“En las murgas los votos deberían ser a viva voz, en directo, y de los propios grupos”

Alexis Hernández lleva más de 25 años haciendo periodismo alrededor del Carnaval. Ha pasado por medios tan importantes como Radio Club Tenerife y actualmente es uno de los hombres fuertes de la Televisión Autonómica, entre otros frentes informativos. Afirma que buena parte de la solidez de su carrera profesional se lo debe a las mismas fiestas del inverno chicharreras. Para el siempre polémico concurso de murgas aboga por un cambio radical en el modelo de votación…

- ¿Cómo llegó al periodismo?
- De rebote. Siendo niño fui, en representación de mi colegio, invitado a un programa de Radio Nacional que se llamaba Cosas de chicos y me gustó aquello de los estudios, micrófonos, hablar… Siempre había sido oyente de radio desde muy pequeño y mi primer contacto con ella, la radio, fue para enamorarme. Años más tarde y como novelería, acompañé a un amigo a unas pruebas para convertirse en DJ de Los 40 Principales y resultó que me eligieron a mí y no a él. A partir de ese momento, empezó mi formación dentro y fuera de las “trincheras”. Las radio fórmulas de 40, Cadena Dial (fui la primera voz canaria que se oyó en el estreno de la emisora en las islas) y Radio Minuto, música y noticias,  se fueron diluyendo poco a poco en beneficio de los servicios informativos y los magacines de contenidos culturales y de entretenimiento. De la radio a la televisión y a día de hoy combino ambos medios colaborando con algún diario. La comunicación, la información y el periodismo, cada día me gusta más.

- Desde fuera pudiera parecer muchas veces que es una profesión idílica, ¿usted qué opina?
- La serie de televisión Lou Grant, marcó a toda una generación. ¿Quién no querría ser periodista de investigación después de ver un capítulo? Y como digo periodismo escrito, también digo locutor radiofónico o presentador de televisión. En algunos casos, el comunicador, el periodista llegaba a ser más importante que lo que contaba. Si lo dice fulano en la radio, si lo dice mengano en la televisión, si lo publica ciclano en el periódico, entonces es verdad. Muchos nos hicimos a la idea de que el mundo podía depender del buen periodismo y que, contra viento y marea, el periodista tenía un deber profesional y moral de casi certificar la verdad siendo además portavoz de la misma. De ahí al trabajo diario, hay una gran diferencia. Cierto que hay compromiso con la verdad o debería haberlo pero todo el glamur aparente se disuelve en turnos, noticias de andar por casa, discusiones contractuales y escasos medios para contar una verdad que ni por asomo trascenderá en la mayoría de las ocasiones. El trabajo diario tiene mucho más que ver con un aspecto productivo que con la literatura maravillosa que proponen las series de televisión, sobre todo, norteamericanas. 

"Una de las peores cosas del periodismo es la democratización indiscriminada, a veces de la idiotez y mediocridad, que lleva consigo la implantación de un modelo fundamentado en redes sociales"

- ¿Qué es lo mejor de ser periodista? ¿Y lo peor?
- Lo mejor, saber de todo, aprender de todo, investigar todo, profundizar en los detalles. Eso me encanta, conocer y conocer para contar y contar con la capacidad de síntesis que haga digestivo y atractivo cualquier contenido. No se me ocurre otra profesión que te permita tener carta blanca para llamar, preguntar, presenciar, contar historias o interpretar para el gran público. Cualquier historia tiene infinidad de detalles escondidos que me encanta descubrir. En los detalles está la esencia, lo mejor. Entender es posible cuando se conoce, y lo que se conoce, se acaba queriendo. Siendo periodista, te puedes enamorar de las historias y de sus protagonistas.
¿Lo peor?, tal vez la precariedad a veces de medios y las limitaciones que ello conlleva. Pero sobre todo, que los advenedizos y recién llegados no sepan ni quieran aprovechar la experiencia de los veteranos, el desprecio en ocasiones de los directivos de los medios hacia los que han dejado media vida en el día a día. La democratización indiscriminada, a veces de la idiotez y mediocridad, que lleva consigo la implantación de un modelo fundamentado en redes sociales donde parece que cualquiera puede ser, decir y contar convirtiéndolos aparentemente en comunicadores  y periodistas. Los que nos dedicamos a esto, a veces, tenemos que demostrar la diferencia entre lo profesional y lo amateur y también uno se aburre de esas competiciones absurdas. El criterio económico, las modas y las caras de moda, no deberían primar en el periodismo. Sin embargo, el tiempo pone cada cosa en su sitio, y cuando de verdad hay una historia que contar con rigor y solvencia, se recurre a los de verdad. Oportunidades para todos los que lo merezcan pero sin despreciar a los que contamos historias desde hace tiempo. Todos merecemos oportunidades y me consta que hay nuevas generaciones de grandes profesionales pero no todo el mundo sirve para hablar, escribir, locutar y presentar. Un poco más de exigencia de mínimos para los directivos de los medios, nos vendría bien a todos. Un loro no se preocupa de lo que dice, porque no cuenta nada.

