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Conversación en clave gastronómica con Javier Sierra, Premio Planeta 17

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Conversación en clave gastronómica con Javier Sierra, Premio Planeta 17

Gastronomía
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El autor firmando libres tras su intervención en el salón La Graciosa | Francisco Belín


Por vez primera en Canarias

Conversación en clave gastronómica con Javier Sierra, Premio Planeta 17

El complejo hotelero de Playa Blanca (Lanzarote) fue marco de presentación de "El fuego invisible"

Fran Belín
Fran Belín
Fran Belín
Francisco Belín | Santa Cruz de Tenerife | 2018-02-18 16:17:20

Premio Planeta 2017 con la novela "El fuego invisible", Javier Sierra, que también está sumergido de lleno en su proyecto televisivo "Otros mundos" (canal #0 Movistar), presentó por primera vez en Canarias la obra que le hizo obtener uno de los galardones más importantes de la lengua española.

El autor detalló claves de su libro en un acto, de entrada libre al público en general, que tuvo como marco el hotel Princesa Yaiza de Playa Blanca, Lanzarote. La otra presentación, del autor, nos la podemos ahorrar, aunque no sin dejar en el tintero su reciente hito personal del Premio Planeta y el despliegue del referido formato televisivo, espoleado siempre por esa avidez por escudriñar en enigmas universales. 

Me lo quiero traer al campo de la gastronomía, que ya sobradas son las entrevistasde corte literario de otros colegas. ¿Qué mejor hilo conductor que el vino? Reflotamos ambos el recuerdo de la circunstancia en las que nos conocimos hace años, durante la presentación del vino Salmos de Bodegas Torres y la curiosa “gincana” que organizó Javier en el Priorato.

Numerosos participantes debían buscar la botella “enterrada” basando sus pesquisas en claves y enigmas de la zona. “Lo recuerdo como un desafío –comenta- para resolver los interrogantes a través de la etiqueta y que nos dirigía los pasos a los feudos de los monjes que fundaron Scala Dei…”.

El vino no ha pasado desapercibido para el autor nacido en Teruel y que luego a los 15 años marchó con su familia a Castellón. “Estuve inmerso en una serie de relatos relacionados con el vino Las Luces, de las bodegas madrileñas Las Moradas de San Martín (óptima garnacha) y visito siempre que puedo otros lugares”.

Como Barbastro, en Huesca, que es uno de esos enclaves sabrosos en viniviticultura e historia, algo que “le puede” al escritor, que enseguida saca a colación el dato de que fue el arranque de la primera Cruzada de la historia en el siglo XI…!

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Cerca de Montaña Roja, en Playa Blanca e invitado por el grupo del hotel Princesa Yaiza este 15 de febrero, donde presentará por vez primera en Canarias “El fuego invisible”, Javier Sierra vuelve a reencontrarse con la isla conejera. “Me manejo por símbolos y esto influye en mi pensamiento, por lo que esta vuelta a tierras lanzaroteñas supone para mí una carga emocional muy importante”.

“No en balde –detalla-, el caballero Lanzarote fue uno de los que acudió en búsqueda del Santo Grial…”. Cuéntame –doy el giro sin solución de continuidad-: ¿cuánto de guiño a la gastronomía impregna toda tu obra literaria?”.

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Confiesa Javier que, tan ocupados como él, sus personajes se han nutrido más por necesidades biológicas que por andarse con sibaritismos. Sin embargo, en “El fuego invisible”, el novelista sí hace discurrir la trama jugando con los personajes en el ámbito de un club privado –que existió por el año 2010 en Madrid-, el A de Arzábal.

“David Salas, protagonista junto a Pau, van a tener también esa pincelada de lo culinario y el vino de curiosa etiqueta, Perro Verde (Rueda), que ambienta las conversaciones en mesa y mantel. También he de resaltar que los cuidados en lo referente al asesoramiento correspondió a mi esposa Eva”.

Hablando de programas de televisión –en el proyecto de su espacio “Otros mundos” participan Eva y sus dos hijos- le invito a dar una opinión sobre la avalancha de talent-shows que todos tenemos en mente. “Las televisiones generalistas se han contagiado de las privadas en pugna por las audiencias, olvidándose no digo ya de la calidad (cuestionable) sino de la sustancia; nos ofrecen algo así como una fast food que sabemos que puede acarrear problemas de salud, en este caso peor aún: ¡salud mental!”.

“Extrapolando a la cocina –agrega-, mi espacio se hace a ‘fuego lento’, con reposo y receta meditada; por eso, mi visión de la gastronomía actual como fenómeno de masas larva ese temor de que España pueda ofrecer al exterior la marca de que somos ‘un país de cocineros’”.

“Me explico. El arte de la cocina es efímero y si además el chef no está en los fogones, ese arte desaparece; esa es mi reflexión, que tenemos que dotar todo ello de una permanencia. ¿Cómo? ¿Cuál es la vía? No lo sé en verdad, pero sí considero que es imprescindible una socialización, una escuela que articule esa permanencia de la que hablo…”.

La referencia a Canarias llega con toda la naturalidad, como es lógico. “Desde mi infancia se me antojaba un territorio muy mítico: el Jardín de las Hespérides; yo que era muy forofo de la radio y los congresos fui invitado por Paco Padrón a dar una conferencia en el Puerto de la Cruz -¡con 17 años!-. Frecuenté Tenerife, el Teide, Gran Canaria … supusieron un ‘golpe telúrico’, de tierra viva, de efecto a flor de piel…”.

Ahora le propongo un ejercicio nada convencional. Si una civilización extraterrestre tomara la gastronomía como referencia del planeta, ¿cuál sería su mayor sorpresa? le cuestiono. “La variedad y riqueza absoluta de los nutrientes, así como la capacidad e innovación en el procesado de los alimentos desde hace 100.000 años –la respuesta es categórica-”.

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“Ese procesado ha alcanzado niveles espectaculares gracias a la aplicación de las tecnologías y a una cultura extraterrestre seguro que le maravillaría también la conservación de los alimentos. Lo que pasa es que la cotidianeidad nos hace perder referencias por tan imbricadas que están en lo usual, como el hecho de que la lata de conservas fue un recurso de Napoleón Bonaparte y esencial para sus ejércitos; hoy es tan evidente que no hay expedición, exploraciones, … que no se surtan del conveniente equipamiento alimenticio”.

Gustos muy de tierra adentro. De sus preferencias qué sabemos. El polivalente escritor, un lujo a poco que hunde la charla en vericuetos de la historia, considera que la infancia marca mucho en sabores y texturas. Como buen turolense, disfrutó de recetarios de verduras, legumbres, carnes,… Sin embargo, es reticente con el pescado y lo explica.

“Al margen de ese gusto de ‘tierra adentro’ que deja al producto marino en segundo término, es que hablar con amigos biólogos marinos me ha puesto cada vez más en guardia sobre el alto grado de contaminación que puede llevar impregnado el pescado; que sano será… si fuese sano”. 

“Si pasaran los controles sanitarios como ocurrió con la carne después de la crisis de ‘las vacas locas’, quizá esta circunstancia se detectaría para tranquilidad de los consumidores porque aunque en pequeñísimas proporciones, está claro que la vida marina está amenazada por el plomo, metales pesados, los plásticos, los combustibles… Una amenaza, como digo, que no es baladí”.


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