AtlánticoHoy

Tool
Festival de Cortos La Orotava | IMAGEN CEDIDA
Anterior noticia
Un instante del vídeo | VÍDEO CEDIDO A LA REDACCIÓN ATLÁNTICOHOY
Siguiente noticia

TÚ OPINAS

0
0

Tiempos Pasados

Ventita tradicional | AH

reflexión

Tiempos Pasados

Definitivamente, y haciendo memoria, creo que deberíamos analizar cómo era la vida en la década de los sesenta o los años setenta del siglo pasado

AtlánticoHoy
AtlánticoHoy
AtlánticoHoy
| Santa Cruz de Tenerife | 2019-10-11 12:08:00

Definitivamente, y haciendo memoria, creo que deberíamos analizar cómo era la vida en la década de los sesenta o los años setenta del siglo pasado. Un profundo análisis de prácticas que, de repente, desterramos y se fueron sin saber ni cuándo ni dónde ni por qué y que ahora se demandan como “buena praxis”

Mi madre regentaba una pequeña venta en Vallehermoso. El plástico no existía porque todo se envolvía en un papel de traza que era totalmente reciclable. Cira era experta envolviendo en forma de cucuruchos de papel todo el género de la tienda (legumbres, arroz, chícharos, pescado salado, fideos que venían a granel y un largo etcétera). Todo venia en sacos para después comercializarlo al detal.

En la tienda de mi madre había dos dispensadores. Uno era de aceite y el otro era de petróleo. Las personas que venían a comprar esos productos traían las botellas desde sus casas y, de esa forma, se servían estos dos artículos tan necesarios para cocinar o para alumbrar porque las cocinas y lámparas eran de ese combustible fósil.

Las cervezas y los refrescos se servían entregando previamente las botellas ya usadas. Si no, casi era imposible que te lo suministraran. Yo recuerdo cuando iban a comprar cerveza “MAS” o un refresco denominado “Orange Crush”. “Cira, aquí te pongo las botellas” decían.

Con las latas de sardinas se fabricaban coches para jugar. Eran la delicia y la ilusión de todos nosotros. Había un señor en un barrio de Vallehermoso, Los Rabones, llamado Magdaleno, que nos ponía a todos un sobrenombre y hacia los coches con latas de sardina y las ruedas con chapas de cerveza para regalárnoslos.

El plástico brillaba por su ausencia. Prácticamente no existía porque muchos alimentos de consumo diario se vendían a granel.

Las cestas de fibra vegetal y realizadas de manera artesanal podían servir para ir a la compra o para utilizarlas en la vendimia. Enormes cestos servían para trasladar la uva hasta los lagares y el mosto se llevaba a las bodegas en “foles” (la piel de la cabra completa y seca) que se llenaba y se vaciaba en las barricas de maderas que se medían en pipas.

El agua de los aljibes con un aprovechamiento total. Los turnos para regar y la figura del turnero, el aprovechamiento de la pinocha para pajares, que luego se convertía en abono vegetal, las hojas de platanera para realizar unas cestas con una técnica artesana de la Gomera. Mi madre, en la tienda y en sus ratos libres, se dedicaba también a la cestería.

La electricidad funcionaba desde las seis de la tarde hasta las doce de la noche y se daban tres avisos (con pequeños apagones) para indicarnos que en breve se iba la luz.

Hasta la radio se ahorraba para no gastar pilas. Mi abuela la encendía para la radionovela y mi padre para escuchar un programa musical que se denominaba “La Ronda” y también para oír atentamente en el boletín de noticias.

En el pueblo nos íbamos de barrio a barrio caminando por los barrancos, jugando con cañas en los charcos y adivinando si aquello que se movía era una rana o un sapo, saltando piedras y, en definitiva, viviendo la felicidad.

Hoy, cuando hablamos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, debemos visualizar nuestro pasado, cómo vivíamos y cómo se respetaba el medio natural, que era una comunión perfecta con sus habitantes.

Hoy, las cestas realizadas con fibra vegetal de nuestros montes sirven para adorno. Si la diseñadora Nina West conociese la técnica y su desarrollo, estoy completamente seguro que las veríamos en lujosos almacenes antes de ser copiadas por alguna fábrica China.

Todos los momentos vividos generan felicidad. Los pasados nos producen, aparte de felicidad, ternura, añoranza y recuerdos.

Y en este momento, justo cuando estoy escribiendo este artículo, me llega un mensaje de texto de La Dama en La Gomera. Me lo manda un amigo muy especial que está trabaja en el sector primario y, cuando me manda el mensaje, está en medio de una finca de plataneras. “Fin de semana voy pa Tenerife” me escribe. Yo le respondo con “Emoticonos” pero él sabe de sobra lo que le quiero decir. Después de la imprenta, los mensajes de texto en teléfonos inteligentes han sido la gran revolución en la comunicación.


OPINA SOBRE ESTA NOTICIA
There are no comments.

Para comentar inicia sesión o regístrate

Iniciar sesión Regístrate
JUEGA CON ATLÁNTICOHOY