¡Abuela! ¿Cómo se hace un buen escaldón?

Ahora que vamos proa al año desde el histórico confinamiento de marzo, que sabemos de restricciones, lo razonable, el civismo y la barbarie, el hecho es que nos podemos cuestionar a estas alturas si estamos al borde de lo 'apocalíptico' y si esto va a hacer aplacar ciertas digamos que ciertas excentricidades que estaban empañando a la Humanidad.
También, por supuesto, desde el plano de la alimentación y de los alimentos procesados y los recién recogidos de los cultivos: productos de cercanía. ¿Va a ser que esta evolución de la pandemia nos vaya a desencajar de tantas y tantas evidencias del mundo del bienestar (de cuño especialmente occidental) y nos lleve a otros hábitos de antaño que ni ya existían en nuestro contorno cultural?
Al respecto, el colega Fernando Gallardo, periodista y crítico de Hoteles de "El País", se mostraba rotundo en una de sus columnas de reflexión, "¿Pasar hambre o pasar fiebre con el coronavirus?", particularmente en este  párrafo: "Sabemos que el parón productivo nos aboca a una recesión económica de consecuencias imprevisibles también para la salud. Estamos liquidando millones de empleos en apenas unas semanas, lo que supone un récord difícil de parangonar en toda la historia de la Humanidad".
"Como consecuencia de este sacrificio asistiremos atónitos a la degradación de la vida occidental, al resurgimiento de instintos que parecían olvidados y a una penuria cuyo coste podría superar en vidas humanas a todas aquellas que pretendemos salvar. Cuestión aparte es la indefensión de nuestro organismo al hecho de vivir cada día más indemnes a las enfermedades, las epidemias y los sacrificios que nos han hecho fuertes como especie humana".
Las palabras de Gallardo suenan contundentes pero están abocadas para que nos sigamos preparándonos ante otro escenario y, uno de ellos, el del confort, el vacacional, el de acudir a un restaurante,... va a verse obligado a revisar de continuo quizá algunos "ejes de coordenadas" que hasta ahora constituían el "estilo" de esa sociedad basada en el confort, en lo lúdico de la alimentación, en lo experiencial y que en los últimos años ha ido incorporando la gastronomía como uno de los baluartes indicativos de sus cotas de progreso.
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Un escaldón como es debido | Francisco Belín

Seguir la observancia a lo que indican las autoridades en estos momentos delicados es fundamental y, por supuesto, las sanitarias -a los profesionales de la medicina y la enfermería todo el reconocimiento, por mucho que sea su labor-. ¿Estamos mirando las cosas -los productos, las recetas, esas ollas- de otro modo? ¿volvemos al 'gusanillo' de rebuscar en el pasado fórmulas de cómo se elaboraba, con poco, un buen escaldón, un caldo de millo, un compuesto de potas?
Llamar a la abuela o el abuelo y que nos expliquen cómo prepararnos un buen frangollo, unas lentejas estofadas,... Aprender a hacer un pan o un yogur casero. Ojear textos de la Historia de la Cocina. ¿De dónde viene el suflé? ¿Cómo vino la papa a Canarias y posteriormente se expandió a Europa? ¿Qué tiene nuestro puchero que no tengan otros cocidos y recetas de olla? Recetas sencillas y con su esencia.
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No nos queda otra que planificar estas horas que en algunos momentos se nos van a hacer eternas. A unos y a otras. Quizá sí, la heroicidad sea estos días la de lavarse bien las manos y frecuentemente. Dar ejemplo. Darlo y no a medias. No podemos estar en casa y que un señor -que quizá crea que es más. mejor, más inteligente. más arriesgado- se le vea tranquilamente haciendo footing por la rambla. Las personas así no tienen en cuenta a nadie, ciertamente.
En una de esas acudamos a nuestos mayores. Una llamada a la abuela: ¿cómo era la receta del arroz amarillo? ¿cómo las de unas truchas de batata? Ponerse a la labor en el confort de nuestra cocina.
Alo Reyes pediría que no falte el condimento del optimismo y que nos haga recapacitar acerca del pasado y el futuro. Si ha leído hasta el final este artículo al menos habrá pasado un ratito distendido. También ha sido mi intención.