- ¿Cuáles son sus ocupaciones actuales?
- En la actualidad soy locutor-presentador de Televisión Canaria, tanto para actos que se transmiten en directo (Carnaval, Semana Santa, Navidad, Romerías, Ceremonias, etc.) como programas que he producido y presentado como Parranda Canaria, Viva Santa Cruz, Viva Canarias, El Club de los Talentos y La cuadra del palmero. Dirijo, realizo y presento dos programas en Canarias Radio, uno de contenido cultural (Canarias mi mundo) y otro musical (Viva mi gente) pero siempre vinculados a la identidad canaria en todos sus aspectos, no solo los más populares y folclóricos. Lo hago a través de entrevistas y elaboración de formatos magazine.

"El periodismo no es patrimonio de nadie, pero sí debe estar en manos de quien lo ejerce con profesionalidad. Todo lo demás, es otra cosa, no periodismo"

- Alexis Hernández es un hombre versátil, prensa, radio, televisión. ¿Con qué se queda?
- Me quedo con los tres, con la comunicación. Escribir supone un reto porque nunca fue mi medio natural, eso me gusta porque me obliga a expresar por escrito correctamente, o intentarlo, lo que quiero contar y hacerlo entretenido. Contar por escrito no es tan fácil como parece y no tiene vuelta atrás cuando se publica. Cuando se escribe no hay muletillas ni recursos donde refugiarse, ni imagen ni sonidos que apoyen lo que cuentas. Además, lo escrito queda en la hemeroteca y eso impone, por lo menos a mí. Ha sido mi último gran descubrimiento y desde entonces, admiro especialmente a los periodistas de prensa escrita más todavía. Tengo pocas colaboraciones pero me encanta.

La televisión por su parte, me divierte pero me obliga a poner los 5 sentidos en cada transmisión. Hay mucha tensión y muchos estímulos simultáneamente. Confieso que esa presión no es para todo el mundo, sin embargo, yo me siento más relajado cada vez y más seguro. Siento los pies en la tierra y todo lo tenso lo interiorizo y lo controlo con una calma que hasta a mí me sorprende. Supongo que eso es señal de que me llevo bien con ese medio.

La radio por su parte, me enamora. Jugar con la imaginación de los oyentes es un lujo que solo está al alcance unos pocos. También hay tensión en los directos pero nada que ver con la televisión. Tu imaginación también tiene que estar al cien por cien para poder “ver” para todos a través de las palabras. Ofrecer vista cuando solo tienes voz es uno de los retos más bonitos a los que profesionalmente puedes enfrentarte. Me encanta, sobre todo, cuando estás inspirado y sale bien. Cada transmisión, cada historia, cada acto, es un reto, por lo menos para mí. Si tuviera que elegir, seguramente me quedaría con la radio porque la puedes tener tan cerca como quieras y porque la puedes llevar en la mano. Es cercana e inmediata. Puede ser la más fiel compañera.

- Se ha terminado por convertir en una de las grandes voces del Carnaval...
- Tuve la suerte de ‘criarme’ profesionalmente en la SER con, para mí, los mejores: Paco Padrón, Juan Ramón Hernández, Antonio Pérez Arnay, Jaime Ojeda, Miguel Rodríguez, Teresa Alfonso, Carmelo Rivero, Juan Carlos Mateu, Jose Antonio Pérez, Pilar Socorro, Willy García, Juan Luis Calero, Puchi Méndez, Zenaido Hernández… En otras emisoras podía aprender de otros grandes como Jose Carlos Marrero, César Fernández Trujillo, Fabri Díaz, Jose Antonio Pardellas… y alguno más que me dejo seguro… Periodísticamente hablando eran y son, los que siguen con nosotros, la crème de la crème.

