Felipe: adiós sin saberlo

Felipe Miñámbres Fernández (León, 1965) disputó su último partido como jugador del Tenerife el 21 de marzo de 1999. Esa tarde también dijo adiós al fútbol profesional. Lo hizo, sin él saberlo, en el vestuario del Heliodoro y en el descanso de un partido ante el Villarreal, cuando Carlos Aimar, entrenador blanquiazul, ordenó su sustitución por Slavisa Jokanovic. Triste forma de irse de uno de los mejores futbolistas que ha tenido la entidad a lo largo de su historia. Mes y medio después estaba en la banda de ese mismo escenario, esta vez como entrenador y en compañía de Valentín Jorge, 'Robi', en un desesperado intento de lograr la permanencia de un equipo que ya estaba condenado al descenso.

Atrás quedaban 357 partidos oficiales y cuarenta goles en diez temporadas como blanquiazul, siempre en Primera División. Único jugador que protagonizó de principio a fin la década prodigiosa del Tenerife en la élite, Felipe tiene el récord de partidos disputados como blanquiazul en la máxima categoría (310). Al irse, también dejó atrás 15 encuentros y cinco goles en la Copa de la UEFA, donde firmó actuaciones memorables y tantos inolvidables. El remate cruzado en el Abbé Deschamps ante el Auxerre o el zapatazo desde treinta metros en el Karaiskakis frente al Olympiakos sólo son dos ejemplos que, por sí solos, deberían haberle facilitado una despedida mucho más emotiva.

Discutido al principio de su etapa blanquiazul por su elevado coste y su nulo acierto ante la portería, también fue cuestionado en su último ejercicio al atribuírsele, sin prueba alguna, un peso excesivo en el vestuario. Pero en medio fue muy respetado. Y a veces, querido e idolatrado. Convertido en capitán y símbolo, durante meses y meses, mientras se echaba el equipo a la espalda, el Heliodoro reclamó su internacionalidad al técnico de 'la Roja': “Clemente, cabrón; Felipe selección”. El premio llegó con su convocatoria para el Mundial de Estados Unidos 94, donde jugó dos partidos y ante Bolivia forzó un penalti, una de las especialidades de la casa. Un lustro después se retiraba del fútbol en silencio.

Fue tras un empate (2-2) ante el Villarreal y ante sólo 16.000 espectadores, que recibieron al colegiado, García-Aranda, con pañuelos negros y bolsas de basura de idéntico color en protesta por anteriores arbitrajes. Esa tarde, Aimar alineó a: Navarro Montoya; Dani, Llorente, Lussenhoff, Alexis Suárez; Chano, Emerson, Slovak (Domingos, 71’), Felipe (Jokanovic, 45’); Juanele (Basavilbaso, 82’) y Makaay. Antes del descanso, Makaay adelantó a los locales... y en el intermedio Aimar prescindió de Felipe, el mediapunta, para jugar con un doble pivote. El giro conservador no funcionó, aunque no sólo fue culpa del entrenador.

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Felipe Miñambres, tras ser sustituido el día de su adiós

Así, en la segunda mitad empataría el veterano Roberto Fernández, Llorente adelantaría a los locales, García Aranda se comería un penalti por agarrón a Lussenhoff y, a falta de dos minutos, señalaría una dudosa pena máxima por derribo de Dani a Alberto que Alfaro convirtió en el 2-2 final. García Aranda volvió a ser despedido con pañuelos negros y Felipe no volvió a jugar al fútbol. Ese día nadie supo que iba a ser su último partido.