Flores comestibles: Curiosidades gastronómicas

Tuvigú

En los últimos años, la cocina ha recurrido a una riqueza, las flores comestibles, que estaba ahí pero que anteriormente se usaba de forma restringida y prácticamente como decoración y no para aportar matices gustativos a los platos. Dicho uso en la restauración es inimaginable pero sí existen observaciones y advertencias acerca de la manipulación para el consumo humano.

La experta Laura López comenta que “las flores comestibles cambian el plato pero también el ánimo y el espíritu” y hace hincapié en que “no todas son comestibles y algunas son muy tóxicas”. Cada vez existe más información documentada así como en la red sobre el uso de variedades, pero, no obstante, aunque una flor sea comestible puede que no toda lo sea.

Así, por ejemplo, los estambres y pistilos de muchas flores suelen provocar reacción; en los tulipanes las reacciones alérgicas son muy fuertes. La recomendación es muy clara: ¡si no la conoces, no la comas!

Hay que utilizar sólo flores de las que se conozca su origen y que su producción sea ecológica. Erradicar las provenientes de floristería o vivero y sólo admitir las certificadas como ecológicas, pues no serán aptas para el consumo y es que muy probablemente han recibido algún tratamiento y éste puede ser dañino para nuestra salud.

No lavar las flores es mucho mejor para la durabilidad de la flor y para la conservación de aromas y sabores. Se trata de órganos muy frágiles por lo que al ponerse en contacto con el agua se van a degradar. Es más, al poner las flores en contacto con el agua quedará un mayor grado de humedad en la misma que hará que se enmohezcan más fácilmente.

Es vital informarse acerca de qué partes de la flor son comestibles. No todas se consumen al completo. El consumo debe realizarse con precaución debido a que el polen puede causar reacciones de alergia en el consumidor. Que una flor sea comestible no quiere decir que siempre vaya a gustar su sabor, se debe probar antes de colocarla en el plato.

Por otro lado, siempre que sea posible y principalmente en flores grandes, hay que eliminar los estambres o pistilos de la flor, en general van a tener un sabor amargo desagradable y pueden provocar reacciones alérgicas.

Si bien muchas de las flores hortícolas y de plantas medicinales son comestibles no es una regla estricta a seguir. Por ejemplo, las flores de las solanáceas (tomate, pimiento, guindillas…) son tóxicas. La temperatura óptima de conservación oscila entre los 5 y 10 grados centígrados.

Las flores suelen ser muy delicadas, a temperaturas muy bajas se queman y por encima puede que se reduzca su durabilidad. Lo mejor para mantenerlas es su propio envase. Un paño o servilleta ayudará a que éstas se alarguen en el tiempo.

Hay que asegurarse de identificar bien la flor y de consumirla adecuadamente. Siempre, en caso de duda, mejor no comerla: esta es la regla de oro.

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