Emerson o la huida hacia adelante

El Tenerife se gastó todo lo que tenía y bastante de lo que no tenía en el verano de 1997 “para construir un equipo campeón” después de haber alcanzado apenas un par de meses antes las semifinales de la Copa de la UEFA. “Queremos títulos, no beneficios”, gritó Javier Pérez y Pérez, el presidente de la entidad, al inicio de un curso en el que se fijó la clasificación para la Copa de la UEFA como “objetivo mínimo”. 

Para alcanzar las metas propuestas, el club se gastó más de mil quinientos millones de pesetas en los holandeses Makaay y Vierklau. Y más de mil doscientos 'kilos' en el portugués Domingos Paciencia. Y casi mil en el brasileño André Luiz. Y sus buenos cientos en el eslovaco Samuel Slovak. Además, contrató como entrenador a Víctor Fernández, uno de los técnicos con más caché del fútbol español. 

La temporada invitaba a soñar, pero fue un absoluto despropósito. En octubre, el Tenerife fue eliminado de la Copa del Rey por la UD Las Palmas, entonces en Segunda División. En noviembre, el presidente destituyó al entrenador en los vestuarios del Heliodoro tras una derrota ante el Celta. Y en diciembre, el equipo cayó en la zona de descenso. Y todo ello, tras contratar a precio de oro –por dos temporadas, a razón de un millón de dólares anuales– a un nuevo técnico, el portugués Artur Jorge. 

Estaba claro: el dinero no daba la felicidad a un equipo que llegó a la apertura del mercado de invierno tras haber sumado un triunfo en sus últimos dieciséis partidos oficiales. Así que el 11 de enero de 1998, tras caer derrotado (1-0) en Riazor ante el Deportivo y ocupar el penúltimo puesto de la clasificación, la entidad optó por emprender una huida hacia adelante.

En una situación dramática, a dos puntos de la opción de la promoción y a tres de la permanencia directa, el Tenerife cerró el fichaje del brasileño Emerson Moisés, del Middlesbrough inglés, por más de mil millones de pesetas. Mediocentro con más físico que criterio, había triunfado en el Oporto años atrás y fue una petición expresa de Artur Jorge en una época en la que el Tenerife contaba con Jokanovic o Vivar Dorado para esa posición... pero no tenía secretario técnico. 

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Emerson celebra la permanencia al término de la liga 97/98

Eso sí, la entidad blanquiazul contaba con un representante de cabecera, Vinicio Fioranelli, con una amplia cartera de futbolistas y una excelente relación con Javier Pérez, quien además de presidente era consejero delegado con plenos poderes en el CD Tenerife SAD. Al final, Emerson firmó su contrato, por cuatro temporadas, en la cafetería del aeropuerto de Los Rodeos antes de partir hacia Londres para recoger sus pertenencias.  

Debutó con triunfo (5-1) ante el Compostela y su presencia –unida a la posterior llegada de Juan Manuel Lillo a la dirección técnica– ayudó al Tenerife a lograr una agónica permanencia al término de ese curso, sellada con una victoria (3-2) ante el Valencia en el Heliodoro en la última jornada del campeonato. Sin embargo, un año después, el Tenerife descendió a Segunda División. Empeñado en huir siempre hacia adelante, lo hizo sin dinero y repleto de unas deudas que, casi dos décadas después, aún continúa pagando.