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Sumisión, de Michel Houellebecq

Michel Houellebecq | IMAGEN DE LA RED

novela

Sumisión, de Michel Houellebecq

El escritor francés relata, con un estilo directo, descarnado, de bienvenida incorrección y sin tabúes, una realidad no real que narra, creando en la mente del lector

atlantiochoy@atlanticohoy.com
| Santa Cruz de Tenerife | 2019-05-15 19:00:00

Francia es el centro de una ruptura inimaginable. La vida en democracia era la alternancia de dos inclinaciones de un solo pensamiento. La democracia como certeza de comodidad, como régimen bien establecido y sin violentos sobresaltos. La socialdemocracia y el conservadurismo, el centro izquierda y centro derecha peleando por el eje central de toda acción: el poder. 

Francia avanza hacia la descomposición de las referencias políticas y religiosas. Sumisión, de Michel Houellebecq, impacta. Presenta los hechos en el contexto de una ficción política. El escritor francés relata, con un estilo directo, descarnado, de bienvenida incorrección y sin tabúes, una realidad no real que narra, creando en la mente del lector, una sorprendente sensación de sobrecogedora premonición o de asombro ante la inverosimilitud de lo contado en tan provocador artificio narrativo.

La novela gira en torno a François, un profesor de literatura de la Universidad de la Soborna. Un personaje profundamente triste que vive sumergido en el aceptado martirio de un universo de soledad. Carácter proclive a la melancolía y a la vaga intelectualización de la realidad, consumidor de pornografía y de prostitución en la que busca un anhelo de contacto más allá de lo carnal. El sexo es solo una distracción sin mayor relevancia, es el mecanicismo del placer y es, de algún modo, el no placer, un concepto de insignificancia casi total a la que entrega su existencia derrotada. La irrelevancia de ser para uno mismo, reducida en una frase que piensa y verbaliza sobre su novia, Myriam: “cada una de sus felaciones habría bastado para justificar la vida de un hombre”.

La llegada al poder de Mohammed Ben Abbes, un islamista convincente y moderado, en las elecciones presidenciales de 2022 y que formará gobierno con el apoyo del centro izquierda y el centro derecha, maniobra política que solo persigue el objetivo de evitar el acceso al poder del Frente Nacional, cambia la vida de François. Lo jubilan y le conceden 3.478 euros de pensión, su novia se marcha a Israel ante el advenimiento de una etapa de profunda convulsión política. Myriam, su novia a la que no termina de amar porque parece que la quiere pero a la vez no la quiere. El desinterés casi abúlico y la distancia emocional hacia el mundo que le rodea, son dos rasgos, tremendamente relevantes, presentes en la personalidad de François. La soledad como un martirio de vida sin fuerza. François es la imagen del hombre hastiado que vive porque no está enfermo y porque nada ha acontecido, lo suficientemente relevante y grave, como para morir. Viaja a Rocamadour buscando un distanciamiento de París, del centro neurálgico en el que se está gestando un traumático cambio en las costumbres occidentales. La compra de la Universidad de la Sorbona por el dinero procedente de las petromonarquías, la islamización de la sociedad a través de la educación, la poligamia, la desaparición de los culos redonditos de las mujeres que caminan por la calle y que configuran el alimento esencial de una fantasía silenciosa, porque empieza a marcar tendencia la moda femenina neutra y sin deseo. François, aburrido, cansado de sí mismo y perdido, reflexiona sobre la posibilidad de abrazar y convertirse al islam. La Sumisión se abre paso. La sumisión es la salvación.

portada de sumisión de Michael Houellebercq

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