Si eso lo combinas con mi experiencia vital como integrante de los grupos del carnaval, se juntó el hambre con las ganas de comer. Todo encajaba y encaja. Desde Radio Club Tenerife empecé con Noches de Carnaval y de ahí a contar todo en Canal 7 del Atlántico. Tuve la suerte de ser la primera “cara” que llevó la imagen del carnaval a los hogares más allá de Coso y Gala. Nos metimos en los locales y contamos los bailes en directo. Fue llegar y besar el santo. Desde entonces, no he dejado de hacerlo. En los 90 primero en Radio Club, luego Canal 7 y finalmente en Televisión Canaria. Después de más de 25 años haciéndolo, es normal que sobre todo mi voz, se asocie al Carnaval. Si eso es poco, fui el presentador de los primeros programas de carnaval de Canal 7 y Televisión Canaria. El poder de la imagen es asombroso. Y a mí me cambió la vida. En realidad, directa o indirectamente, al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, se lo debo todo.

- ¿Qué valoración hace del pasado reciente concurso de murgas? ¿Cree usted que es un certamen justo? ¿Cambiaría algo?
- Desde hace unos 12 años llevo insistiendo en que las mismas murgas son las que deben ser el jurado. Si no es así, no vale quejarse de lo que decida el jurado. Esa es la regla del juego: si juegas, tienes que aceptarlo. Yo plantearía el certamen como Eurovisión y así creo que no habría más discusión. Votaciones a viva voz, en directo, con pantalla incluida para que todos viéramos cómo se manifiesta cada murga sobre las demás y reparten puntos. Más allá de eso, creo que intentaría incentivar la competición con una final a siete y que se celebrara el sábado tal cual pasó en 2017. Así y todo, creo que hemos tenido una final impresionante, aun con notables ausencias.

- ¿Usted sale a vivir el carnaval en la calle?
- No. Lo hice hasta el año 2002. A partir de ahí, entre el trabajo que me supone el carnaval, la familia, y la edad (sonrío), no me deja mucho hueco para el disfraz y la fiesta nocturna. Me encanta el carnaval y lo disfruté como nadie amaneciendo cada vez que podía pero ahora lo disfruto como espectador y más preocupado de contarlo que de experimentarlo en primera persona. También ahora lo vivo, pero de otra manera. Y curiosamente, es ahora cuando más enamorado estoy de él.

- ¿Siente que los medios de comunicación forman parte del llamado 'Cuarto poder'?

- Sí. Indiscutiblemente. Cada vez es más importante lo que se dice, independientemente de dónde se diga. Ser “algo” no es suficiente. Hay que aparentarlo y el mundo debe saberlo. Lo que no está en los medios no existe. Eso es bueno y malo porque una vez se crea o se tiene una reputación, es casi imposible modificarla. Por eso la responsabilidad de los profesionales de verdad. Cuando se tiene un micrófono abierto, una cámara grabando o una rotativa esperando un texto, hay que pensar que lo que se diga y se cuente, tiene unas consecuencias y siempre sin marcha atrás. Quien se atreve a mentir, tergiversar o dejarse influenciar por poderes fácticos, debe saber que quema sus naves. De igual manera, no debería hacerse política, economía o justicia desde los medios, no es nuestra función, pero influenciar e inclinar balanzas, a veces algunos medios lo hacen. No sé si es exactamente el cuarto, pero eso también es una forma de poder.  

 – ¿Qué papel cree que juegan actualmente las redes sociales en el mundo de la comunicación?
- El mundo de la información se mueve a velocidad de vértigo y se han disparado las posibilidades de mantenerse informado y de informar. Eso supone también un incremento en nuevos empleos y profesiones que hasta ahora eran impensables. La inmediatez es absoluta. La parte negativa es que todo muere informativamente hablando, también a la misma velocidad. Nos dedicamos muchas veces a pasar de puntillas sobre la información y en ocasiones ni a hacer seguimiento de la evolución de la noticia. Eso no es bueno. No podemos dejar la información solo en manos de los titulares. 

La información y la desinformación tienen las mismas posibilidades. Eso es peligroso porque unido a la democratización de la idiotez que gratuitamente ofrecen las redes sociales, se alían los descerebrados que juegan a periodistas amparándose en el derecho a opinar sin contrastar datos y con una patente de corso otorgada milagrosamente por la tecnología. Cuidado con lo que se publica en las redes  y sobre todo cuidado con lo que nos creemos. Aprendamos a distinguir entre lo serio, riguroso e informativamente contrastado y las opiniones de los influencers, haters, y demás fauna digital que, sin responsabilidad alguna, expresan opiniones. Eso, periodísticamente, no tiene ningún valor, aunque estén avalados por portales de seudoprensa digitales o perfiles personales que no tienen en cuenta que el contenido, es lo que importa. El periodismo no es patrimonio de nadie, pero sí debe estar en manos de quien lo ejerce con profesionalidad. Todo lo demás, es otra cosa, no periodismo.