventanas abiertas para el conocimiento de las elaboraciones procedentes de variados terruños, solemos advertir bonanzas y excelencias que hacen de cada referencia un concepto único. Ya sea más o menos cercano al gusto personal. siempre se sabe reconocer lo interesante, complejo o sugerente de las vinificaciones.

Lo que no es tan frecuente, diría, es que el vino -vamos a decirlo de esta manera- se tope contigo y no tú con el vino. Algo así me pasó esta semana con el Habla del Mar, de la formidable bodega de Extremadura (de Trujillo concretamente). Un vino que descansa en lecho submarino y que se presenta en botella con forma de faro (inspirado en el edificio de El Cotillo, Fuerteventura). Me encanta.

Diríase un 'flechazo a primer sorbo' durante el almuerzo propiciado por Toño Armas (alma mater de El Gusto por el Vino, que está  celebrando el décimo aniversario de la vinoteca de San Sebastián) junto a Iratxe y Fernando, en representación de la bodega extremeña. No quitaba luz el citado faro a otras joyas (el champán Moses, Habla Duende, Tinto Habla número 21) presentadas durante el almuerzo en el restaurante santacrucero Sagrario, con Raúl Santos al frente.

Un servidor se dejó llevar por el 'cabrilleo de olas salinas' de este blanco que 'se hace' en las profundidades de las aguas de San Juan de Luz hasta desembocar en la orilla  donde emerge el faro de la botella. Claro está que Extremadura no tiene salida al mar pero esto dice de la creatividad e intenciones de una bodega activa en la exploración de abanicos vitivinícolas, como puede ser el del referido champán Moses.

Habla del Mar es un afinado ensamblaje de variedades de uvas costeras del Norte (me dice Fernando que incluso tiene algo de albín asturiano): el caso es que ese amarillo limpio y brillante se apresura a transmir su aroma perfumado en una copa que va apuntando matices marinos.

Densidad adecuada, acidez afinada, afirmo que va muy bien para compartir botella con alguien (no necesariamente con gastronomía) o disfrutar de maridajes como los que propició el jefe de cocina. Duende, también este vino... Pero eso es otro contar.

Grandes descubrimientos que llevan, pues, a buscar otros ángulos de los creadores de ese mito que es ya Habla... del Silencio.

Y que no quede en el tintero: ¡me fascinan los faros!

Francisco Belín

el sauzal

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